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Versión libre del clásico de Dumas

Sábado 15 de agosto de 2015
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LA NACION
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Los tres mosqueteros / Autor: versión sumamente libre de Héctor Presa de la novela de Alexandre Dumas / Dirección y escenografía: Héctor Presa / Intérpretes: Héctor Presa, Luli Romano Lastra, Guillermina Calicchio y Adan Colaciatti / Música: Ángel Mahler / Vestuario: Lali Lastra / Teatro: La Galera, Humboldt 1591 / Funciones: sábados, a las 17.30.

Nuestra Opinión: Muy Buena

¿Cómo tres, si los mosqueteros fueron cuatro? Athos, Portos, Aramis? y D'Artagnan. Todo comienza con un malentendido. Y no será el único. Una compañía de trovadores se prepara para representar la historia escrita por Alexandre Dumas. Uno de ellos, Hildeberto, toma todo con la lógica estricta de los chicos, al pie de la letra. Y si los mosqueteros eran cuatro?

Héctor Presa retoma el texto de Dumas para montar una puesta en escena hilarante al frente del grupo La Galera Encantada. El mismo Presa asume a partir del rol de Hildeberto la interpretación de varios personajes en el teatro dentro del teatro, entre ellos, al mosquetero Portos y al malvado cardenal Richelieu. Y entre escena y escena de la historia por representar aparece siempre Hildeberto en una especie de backstage a la vista con comentarios que desarman a sus compañeros con más eficacia que una espada de mosquetero.

Hacía tiempo que no se lo veía en escena a Presa con su histriónica versatilidad para sacar máximo provecho de cada pie que le ofrece el texto. Los gags se suceden con el ritmo imparable de una sitcom en vivo. A medida que se aceleran los acontecimientos de la aventura de los mosqueteros parece tomar velocidad el toma y daca de las estocadas humorísticas. Presa cuenta para ello con el eficaz apoyo de un elenco parejo -Luli Romano Lastra, Guillermina Calicchio y Adan Colaciatti-, que ataja, responde y devuelve la pelota para que Presa siga jugando. Ellos cumplen cabalmente con el lema de los personajes: uno para todos y, sobre todo, todos para uno.

Los tres mosqueteros apela a un público difícil. No porque no adhiriera a la propuesta, sino porque no suele acudir al teatro. Son los chicos de ocho a diez u once años, que son especialistas en jugar con las palabras, en extremar la literalidad hasta el absurdo, en burlarse de todo, en reírse incluso de sus propios chistes.

También estallan en carcajadas los más chicos -y los adultos que los acompañan-, pero es esa franja de los que dominan el patio del recreo de la primaria la que mejor se puede identificar con el humor de la obra. Son ellos los que además distinguirán con la misma velocidad de la propuesta escénica entre la línea de fondo de la trama de Dumas, con sus saltos de escenario delineados un tanto etéreamente, y el primer plano de la (ficticia) compañía de actores que intenta contar una historia. Sus contratiempos en cumplir este cometido son justamente la gran historia que cuenta La Galera Encantada. De alguna manera, con un fracaso, millonarios de la risa.

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