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El fin del boom: la clase media china descubre la crisis y sufre

La desaceleración golpea a trabajadores urbanos y a los estudiantes

Domingo 30 de agosto de 2015
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PEKÍN.- La crisis de la Bolsa "está destruyendo a la clase media de nuestro país", decía a mediados de semana un desesperado ahorrista chino, tras ver desaparecer el puñado de yuanes que confió ciegamente al mercado de valores. Pero es mucho más que eso lo que está dañando a la clase media china: antes del crash bursátil, la economía del país ya enviaba señales de que las cosas no serían las mismas para los cientos de millones de trabajadores que vivieron décadas de un ascenso social sin descanso.

A principios de mes, el Banco Central devaluó fuertemente la moneda. Pekín le indicaba así al mundo la preocupación por la tasa de crecimiento, elevada para cualquier estándar internacional, pero no para las necesidades del país. Después llegó el derrumbe de la Bolsa.

Si la caída bursátil afectó a millones y millones de pequeños inversores, la incertidumbre por el mercado laboral y el alza del costo de vida inquietan a los jóvenes chinos, que ya no ven sus carreras como el camino a la gloria. Las fábricas han recortado millones de puestos de trabajo, lo que amenaza con inflamar las tensiones sociales en momentos en que los flamantes graduados ven que sus oportunidades comienzan a escasear.

Y si bien al mismo tiempo crecen también nuevas industrias, como el comercio por Internet, son sectores aún demasiado pequeños para reemplazar las pérdidas laborales en los negocios tradicionales. Con todo, el desbarranco bursátil fue no sólo el más reciente, sino el más estridente de los males que acechan a los números chinos. Desde mediados de 2014, el Índice Compuesto de Shanghai creció el 150%, una bonanza derivada de un tenaz intento del gobierno de impulsar la economía. Y la caída, tras alcanzar esas cimas, fue tan dura que no dejó a nadie bien parado.

"Tuve pérdidas de 35.000 yuanes [5500 dólares]", dijo, por caso, Geng Qiang, un joven de 29 años que reside en la ciudad de Changzhou. "Tenía muchas ganas de comprar un auto, pero ya no puedo. Debo volver a ahorrar para comprarlo más adelante."

El malestar se hizo también evidente en las redes sociales. "Perdí una cuarta parte del dinero que invertí en la Bolsa", escribió un usuario de Weibo, el Twitter de China. Otro cibernauta dijo: "En dos meses, el mercado accionario de China cayó 37% y se llevó todos mis ahorros de más de una década... Ésta es una especialidad de China".

Al tiempo que se flexibilizaron las políticas de préstamo para comprar acciones, hubo un cubrimiento mediático positivo, lo que ilusionó a millones de chinos que confiaron en que era el momento ideal para invertir y multiplicar sus apuestas.

Taxistas, electricistas y jóvenes estudiantes, que ni siquiera se habían graduado del bachillerato, se lanzaron a invertir en la Bolsa. Según la agencia Bloomberg, entre junio de 2014 y mayo de 2015 se abrieron 40 millones de cuentas en el mercado accionario.

"La primera vez que invertí en la Bolsa fue en marzo de este año, cuando compré 30.000 yuanes [4600 dólares] en acciones de una compañía de televisión a través de una aplicación móvil", dijo Geng, que refleja el típico caso de un inversor nuevo que se aventuró a la Bolsa cuando estaba en el pico. "Lo hice porque todos mis amigos lo estaban haciendo."

Lo que no anticipó Geng, ni los otros 70 a 90 millones de chinos que invirtieron en el último año -más personas que las que pertenecen al Partido Comunista-, era que se estaba formando una burbuja especulativa que pronto iba a reventar. El derrumbe comenzó el 12 de junio, cuando los números cayeron en picada y las principales bolsas perdieron cerca de tres billones de dólares en capitalización de mercado. El pánico se apoderó de los inversionistas, muchos de los cuales habían vendido sus propiedades o utilizado los ahorros de toda su vida para comprar acciones.

En gran casino

"Hay que entender que el mercado bursátil de China no funciona como el occidental", dijo Matthieu David-Experton, director ejecutivo de Daxue Consulting, consultora con sede en China. "En China es como un casino. La gente no invierte luego de estudiar sus opciones de forma juiciosa, sino según lo que ven que sube, o lo que les dicen sus amigos. Lo que pasa en las bolsas no es un reflejo de lo que está sucediendo en la economía real."

Después del desplome de los mercados a mediados de junio, el gobierno lanzó una batería de recursos para detener la caída de las acciones y devolverles la confianza a los inversionistas. A pesar de que la volatilidad de las bolsas se normalizó durante unas semanas, el lunes pasado el Índice Compuesto de Shanghai volvió a tener una caída significativa del 8,5%, el peor hundimiento registrado en un solo día desde febrero de 2007. Y el martes hubo otro desplome del 7,63%.

La economía real, con todo, no cae, pero tampoco avanza lo necesario. Se ralentiza, y con ella se desaceleran también las expectativas. "La dificultad de encontrar un empleo en 2015 es relativamente alta", dijo el director de carreras del Ministerio de Educación, Zjhang Feng, en el sitio web de las institución. Y agregó que las tasas de crecimiento de la economía central y de las economías locales entraron en un "nuevo nivel normal".

La "nueva normalidad" tiene que ver con cancelar las vacaciones, demorar los casamientos y aún vender departamentos recién adquiridos para hacerse de efectivo. Jóvenes y adultos se preocupan por el declive de la calidad de vida, por no poder tener la suficiente libertad económica, porque nunca van a poder iniciar sus propias empresas.

Algunos encuentran que, después de todo, seguirán apostando a la Bolsa. Mei Xiangshing, uno de los millones de ahorristas que dejaron sus yuanes a merced de la montaña rusa de la Bolsa, dijo que a pesar de las caídas seguiría comprando acciones en el futuro. Trabaja en la Administración de Industria y Comercio de Chongqing y lleva alrededor de ocho años "jugando" en el mercado de valores.

A pesar de la mala racha, tiene el dinero suficiente para invertir en la Bolsa sin que la volatilidad afecte su vida diaria. Muchos otros, como un usuario de la red social We Chat que cambió su empleo público por una empresa privada, ahora están en problemas por los despidos en marcha o en ciernes. Si arriesgan su dinero en la Bolsa, ya no es para jugar sino para vivir.

Quizá Mei Xiangshing está de acuerdo con lo que escribió el Diario del Pueblo, un periódico del Partido Comunista, después del "lunes negro". Allí decía que "la economía puede mantener un crecimiento estable y suministrar fundamentos sólidos para el sano desarrollo de los mercados de capitales".

Sin embargo, para los que no escriben en el Diario del Pueblo, la situación, en vez de mejorar, parece caer más y más cada día.

"El mercado accionario de China no es maduro", escribió un usuario de Weibo, que pareció aprender la lección. "Las personas comunes y corrientes se aventuraron con su dinero, fruto del trabajo duro. No se cuelen en la fila para llegar primeros a la azotea, si luego van a saltar al vacío."

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Foto: AFP / The New York Times
Foto: AFP / The New York Times
Foto: AFP / The New York Times

Las señales de la crisis son más que evidentes en las ciudades, como el inmenso edificio de departamentos congelado por falta de fondos en Weifagn, uno de tantos, la pronunciada caída de ventas de pequeños lujos como los relojes Swatch, o los desempleados que bucean las ofertas de trabajo de una fábrica en Guangzhou

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