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Maratón de Lectura: lo que se aprende de chico queda para siempre

Hubo juegos y actividades en el zoológico de Buenos Aires y participaron en todo el país más de 15.000 escuelas

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LA NACION
Sábado 19 de septiembre de 2015
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Cerca de las 9 de la mañana de ayer, las puertas del zoológico de Buenos Aires se abrieron para que 750 chicos de distintas escuelas ocuparan el lugar con sus libros. Hace 13 años que la Fundación Leer se encarga de organizar la Maratón Nacional de Lectura, con la cual se busca incentivar en niños y jóvenes el hábito de leer. En esta ocasión, los números fueron mucho más altos que los del año anterior: "Estamos en 200 localidades más que el año pasado, por ende hoy se está leyendo en 3960 lugares del país. Hay aproximadamente 4.500.000 chicos participando de esta maratón y alrededor de 15.400 escuelas", explicó Patricia Mejalelaty, directora ejecutiva de la Fundación Leer.

Luego de una pequeña presentación a cargo del conductor Fernando Bravo, los alumnos de la Escuela N°2 de Palermo se llevaron toda la atención al momento de cantar el Himno Nacional porque no sólo cantaban, sino que también lo interpretaron en lenguajes de señas. Todos los presentes los ovacionaron con aplausos. La diversión llegó de la mano de la banda Rock & Walsh y del espectáculo de tap Twins Tap Dance. Entonces llegó el momento de las postas de lectura, en las que los chicos se dividían en grupos ubicados en todo el zoo para escuchar cuentos. El grupo 1 se llevó una gran sorpresa cuando apareció el historietista Nik junto a Gaturro para hablar y dibujar un rato junto con ellos. "Me encanta ser un referente de lectura de los chicos, siempre los incentivo a mezclar el dibujo con el texto porque es una forma divertida de aprender a leer y escribir", contó Nik a LA NACION.

Dicen que lo que se enseña de chico a uno le queda grabado para siempre; y la imagen de tantos chicos sentados escuchando cuentos y leyendo los libros que recibieron de regalo, es un buen augurio para el futuro. "Mi libro es mejor que el tuyo", le decía María a su compañerita Jimena. "No Mari, no sabés si es mejor o peor. Podés leer el tuyo y después intercambiás con Jime, y deciden cuál les gustó más", le explicaba la voluntaria de la Fundación. "Buenísimo, hagamos eso. A mí me encanta leer, así que seguro termino antes que vos", le replicó Jime.

El escenario al aire libre era perfecto, donde podían observar a grandes animales; pero lo más lindo de ver era que ninguno soltaba su libro, los abrazaban como a un peluche. "Nos encanta leer", gritó un grupo de una de las postas. Sólo queda decir: ojalá ese amor por los libros sea eterno.

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