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Coworking: trabajar en comunidad

El coworking cumple diez años. En Argentina hay 60 espacios, que abren sus puertas del 5 al 9 de octubre

Viernes 25 de septiembre de 2015 • 11:43
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Foto: Brando

Por Marcela Basch (@marbasch) | Especial para ConexiónBrando

Podés tener un empleo, que te va a contener con una estructura y una comunidad, o trabajar freelance, y tener libertad e independencia, a solas. ¿No?

No. Brad Neuberg, un desarrollador de software radicado en San Francisco, buscó la tercera vía: una manera de trabajar independiente, pero rodeado de otra gente con la que compartir ideas y también gastos. Consiguió que un centro comunitario le prestara un espacio, puso unos caballetes como mesas y empezó a buscar almas afines que quisieran compartirlo. En agosto de 2005 abrió el lugar y lo llamó "coworking".

Una década después, se calcula que hay en el mundo unos tres mil espacios de coworking donde emprendedores, independientes y pequeñas empresas trabajan juntos, cada uno en lo suyo pero beneficiándose de la interacción con los demás. Ese intercambio es la diferencia con las tradicionales oficinas de alquiler, que se planteaban como un servicio corporativo más que como una comunidad.

En Argentina hoy hay al menos 60 coworkings, de Tucumán a Mar del Plata y del microcentro porteño a Mendoza, con tarifas que arrancan en 1000 pesos por mes y suben a medida que suman servicios. Los pioneros fueron AreaTres y Urban Station, que abrieron en 2009 en Palermo. El concepto explotó en 2014, con un total de 38 espacios en todo el país, de la mano del emprendedor como figura aspiracional.

Por primera vez en Argentina, del 5 al 9 de octubre se celebra la Semana del Coworking, con un centenar de actividades. Espacios de todo el país invitan a conocerlos en días de puertas abiertas. Además hay desayunos compartidos, talleres para emprendedores, capacitaciones, charlas, after office y muchos encuentros de networking: el viejo arte de formar una red de relaciones.

El anti cubículo

La palabra coworking había sido usada antes por el programador Brian DeKoven como "el fenómeno de trabajar juntos como iguales" en los equipos colaborativos remotos que diseñan videojuegos. Lo de "iguales" no suele verse en las oficinas corporativas, donde cada empleado ocupa un lugar que condice con su posición. En los espacios compartidos, en cambio, las relaciones fluyen sin ataduras jerárquicas, y suelen generar una sinergia que lleva a buenas ideas, colaboración, energía positiva y -muchas veces- buenos negocios. Si un emprendedor necesita a un diseñador para avanzar con su proyecto, y tiene a uno de confianza del otro lado de la mesa, ¿qué mejor?

Según un estudio del Observatorio de Emprendedores del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el "networking" es el beneficio de los coworkings más destacado por sus propios administradores. Le siguen la "posibilidad de nuevos negocios", la "capacitación", la "generación de nuevos clientes" y el "mentoreo", adecuado a los espacios que funcionan también como incubadoras de proyectos.

El mismo estudio asegura que los 22 coworkings porteños suman más de 1100 puestos de trabajo distribuidos en unos 7000 metros cuadrados, de San Telmo y Parque Patricios a Núñez y Villa Urquiza. El 54% de los clientes tienen entre 35 y 45 años; en el 70% de los espacios, es pareja la proporción de hombres y mujeres. Suelen ser de profesiones heterogéneas, aunque empiezan a surgir los espacios especializados. Por ejemplo, AreaTres Labs está dedicado a emprendedores tecnológicos; Urban Station abrió el año pasado un local enfocado en la producción audiovisual; HIT tiene una sede para empresas en crecimiento y otra para grandes compañías de tecnología como Telefónica.

Foto: Brando

El trabajo en espacios compartidos también es fuerte en Córdoba, donde se cuentan 13 coworkings, 12 en la capital y uno en Río Cuarto. Están reunidos en la asociación ECO Cultura Colaborativa, que ya el año pasado organizó una semana de promoción. Hay perfiles bien definidos, como Agropoints, dedicado a los negocios rurales, y CREA FabLab, un caso único de coworking y makerspace integrado.

En Rosario hay tres espacios; uno de ellos, Njambre, funciona también como incubadora de empresas de impacto social. Se suma otro en Santa Fe, dedicado puntualmente a emprendedores. Este año explotó el corredor norte del conurbano bonaerense con tres nuevos coworkings de Vicente López a Pilar. También abrieron espacios en Mendoza, San Juan, Olavarría, Tandil y San Nicolás; hay otros dos históricos en Mar del Plata, uno La Plata, otro en Ramos Mejía y el más boreal, en Tucumán.

¿Es el coworking el nuevo parripollo? Quizás, pero no es solo eso. Más allá del furor de una moda que impone la start up como destino de m’hijo el emprendedor, el trabajo en entornos colaborativos -y gratos- es una necesidad de la época. Por eso, ya aparecieron los primeros coworkings gratuitos, concebidos como laboratorios de innovación y servicios a la comunidad. En Buenos Aires, el Centro Metropolitano de Diseño hospeda el Espacio de Trabajo Colaborativo (ETC), un secreto tan bien guardado que todavía tiene vacantes. Njambre inauguró el año pasado una sede en la Universidad Nacional de Rosario, y la incubadora de empresas de la Universidad Nacional de Córdoba creó Espacio Emprendedor. El proyecto Zona colaborativa propone a toda organización con espacio disponible ofrecerlo como coworking solidario, a cambio de contraprestaciones a definir.

Abrir un coworking no es mucho más difícil que poner una biblioteca o un bar. ¿Por qué no lo hicieron todavía todas las universidades? Quizás la pregunta correcta sea ¿cuánto falta?

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