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Con poco margen para la política económica

En 2016 deberá afrontarse una crisis que ya fue provocada

Domingo 04 de octubre de 2015
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PARA LA NACION
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Más allá del intento de diferenciar en los discursos electorales la eventual política económica que pondría en marcha cada uno, la realidad es que el candidato que triunfe tendrá poco margen de maniobra para definir el rumbo económico de su gobierno, al menos hasta que logre estabilizar la situación.

Cuando Néstor Kirchner llegó a la presidencia, en mayo de 1973, la mayoría de los problemas derivados del colapso de la convertibilidad estaban resueltos y la economía estaba en sendero de crecimiento. Aunque la deuda en default era una gran asignatura pendiente y su resolución un tema no menor, que demandó gran energía durante su gestión, mientras se mantuvo impaga alivió las arcas fiscales.

El margen de maniobra para diseñar una política económica era enorme. Un tipo de cambio competitivo y precios internacionales de los granos que iniciaban su carrera ascendente, equilibrio fiscal, baja inflación, autosuficiencia energética y reservas internacionales en ascenso, por citar algunas de las cuestiones relevantes.

Todos esas variables están hoy en situación crítica. La caída de los precios internacionales de las commodities es mucho más que un hecho circunstancial. Sumada a la menor demanda de nuestros productos desde Brasil y un tipo de cambio que en términos reales está al nivel de diciembre de 2001, el saldo comercial externo ha sido de US$ 1487 millones en los ocho primeros meses de este año, cuando en el mismo lapso de 2012 fue de US$ 9433 millones.

El informe sobre la economía internacional que se presentará en la próxima reunión del FMI y el Banco Mundial muestra un panorama sombrío para los países exportadores de productos primarios y asume que la flexibilidad en el tipo de cambio puede ser un paliativo para la situación; una decisión que cada vez adoptan más países, como está a la vista en el caso de Brasil.

Con una balanza comercial que ha dejado de ser el sostén del ingreso de divisas, nuestro país está obligado a buscar financiamiento externo para compensar ese desequilibrio. La relación entre deuda externa y PBI es baja, pero ese es el único factor favorable para acudir al mercado internacional de capitales.

El déficit fiscal creciente y, en especial, financiado con emisión monetaria que crece al 40% anual, muestra que el Estado es insolvente y tiene nula capacidad de repago en las actuales condiciones. El nivel de reservas estructuralmente decreciente completa ese negativo escenario.

El éxito de un futuro programa económico dependerá esencialmente de la capacidad que muestre de hacer las correcciones para afrontar una crisis provocada endógenamente, pero a la que se ha sumado un cambio muy profundo en el contexto internacional que acota significativamente el margen de maniobra.

El autor es economista y directorde Finsoport Consultores Económicos

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