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El desafío de llevar libros ilustrados al formato digital ocupa al mundo editorial

Dar movimiento y sonido a escenas de papel para llevar la literatura a su límite más lúdico: una meta de sitios y book apps que se animan a ir más allá
Uriel Bederman
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21 de octubre de 2015  

Valentín y los caníbales se descarga de Libresque.com y pone en movimiento a los personajes
Valentín y los caníbales se descarga de Libresque.com y pone en movimiento a los personajes

El paso del papel a los soportes digitales enfrenta a editores y creativos a un rosario de desafíos. No se trata simplemente de cargar letras de molde en un camioncito para que viajen con destino a una pantalla. El movimiento requiere explorar el nuevo ámbito, ahondar en formatos y dispositivos, atender las divergencias en los hábitos de lectura y reconocer que los géneros más aplaudidos podrían no ser idénticos en uno y otro espacio. Los retos se maximizan en las obras ilustradas: ¿es igual dibujar en una hoja opaca e inmóvil que hacerlo para una pantalla brillante y tanto más inquieta que el papel?

Este mes, la octava edición de la Conferencia Editorial de Buenos Aires puso a diversos actores del sector a examinar asuntos como la distribución, la exportación y las traducciones. Además, a sabiendas de que en la Argentina los e-books representan apenas el 1% de las ventas, también se analizaron los alcances del brazo electrónico editorial. Juan Pablo Luppi, de Tinta Fresca, opinó que los editores deberían aprender a "pensar en HTML". Esta referencia al lenguaje matriz de las páginas web (códigos que permiten crear y editar sitios de Internet) enfatiza un tránsito que, tarde o temprano, emprenderán las editoriales argentinas y que tiene como abanderadas a las especialistas en obras ilustradas.

Raquel Franco, directora de Pequeño Editor, sello que desde 2013 comparte material audiovisual como apéndice de su catálogo, reconoce el carácter revelador de la opinión de Luppi y señala que el HTML "está dándole al editor la herramienta fundamental para convertir su libro en contenido". Y añade que es "natural que el editor tenga que aprender nuevas herramientas". Al respecto, Juliana Orihuela, editora en Libresque, advierte que "todavía no se están creando libros pensando en todas las opciones que nos ofrecen los dispositivos". Aunque, por fortuna, el llamado de Orihuela no se aplica a todos los casos: la propia Libresque y Pequeño Editor ya dieron el paso.

Dibujar para las pantallas

¿Cuáles son, entonces, los desafíos y encantos que prometen las pantallas a las letras en general y en particular a la literatura ilustrada? "Los editores y diseñadores encuentran desafíos antes de empezar; como el desconocimiento del medio electrónico. El trabajo artesanal del editor de papel es otro si lo que se edita es digital", advierte Celia Turrión, de la española Edelvives. "Quien decide hacer una obra en digital debe comprender las posibilidades que le ofrece para su arte y conocer los recursos con los que puede contar", agrega.

El premiado Love
El premiado Love

Así como no es igual leer un ejemplar de bolsillo o un tomo de generosa dimensión, tampoco es comparable una pantalla de 5 pulgadas a la de una tableta o e-reader, que usualmente duplican el tamaño de un celular. La medida del dispositivo no debiera ser un dato irrelevante para el ilustrador. Según Turrión, "el tamaño es una razón, pero también la posibilidad de usar las manos en lugar de un mouse, de agitar el dispositivo, que la máquina reaccione a algún elemento del mundo exterior, como la ubicación del lector, y también las formas de usar el 3D".

"He visto cómics con pequeñas animaciones y sonidos que generan mayor inmersión, aunque esto roza el límite con el videojuego", apunta Joel Salinas, ilustrador que desde la provincia de San Juan dibuja para la editorial puertorriqueña SM. Efectivamente, los límites pueden ser difusos al llevar obras ilustradas al ámbito digital. ¿Cómo distinguir un libro de un juego? En la práctica, no sorprende que en las tiendas de aplicaciones muchos de los libros interactivos aparezcan catalogados como juegos. En iTunes Trail, Martim is a strong boy aparece en los anaqueles de Libros, Even Monsters are Shy en Educación, y otros, como The Echidna and the Dress, están en la categoría Entretenimiento.

"El aspecto más lúdico de las apps aleja en cierto modo las obras de lo que tradicionalmente consideramos literatura. Por su carácter híbrido, están a veces entre la narración oral, el libro, la película y el videojuego. Este aspecto es una gran oportunidades de innovación cultural", concluye Turrión.

Una app que es un amor

Pablo Curti, director creativo de Niño Studio, mostró en la Conferencia Editorial una app para móviles que inyecta gestos interactivos al libro ilustrado Love, del pintor Gian Berto Vanni, de 1954. "A sus 87 años, [Vanni] es una persona muy abierta a las nuevas tecnologías. Para él fue muy emocionante participar de un proyecto que reinterpretó una obra creada 60 años atrás", cuenta Curti, y agrega que este desarrollo supone "un nuevo lenguaje que requiere un gran trabajo de adaptación porque no hay mucho material original pensado para book apps". Los atractivos de esta herramienta, "empleada con cuidado en no abusar de recursos que podían llevarla más cerca del gaming", le valieron el Ragazzi Digital Award 2014, entregado en la Feria del Libro Infantil de Bolonia. Se espera una pronta traducción al español.

En Valentín y los caníbales (Libresque), avisa el sitio de descarga, los lectores están "destinados a caer como él [Valentín] en esa misma marmita hirviente en la que, mezclando texto e ilustraciones, se cocina el manjar de la lectura". Orihuela se entusiasma: "Prefiero pensar a lo grande y soñar con que muchos ilustradores exploten al máximo su creatividad y empiecen a dibujar personajes activos, animados, que pueden volar, correr, cantar". Y subraya un bien propio de las aplicaciones: "Hacer libros que hagan lo que narran".

En lugar de aplicaciones, Pequeño Editor ofrece en su sitio booktrailers, como Una casa bien abierta y Rompecabezas. "Buscamos crear un material audiovisual que no reemplace la lectura del libro papel, pero que tenga unidad de sentido y contenido en sí mismo. El desafío que tiene el editor es imaginarse como un creador de contenidos, no sólo de libros". A fin de cuentas, ¿es necesario separar de cuajo la paja del trigo? "No hay que trabajar para ser una opción entre uno u otro formato; hay que trabajar para que un libro sea una buena elección", concluye Franco.

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