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Los premios (casi) Nobel

Un encuentro para celebrar hallazgos más cotidianos, rídiculos y desopilantes

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LA NACION
Domingo 25 de octubre de 2015
Foto: Nüno
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Es la época del año en que estamos todos atentos a los Nobel, quizá el mayor premio de la ciencia moderna. Pero, en realidad, muchos científicos estamos esperando los otros, quizá menos glamorosos, pero sin duda más divertidos: los premios IgNobel, aquellos que primero te hacen reír y después pensar. Lejos de los tratamientos antimalaria o del conocimiento de partículas elementales, los IgNobel celebran hallazgos más cotidianos, quizá ridículos, pero siempre desopilantes. Aunque tal vez la mayor celebración sea la de juntarse y reírse de la ciencia y los científicos, esos bichos raros que se emocionan frente a un tubo de ensayo o un avioncito de papel (de esos que, justamente, son parte de la ceremonia, volando del público al escenario).

Los IgNobel cumplieron su cuarto de siglo, y vale la pena seguirlos de cerca (y si se lo perdieron, allí está la fiesta online para visitarla cuando quieran). Además de los galardonados, el escenario se completa con premios Nobel – los de verdad – que con su sola presencia avalan esta posibilidad de tomarnos un poquito menos en serio, no tan solemnes y sí tan apasionados. Hay también un premio especial que se sortea para que un miembro del público pueda tener una cita con un premio Nobel. Y este año la miniópera se trató sobre la elección de la mejor especie dentro de los millones de organismos vivos.

El premio IgNobel es eso: ser premiados, convertirse en héroes efímeros (recordemos que el discurso de aceptación dura menos de 60 segundos hasta que una niña odiosa se acerca a repetir que "terminen, estoy aburrida"), celebrar la ciencia… y llevarse un billete de 10 trillones de dólares de Zimbabwe (unos 40 centavos de dólar). Pero para llegar hasta allí hay que trabajar duro, como lo demuestran algunos de los galardonados:

Premio en Física: se lo llevaron Jerome Choo y sus cómplices de la Universidad Georgia Tech, por descubrir que casi todos los mamíferos tardan lo mismo... en hacer pis. Sí: independientemente del tamaño de sus cuerpos, los mamíferos tardamos alrededor de 21 segundos en vaciar las vejigas.

Premio en Química: otorgado al maravilloso descubrimiento de cómo des-hervir un huevo, al menos parcialmente. Entre químicos australianos y norteamericanos descubrieron cómo volver atrás el plegado o desplegado de las proteínas que ocurre, por ejemplo, cuando hacemos un huevo duro. Aún están buscando la aplicación culinaria práctica.

Premio en Economía: se galardonó una paradoja. Fue otorgado a la policía de Bangkok por darles dinero extra a los policías que no aceptaran sobornos. O sea, por sobornarlos. O sea… De más está decir que en este caso nadie vino a recibir el premio.

Premios en Medicina: hubo varios galardonados. Mientras que dos equipos internacionales recibieron el premio por estudiar (y demostrar) el efecto biomédico de besarse apasionadamente –incluyendo una reducción en la respuesta alérgica– el premio en medicina diagnóstica lo recibieron otros grupos que descubrieron que la apendicitis aguda puede determinarse a partir del dolor experimentado por los pacientes cuando la ambulancia pasa por un camino lleno de lomos de burro. O sea: la ambulancia sube y baja, el paciente chilla… Ergo, apendicitis aguda.

Premio en Entomología: seguimos con el dolor. Lo obtuvieron Justin Schmidt y Michael Smith por determinar la escala de dolor cuando uno es picado por insectos. En particular, Smith demostró que la picadura de una abeja es más dolorosa si ocurre en la cavidad de la nariz, los labios… o el pene. Lo curioso es que en la metodología de su trabajo menciona que se realizó en un solo sujeto que fue sometido a las diversas picaduras. Adivinen quién era…

Hay más, como el premio en Biología –que tuve el honor de anunciar secretamente a sus ganadores chilenos– por la observación de que un pollo con un palo atado en la cola camina de manera similar a un dinosaurio.

Y al día siguiente… de vuelta al laboratorio.

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