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Open House: una invitación a conocer reductos singulares

Noventa sitios emblemáticos podrán visitarse el fin de semana

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LA NACION
Jueves 29 de octubre de 2015
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Leandro Cerliani está sorprendido. "Todavía no caigo", dice. Hace un mes, mudó su empresa de diseño al piso 16 del Palacio Barolo, ese edificio codificado en clave literaria ante el cual demoraba sus pasos cuando caminaba frente a su fachada, en Avenida de Mayo 1370. Ahora sus días transcurren entre esos muros y, pese a que los encargados de mantenimiento le contaron que allí hay fantasmas, él se siente inspirado por el misterio que evoca el lugar. Y quiere compartirlo.

Este fin de semana, Cerliani y sus cuatro socios abrirán la puerta de su oficina para que otros porteños puedan apreciar, desde su ventana, una de las mejores vistas de Buenos Aires en el que fue el edificio más alto de la ciudad entre 1923 y 1935. Cientos de dueños e inquilinos replicarán la decisión: permitirán que unas 25.000 personas, inscriptas en la tercera edición del Open House Buenos Aires, ingresen en sus propiedades y se sumerjan en su intimidad.

De 10 a 19, serán abiertos 90 sitios, entre edificios históricos, mansiones, casas particulares, barrios, bibliotecas, museos, talleres, escuelas, universidades, jardines de infantes, bancos, pasajes, hoteles, galerías de arte, cines, teatros y atelieres.

Los visitantes que reciba Cerliani también podrán dar un paseo por el interior del Barolo, uno de los hitos más anhelados del festival. Y no es para menos: el rascacielos fue edificado por el arquitecto Mario Palanti a pedido del empresario textil Luis Barolo, y encarna una ofrenda a La Divina Comedia, la obra de Dante Alighieri. La construcción es parte ineludible del patrimonio porteño.

"Queremos que más gente conozca este espacio. Nos alegraría que queden tan sorprendidos como nosotros", dice el diseñador, parado en una terraza amplia de este edificio de 16 pisos, desde cuyas alturas un faro de 350.000 bujías ilumina la ciudad.

Otra propietaria que se sumó a la propuesta del Open House Buenos Aires es Karina Riesgo, una contadora que vive con su familia en el departamento 1° 147 del Barrio Parque Los Andes. Es un complejo de viviendas sociales que ocupa una manzana entre las calles Leiva, Rod-ney, Concepción Arenal y Guzmán, en Chacarita. Fue construido en 1928 por el arquitecto Fermín Bereterbide, como un barrio para empleados municipales.

"Somos quince los dueños que vamos a exhibir esta vida en comunidad. Los visitantes podrán entrar a nuestras casas y a los espacios comunes: el patio central, una biblioteca, un pequeño correo y un teatro, que no siempre está abierto", dice la mujer, sentada a la mesa de la cocina de su departamento. Atrás, una luz brillante entra por una ventana que da a jardines internos. Allí no se escuchan las bocinas de los autos: apenas suena el canto de los pájaros.

Pero el festival no sólo convoca a propietarios de edificios históricos. En la lista de los 90 sitios que podrán visitarse también hay construcciones modernas, que hoy son parte insoslayable de la arquitectura urbana. En Maure 3310 y 3320, en Colegiales, emerge el Edificio Maure, por ejemplo. Es un conjunto de 24 viviendas construido en dos etapas por los arquitectos Valeria del Puerto y Horacio Sardín, e inaugurado entre 2005 y 2008. Su fachada aspira a convertirse en un jardín vertical: tiene un arco metálico cultivado con bignonias que dan flores naranjas y envuelven al edificio.

Clima de respeto

En el segundo piso del Maure viven Sardín y la arquitecta Bárbara Berson. Ellos también abrirán su departamento para que otros porteños, divididos en grupos de diez, ingresen en este pequeño loft de losa ancha, sin vigas, rodeado de plantas. "Participamos el año pasado y decidimos sumarnos otra vez. Recibir gente en casa es gratificante. Los visitantes son respetuosos", coincidió la pareja, parada en el balcón, su espacio preferido.

Uno de los cinco organizadores del Open House Buenos Aires, el arquitecto Santiago Chibán, explicó que convencer a los propietarios para que abran las puertas de sus casas fue más sencillo de lo que imaginó. "Les gusta mostrar dónde viven, sobre todo si son espacios de valor", dijo. Luego, aclaró que el evento pretende atraer a quienes deseen acercarse al patrimonio porteño. Será por eso, quizá, que el lema del festival, interpela: "¿Nunca sentiste curiosidad por conocer la casa de otro?".

Unos 500 voluntarios colaborarán en los recorridos, distribuidos por los 90 inmuebles para coordinar a los inscriptos. "Fui visitante en la primera edición. Pude ingresar a edificios enigmáticos y quedé maravillado. Entonces, decidí que quería colaborar desde adentro", explicó Osmar González, que este fin de semana será voluntario. Todavía no sabe qué domicilio le van a asignar, pero desearía que fuera su preferido: el Palacio Barolo.

Junto con el Barolo, en festivales anteriores se consagraron el Teatro Colón, el Palacio Bencich y el ex Banco de Londres (hoy Banco Hipotecario), entre otros. Las dos novedades de esta edición son la nueva sede del gobierno de la ciudad, el Edificio Foster, en Parque Patricios, y el Centro Cultural Néstor Kirchner, ex Palacio de Correos.

Habrá además cuatro eventos paralelos. Los que no requieren inscripción previa son el Open Muro, que permitirá a los porteños intervenir algunas paredes con la ayuda de muralistas, y Camina Buenos Aires, un paseo guiado por el casco histórico.

Una idea que nació en Inglaterra

Los ingleses fueron los creadores del Open House, en 1992. En aquel evento abrieron las puertas de edificios que usualmente estaban cerrados para que el público pudiera recorrerlos.

Luego se convirtió en un festival que se replica en más de 30 ciudades del mundo, como Nueva York, Barcelona, Chicago, Roma y Madrid. En 2016, se sumará Santiago de Chile como segunda metrópoli latinoamericana.

En Buenos Aires, se estrenó hace dos años. Pasado mañana y el domingo será la tercera edición, organizada por cinco jóvenes arquitectos que integran la asociación civil CoHabitar Urbano: Santiago Chibán, Georgina Gabrielli, Ricardo Pomphile, Ignacio Queraltó y Elisa Rocca.El evento es gratuito, pero requirió inscripción previa.

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