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El amor nos destrozará

Las ficciones de Ariana Harwicz no se parecen a nada, y están a medio camino entre el soliloquio y la pesadilla

Maximiliano Tomas

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PARA LA NACION
Jueves 29 de octubre de 2015 • 00:10

Hay gente que escribe. Bien, incluso hasta muy bien. Pero hay pocos escritores, y dentro de lo que uno habitualmente piensa cuando habla de escritores (aquellas personas que viven en estado de literatura) hay, a la vez, muy pocos que logran dar forma a una obra personal y singular. Cuando a fines del año pasado un periodista español me llamó para decirme que estaba confeccionando la lista de los quince escritores argentinos más importantes de la actualidad, me leyó los nombres que tenía y me pidió que le recomendara una escritora le dije, sin dudar, Ariana Harwicz. Había leído poco tiempo antes la segunda novela de Harwicz (Buenos Aires, 1977), La débil mental, y había salido de la experiencia tocado por la convicción de que había dado, al fin, con una autora. Una que se movía por fuera de las modas, las tendencias y las convenciones de cualquier género.

Harwicz estudió filosofía, guión cinematográfico y dramaturgia en la Argentina, pero vive en Francia hace años. No en París, sino en Francia: en un pueblo rural de menos de veinte habitantes ubicado a unos 180 kilómetros al sur de la capital. El detalle sería apenas pintoresco si tanto La débil mental (novela que no dejan de alabar los críticos españoles ahora que sus libros comienzan a viajar de un lado a otro del océano) como su nuevo libro, Precoz, no estuvieran ambientados en una geografía que replica el lugar de residencia de la autora. Un contexto de profunda ruralidad, una geografía que se impone a cualquier atisbo de civilización y se abalanza sobre los seres humanos y sus vidas precarias, e instala en ellos la cifra de lo salvaje. Camino, campo, lo que sucede, gente.

Las ficciones de Harwicz no se parecen a nada, y están a medio camino entre el soliloquio y la pesadilla. Como si se trataran del monólogo de un sonámbulo. En La débil mental se narraba la historia de amor siamés entre una madre y su hija, y Precoz es algo así como una segunda parte, o como una novela complementaria de aquella: aquí también hay una mujer enamorada (otra idiota, otra poseída, otra débil mental) de un hombre que no la corresponde, una madre que es correspondida, en otro orden amoroso, por su propio hijo. "Sigo sus pasos por toda la casa, adelante y atrás. Subo las escaleras dejando mis huellas en las suyas, y las bajo detrás de él, me cierra la puerta cuando va al baño, lo espero y lo sigo cuando va a buscar maderas y a la cocina cuando se hierve unas pastas. Soy su nube, su perdición".

"En las breves novelas de Harwicz hay siempre un fondo barroso, biliar, seminal, que da como resultado una literatura opaca, plagada de fugas de sentido"

En las breves novelas de Harwicz (de cien páginas o menos) hay siempre un fondo barroso, biliar, seminal, que da como resultado una literatura opaca, plagada de fugas de sentido. ¿Abstrusa, intrincada, barroca? Más bien lunática, endiablada, signada por la locura, la libido y el espanto. Los humanos mostrados en su más desnuda animalidad: "Me paro en dos patas. Me subo a su espalda huesuda pero me saca como un gorgojo y me quedo viéndolo alejarse y lo oigo decir. Nací de tu culo y desde entonces apesto". A su vez, el amor todo lo atraviesa y es promesa de futuro, pero nunca de uno venturoso o tranquilizador. No hay aquí parejas consumadas, celebraciones ni mucho menos perdices. Lo que hay son besos, saliva, secreciones y patos: "Delante del corral nos besamos idílicamente mientras él duerme aplastado. Cientos de patos corren y berrean y él cuenta cómo les meten un tubo en la garganta y los fuerzan a comer rompiéndoles el cuello para hacer el hígado graso. Los torturan dándoles de comer hasta el atracón aprovechando que no pueden vomitar. Después entramos a la granja y el patrón nos da de probar dos tipos de foie gras sobre panes caseros recién asados. Los paladeamos besándonos una y otra vez".

Hay una mala noticia y es que Precoz llega a las librerías recién dentro de algunos días. Hay una buena noticia: el libro estará en las librerías el martes que viene. Es un volumen pequeño, breve, de tonos verdes y grises, en apariencia inofensivo. No se deje engañar y tenga cuidado. No encontrará en sus páginas entretenimiento, tranquilidad ni sosiego. Pero si lo que usted estaba buscando eran cosas por el estilo, entonces andaba desorientado desde un principio. Hay actividades mucho más adecuadas para alcanzar esos nobles fines que leer literatura.

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