Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

TV indie: la televisión ya tiene su versión under

MARGEN. En Internet, con recursos limitados, circulación gratuita y estética experimental, la TV independiente desafía a la pantalla tradicional

Domingo 08 de noviembre de 2015
SEGUIR
LA NACION
0

Cine pochoclero, cine independiente; teatro comercial, teatro off; editoriales grandes, editoriales boutique. Mientras estas dicotomías son impugnadas por académicos, artistas y público, la televisión inaugura sus propias itálicas: la "TV independiente" o indie TV, como le dicen en inglés, surge muy lenta e incipientemente como una alternativa a la TV tradicional.

Desde los márgenes y en los intersticios se gesta como una revolución reticular y silenciosa, con un potencial enorme, pocas certezas y muchas preguntas sobre cómo producimos, distribuimos y consumimos TV -y más en general, cultura- hoy.

En la compilación Media Independence. Working for freedom or working for free?, editada por James Bennett y Niki Strange, Aymar Jean Christian (doctor por la Universidad de Northwestern y máxima autoridad en el tema) define la TV independiente como aquella que es producida independientemente de las corporaciones y distribuida a través de una red abierta, Internet. Cuando Christian habla de "las corporaciones" se refiere a los canales de TV y a su modo de producción y financiación, a través de la venta anticipada de publicidad (se venden espacios a las marcas meses antes de que arranquen las nuevas temporadas).

"Para que un programa salga en la tele te lo tiene que comprar Samsung, McDonald's o la marca que sea", explica en criollo Santiago Calori, guionista de Lalola, Casados con hijos y La niñera, entre otros, y con años de experiencia como asesor creativo para diversos canales. La venta anticipada no es un detalle: las marcas son una parte clave en la producción y selección del contenido que finalmente transmitirán los canales. En el caso de la TV independiente, estos actores están ausentes del proceso de producción. Las formas y fuentes de financiación varían: a veces los creadores invierten su propio dinero. Otros apelan al financiamiento colectivo, de formas artesanales o digitales, mediante plataformas de crowdfunding como idea.me. También existe financiación oficial en muchos países, incluido el nuestro. En general se da alguna combinación de estas posibilidades: los realizadores de la reciente La niña elefante (https://bienal.buenosaires.gob.ar/laniniaelefante), ganadora de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires en la categoría Serie web, organizaron hace poco una fiesta para complementar el financiamiento que les dio la Bienal. The Guild (2007-2013), una de las pioneras, es un caso interesante: su creadora, Felicia Day, financió los primeros dos episodios casi sola hasta que se quedó sin fondos. Entonces entraron los fans, primero con donaciones a través de PayPal y luego sumándose a la producción, aportando trabajo y locaciones. Finalmente se consiguió un contrato con Microsoft, que la compró para distribuirla en sus plataformas (aunque Day siempre retuvo la propiedad de la serie) y financió las temporadas 2, 3, 4 y 5.

Las nuevas estrategias de distribución son la clave del origen y el crecimiento de la TV independiente. Hace ya varias décadas que producir contenido audiovisual es cada vez más barato y puede hacerse (aun con dificultades) sin el apoyo de grandes capitales. Pero hace mucho menos que contamos con una red que permite compartir contenido en forma gratuita, periódica y -dato clave- en la comodidad de cualquier hogar con una conexión a Internet. Además, redes sociales, blogs y demás plataformas de curación de contenido generan un "boca a boca" que permite a cada producto encontrar su nicho. YouTube y Vimeo son los lugares preferidos de alojamiento de la TV independiente, aunque casi todas tienen también una web propia.

Como sucede con todo lo indie, a medida que el fenómeno crece y empieza a llamar la atención del mercado aparecen los casos fronterizos y las sinergias entre centro y periferia, un rasgo típico de la cultura en estos tiempos. "Están cada vez más mezclados el centro y los márgenes", dice Ricardo Manetti, director de la carrera de Artes en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y creador del Bafici. "Por poner un ejemplo: Historia de un clan está en un canal muy masivo, Telefé, pero guionada y dirigida por un director que viene incluso de los márgenes de lo indie, como es Luis Ortega. Historias así hay muchísimas", sigue Manetti. Vinculado a la TV independiente podríamos citar el caso de Martín Piroyansky, que además de actuar en algunas de las películas nacionales más taquilleras de los últimos años (Mi primera boda, Vino para robar, Sin hijos), protagonizó y coescribió la serie Tiempo Libre en UN3TV (un3.tv). En vez de pensarlo como una colonización del under o una conquista del mercado, Manetti propone una imagen que rescata lo más atractivo e interesante de estas tensiones: "la frontera como lugar de encuentro y no de separación entre el centro y la periferia".

Busque las 7 diferencias

¿Qué novedades estéticas traen estos nuevos modos de producción, distribución y consumo de televisión? La primera intuición que surge viendo la infinita variedad de formatos, tonalidades y temáticas que circulan en Internet (de micros de 2 minutos a capítulos de 40, de comedia improvisada a programas de entrevistas pasando por ficciones dramáticas o cómicas) es una idea muy asociada a cierta visión utópica de la red, y por eso bastante cuestionada: en la TV independiente hay más libertad que en la TV tradicional. ¿Es eso cierto? La respuesta es compleja, aunque si hubiera que dirimirla en un balotaje nos inclinaríamos por el sí.

"En términos de formatos es evidente que hay más libertad: no estás limitado a las cajas de 23 y 46", explica Calori, en referencia a las comedias de 23 minutos (media hora con publicidad) y los dramas de 46 (una hora con publicidad) que son el estándar en la TV. "En general son cosas más cortitas, ¿no? La gente no se sienta a mirar una hora en YouTube", sigue Calori, y apunta entonces a la complejidad de la pregunta: la TV independiente no está constreñida a las reglas de los canales y la tanda, pero quizás sí a los códigos de Internet, aunque parecen más fáciles de doblar que los de la televisión comercial.

Esteban Menis, guionista y protagonista de Eléctrica, de UN3TV, trae otro punto: "Yo creo que perfectamente se puede sostener una serie web de capítulos de 40 minutos. Si la idea es buena, si el producto es bueno, se sostiene. El tema es tener la plata para filmarlo". En otras palabas, el dinero de los auspiciantes te condiciona, pero tener menos dinero también. Ignacio Sánchez Mestre, coguionista de Tiempo Libre y parte del equipo de guionistas de Guapas, aporta otras cuestiones clave: "Quizás el factor más importante sea el tiempo. En una tira lo que escribís se graba dos días después y está en el aire a la semana. En TV independiente no tenés ese problema. Además está el tema del rating, actores que se van de la tira y hay que matarlos, mil cosas así. Lo que te perdés en TV indie es la posibilidad de ver qué cosas funcionan y qué no y guionar en consecuencia".

Vinculada a esta complicada libertad está una característica que sí es más indisputada: la diversidad. "Los productos exitosos en la TV históricamente han sido conservadores. La vanguardia iba por otro lado; años después lo masivo se apropiaba de esos procedimientos, cuando ya no eran nuevos", cuenta Manetti. Christian concuerda y lo vincula con el modelo de negocios de la televisión: los productos son conservadores porque los auspiciantes lo son. La multiplicidad de autores y, ante todo, el peso que tienen las decisiones autorales en la TV independiente permiten, por una parte, que se experimente mucho más; por otra, que aparezcan voces minoritarias que todavía tienen poco espacio en la TV.

Muchos de estos autores, además, eligen estilos narrativos poco convencionales que probablemente jamás lograrían la masividad: narraciones no lineales, improvisaciones, cruces entre ficción y realidad, productos destinados a audiencias hiperespecializadas y sentidos del humor absurdos hasta el límite de la comprensión. En el caso de plataformas especializadas como UN3TV, dependiente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, se trata incluso de una decisión consciente: "En UN3TV generamos un espacio de experimentación y diversidad, producciones híbridas y formatos novedosos que no suelen encajar en la TV tradicional", dice Gonzalo Arias, director del canal.

Surge entonces otra pregunta inevitable: ¿hay público para estos productos? Más que público, sería más correcto decir que hay públicos y que esta multiplicación y atomización de la oferta televisiva quizá se lleve mejor con el espectador del siglo XXI: lo indie es cada vez menos indie, pero lo masivo también es cada vez menos masivo. "Hoy un pico de rating en Argentina son 20 puntos; hace unos años eran 40", ejemplifica Manetti. Al nuevo modelo de espectador, además, ya no le alcanza con sentarse a mirar: hoy todos producimos y consumimos imágenes durante todo el día, y queremos recomendar las cosas que nos gustan. Al mismo tiempo, la fragmentación y la variedad conviven con el hecho de que cada producto sea mirado por muy poca gente. ¿Es éste un problema? Si uno desea convertir un producto en un negocio económicamente sustentable, puede que sí. Pero por otra parte, que producir sea barato y fácil lo hace también menos riesgoso. Fracasar con una serie web es mucho menos grave que fracasar en la TV tradicional.

Finalmente, ¿hay, en este multiverso cuasi anárquico una estética que defina a la TV independiente? "YouTube nos regaló gente hablando a la cámara, Vimeo planos en foco y fuera de foco", dice Calori. "Hay un 'lenguaje Internet', memes, chistes, con los que dialoga mucho la TV independiente, quizá más que con el lenguaje televisivo", agrega Sánchez Mestre. En algún sentido, además, la TV independiente es un ejercicio de autoconciencia: un comentario sobre los modos de producir televisión. Por eso no sorprende que tantos productos exitosos tengan a la producción de TV como tema o escenario. Eléctrica, la serie de Esteban Menis, es sobre una pequeña productora que hace TV; Tiempo Libre, la de Martín Piroyansky y Sánchez Mestre, explora la vida de un actor medianamente conocido cuando no está trabajando; en La niña elefante, un misterioso proyecto funciona como excusa para exhibir el mundo de un grupo de aspirantes a actores.

Bandera blanca

En un mundo atravesado por las guerras del copyright y la búsqueda de estrategias para monetizar el contenido que circula en Internet, los realizadores de TV independiente cuelgan sus trabajos en plataformas gratuitas para los espectadores.

"Yo hice cosas gratis, bancándome yo, pero como forma de darme a conocer, para que después salieran cosas pagas", dice Menis. Jorge Huarte, el Pola, del canal de YouTube 100% independiente Tupé (https://www.youtube.com/channel/UC4I3iWVCfHDU1OuxOObHfAA), dice lo mismo: "No aspiramos a llegar a la TV tradicional, no es lo que nos interesa, pero sí a llamar la atención de marcas para que los proyectos se financien". Este modelo es el que más se ha visto en Estados Unidos: el camino no se dirige hacia los canales sino hacia una relación directa con las marcas, que permita retener algo de la libertad y el control autoral en la producción a la vez que obtener financiación para proyectos.

En nuestro país la plataforma más importante hoy es UN3TV, de la Universidad Nacional Tres de Febrero. "Hoy tenemos una alianza con idea.me, donde curamos proyectos audiovisuales de jóvenes realizadores que, una vez finalizados, tienen la oportunidad de estar en la pantalla de UN3TV y recibir algún financiamiento económico", explica Arias.

A la mayoría de los que trabajan en la TV independiente no les preocupa percibir ingresos por reproducción. "Creo que hacer televisión independiente es una oportunidad para darse a conocer, para los que escriben, dirigen y actúan. Que se dé a conocer el trabajo de uno siempre es bueno", comenta Sánchez Mestre. Esta mentalidad quizá sea más afín al modo en que los espectadores actuales quieren relacionarse con el contenido: compartiendo libremente, colgando episodios en sus perfiles para sumarlos a sus identidades digitales.

¿Tendrá que cambiar radicalmente el modelo de negocios televisivo en algún momento? "Hace años que dicen que se muere el papel, los libros, el cine, la radio", relativiza Calori. El futuro es incierto pero, por lo que podemos inferir desde hoy, en el corto plazo nos encontraremos más con la convivencia de formatos y la proliferación de productos híbridos que con la desaparición de nada.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas