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Una pianista entre Bill Evans y el heavy metal

La japonesa Satoko Fujii Tobira se presentará hoy en la Usina del Arte y mañana, en el Salón Dorado del Teatro Colón

Miércoles 11 de noviembre de 2015
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PARA LA NACION

A los 17 años, Satoko Fujii Tobira se sentó al piano y se dio cuenta de que aquello que a los 4 le había salido de forma natural le resultaba imposible ahora, luego de años de estudiar música clásica: no podía improvisar. Al mismo tiempo, su profesor en el conservatorio había decidido renunciar a la dirección orquestal para dedicarse al jazz, su sueño de toda la vida. "Tenía 70 años cuando lo hizo, se convirtió en mi héroe", recuerda ahora la pianista, que tocará hoy, a las 21, en la Usina del Arte con su cuarteto y mañana dará un concierto de piano solo a las 17 en el Salón Dorado del Teatro Colón.

Aquellos dos episodios de su adolescencia fueron el puntapié inicial para perseguir lo que, sin darse cuenta, la apasionaba desde que se trepó a la banqueta del piano y lo comenzó a usar como si fuera un gran juguete de botones negros y blancos. "Me imaginaba historias y las tocaba en el piano que le habían comprado a mi hermana. Por eso la improvisación es clave para mí."

Pero el jazz no fue algo que la haya seducido a primera escucha. Siendo adolescente, alejarse de la música clásica la llevó primero a escuchar rock y pop con sus amigos; aunque le gustaba improvisar, encontraba en el bebop ritmos demasiado agresivos y armonías caóticas. "No era musical para mí, no me resultaba placentero, por eso lo odié." Hasta que un día su profesor la hizo escuchar A Love Supreme, de Coltrane y su vida cambió para siempre: "No es un disco fácil, pero lo amé a primera escucha; ahí me metí de lleno en el jazz".

Una vez recuperada la espontaneidad y decidida musicalmente, Satoko comenzó a liderar todo tipo de formaciones, desde las más pequeñas hasta su propia big band, y a enriquecer su música trastocando las configuraciones establecidas. "Si tocara con una sola formación me cansaría y me aburriría. Cuando toco sola, muchas veces tomo ideas de mi big band? los diferentes proyectos se conectan entre sí. Es difícil, si hacés una sola cosa, que pueda mantener su vitalidad."

-Dijiste que el bebop te resultaba demasiado complejo, pero tu música no es de fácil acceso.

-Una vez, tocando en un club de jazz, se acercó un melómano y me dijo que no estaba tocando jazz; sólo me salió responderle: "Perdón, no sé qué música estoy tocando" (se ríe). A todos les gusta el jazz de los 50 y los 60. En Japón, y supongo que en todos lados, es igual, hay muchos escuchas de jazz clásico, pero no tantos a los que les guste el free jazz.

-¿Y cómo te llevás con las etiquetas? Usualmente se te menciona como pianista de jazz avant-garde.

-Cuando compongo, no siento que hago jazz, sólo siento que hago música. Tampoco creo hacer free jazz; aunque mi música tiene mucho de ello, también tiene de otros estilos. Vengo de educación clásica y jazzera, y escucho de todo, incluso música japonesa. Amo a Piazzolla. Absorbo todo y hago un cóctel.

-El desafío de los músicos en general y del jazz en particular pasa por la actualización constante. ¿Qué lugar ocupa en tu música?

-Es algo con lo que peleo todo el tiempo, en el buen sentido y en el malo también. Mi música tiene un color que la gente puede reconocer, siento que eso es bueno. Ayer fui al Museo Quinquela Martín y me encantó, me conmovió. Su obra es muy poderosa y de estructuras increíbles. No soy una experta en artes plásticas, pero te das cuenta de que tiene un estilo reconocible, que se diferencia fácilmente. En cualquier disciplina eso es muy importante, tener tu propia voz. A veces hago cosas muy similares y en otras voy saltando a nuevas inquietudes.

Luego de tocar en Japón, Satoko se instaló en Estados Unidos para perfeccionar su estilo en Berklee, la escuela de música popular más importante del mundo. Título en mano, decidió mudarse a Nueva York, donde reside la mitad del año.

-Ahora vivís en Nueva York y Berlín, dependiendo la época del año. ¿Cómo ves ambas escenas respecto de la de Tokyo?

-Hay diferencias y por eso las amo por igual. Berlín tiene una escena muy especial, hay mucha improvisación y les gusta el noise; Tokyo tiene una música heredada sobre todo del jazz de Chicago de los 60, en Japón somos muy de heredar y respetar la tradición. En Nueva York hay música más experimental y vanguardista, pero conviven todas las vertientes. Obvio que cada músico tiene su historia y su individualidad, pero eso sucede en rasgos generales.

-Además del jazz, ¿qué otras músicas nutren tu estilo? Porque tu acercamiento al piano no es el más convencional

-Escucho mucho de lo que me pasan músicos que me encuentro en giras y festivales. Me gusta intercambiar discos con ellos y escucharlos cuando viajo, me ayuda a mantenerme al día y a generar vínculos. Desde hace un tiempo estoy interesada en el heavy metal, aunque no lo escuché demasiado porque no tengo gente que me recomiende, es algo que me atrae. Es nuevo para mí, pero lo encuentro muy excitante, me genera adrenalina y me da curiosidad.

Sobre todo cuando toca con su cuarteto, esta pequeña pianista de 57 años que apenas supera el metro y medio de estatura parece imprimirle una fuerza sobrenatural a su instrumento. Por eso no resulta extraño que la cautive el heavy metal. Y si bien se la suele asociar a Cecyl Taylor, uno de los pianistas más violentos que haya dado el jazz, Satoko confiesa que le llevó un tiempo dejarse llevar por su música. "Todos creen que Cecyl Taylor fue una influencia importante en mi vida y lo cierto es que no hace mucho empecé a entender y disfrutar su música, Bill Evans fue mi referente desde siempre."

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