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El legado de un Mundial inolvidable

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Miércoles 11 de noviembre de 2015 • 20:29
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Foto: Archivo

"Nunca jamás olvides de donde vienes." La frase la pronunció un árbitro, el galés Nigel Owens, una semana después de dirigir la mejor final disputada hasta ahora en una Copa del Mundo: All Blacks-Wallabies, en Twickenham. No se refería precisamente a ese test-match, sino a un encuentro de la liga amateur galesa entre Gowerton y Crymych, al que fue a arbitrar para devolver, de alguna manera, algo de todo lo que había recibido y, según enfatizó, "especialmente en los momentos más difíciles de mi vida".

Owens, quien suele utilizar la frase "esto es rugby" cuando un jugador intenta algo que sale del reglamento o del espíritu del juego, se preocupó tras la final por destacar al fabuloso tercera línea de los Wallabies, David Pocock. ¿Por su juego? No. Por su gesto: "Al terminar el partido se me acercó, me puso la mano sobre mi cabeza y me dijo: Gracias por este gran partido". Los australianos acababan de perder ante los All Blacks.

De aquella final también quedó la medalla de oro que Sonny Bill Williams le regaló a un aficionado y el gesto de la World Rugby de entregarle luego una igual. O varios de los All Blacks que fueron a llevar la Copa del Mundo y sus medallas a la tumba de Jerry Collins, el amigo y ex compañero de selección que había encontrado la muerte junto a su mujer, cuando meses atrás ambos fueron atropellados por un camión en una autopista francesa.

El legado que deja un acontecimiento como un Mundial puede medirse desde varios ángulos. Este que finalizó hace 12 días en Inglaterra fue el mejor en la historia del rugby por cuestiones tan diversas como importantes: récords de asistencia en los estadios y de televidentes, gran nivel de juego y exposición como nunca a través de las redes sociales, que vinieron a saldar de algún modo la restrictiva política de derechos de imagen que impone la Rugby World Cup.

Ese legado se mide también en otros hechos posteriores a la final. Veamos. Los Estados Unidos tendrán por primera vez una Liga Profesional a partir del año que viene. En 2017 se unirá Canadá. Algunos gobiernos de Latinoamérica apoyarán al rugby como un vehículo para la inclusión social de los sectores más castigados. El de Japón, en tanto, y después de algunas dudas, será un gran soporte para la próxima Copa del Mundo, en 2019. La World Rugby, la FIFA de este deporte, tendrá desde 2016 una nueva composición, con mayor participación a través del voto de otras Uniones hasta aquí marginadas y con la contratación de independientes que tendrán injerencia directa en las decisiones.

El legado del Mundial de Inglaterra también fue el mejor trampolín que podía tener el rugby en su vuelta a los Juegos Olímpicos, el año próximo, en Río de Janeiro. Pero lo que más ha quedado de la Copa del Mundo en la gente ajena a este deporte fue el significado de la esencia del rugby: la limpieza del juego, la pasión por jugar, el respeto al árbitro y las filas para despedir a los jugadores del otro equipo. Sin moralinas ni comparaciones. Porque como dijo Nigel Owens, no hay que olvidar nunca jamás de donde se viene.

jt

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