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El peor atentado en la historia de Francia sacude al mundo

Una ola de ataques golpeó anoche a París y dejó, por lo menos, 153 muertos; el centro de la embestida fue el teatro Bataclán, donde un concierto de rock terminó en una masacre de kamikazes; Hollande decretó la emergencia nacional

Sábado 14 de noviembre de 2015
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LA NACION
La gente corre en pánico cerca de la Place de la République, en París, tras uno de los ataques terroristas de anoche
La gente corre en pánico cerca de la Place de la République, en París, tras uno de los ataques terroristas de anoche. Foto: AFP / Dominique Faget

PARÍS.- Francia estaba anoche en estado de guerra. Una guerra abierta contra el terrorismo, después de sufrir un "ataque múltiple" y perfectamente coordinado que provocó un auténtico baño de sangre con un saldo de, por lo menos, 153 muertos. La mayor conmoción que vive el país desde la Segunda Guerra Mundial sacudió al mundo.

De forma casi simultánea, siete atentados golpearon la noche de París, con sus bares y terrazas llenos de gente gracias a un clima agradable.

Con armas y bombas, los terroristas, algunos de ellos suicidas, atacaron las inmediaciones del Stade de France, donde jugaban las selecciones de Francia y Alemania; el teatro Bataclán, donde tocaba la banda estadounidense Eagles of Death Metal, y cafés y restaurantes de los distritos X y XI. En todos esos lugares se repitieron escenas de muerte, desconcierto y pánico.

"Daremos batalla y seremos implacables", declaró el presidente François Hollande a medianoche, al visitar el teatro Bataclán, lugar del principal atentado, que dejó al menos 112 víctimas. En su primera intervención había anunciado que "decretaba el estado de emergencia, el cierre de las fronteras y la movilización de todas las fuerzas del orden". Hasta anoche, ningún grupo se había adjudicado el ataque.

Esta acción coordinada superó la cantidad de víctimas y el impacto psicológico que provocaron los atentados, de enero, contra la revista Charlie Hebdo y un supermercado judío. Esas dos jornadas trágicas dejaron 20 muertos.

El presidente se dirigió de inmediato al Ministerio del Interior -ubicado enfrente del Palacio del Elíseo- y puso en funcionamiento una célula de crisis que se activa en los casos de extrema gravedad. También asistieron a la reunión el primer ministro, Manuel Valls, y el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve.

La primera decisión fue declarar el denominado Plan Rojo Alpha, que corresponde a la categoría "multi-atentados".

A medianoche, Hollande organizó una reunión de emergencia del gabinete nacional y para hoy convocó a una reunión del Consejo de Defensa (organismo que equivale a un gabinete de guerra).

Hasta avanzada la medianoche no se había producido ninguna reivindicación de esos ataques, aunque militantes de Estado Islámico festejaron la ofensiva a través de las redes sociales.

Tampoco hubo gritos con las habituales consignas en árabe que suelen caracterizar las operaciones jihadistas. No obstante, según varios testigos que se hallaban en el Bataclán, antes de abrir fuego contra el público, uno de los terroristas habría gritado en francés: "¡Esto es por Siria!"

Partido

La operación terrorista sin precedentes, que comenzó aproximadamente a las nueve y media de la noche, se produjo en siete lugares de la capital y en las inmediaciones del Stade de France, donde Hollande asistía a un partido de fútbol entre Francia y Alemania.

En ese lugar se escucharon varias detonaciones de bombas y disparos de armas de fuego. El encuentro no fue suspendido y el público recién tomó conciencia de lo ocurrido cuando se aprestaban a salir.

Varios miles de espectadores se precipitaron al centro del campo de juego en previsión, mientras la policía patrullaba las inmediaciones e inspeccionaba las graderías en busca de explosivos o de terroristas ocultos.

Horas después, los franceses supieron que el ataque en las inmediaciones del estadio fue protagonizado por dos kamikazes, que provocaron la muerte de varias personas. Es la primera vez que se registra en Francia un ataque de esta naturaleza contra un lugar donde se celebra un espectáculo público.

La principal operación de la serie macabra se produjo en el teatro Bataclán, ubicado en el Boulevard Voltaire, en el distrito XI de la capital, donde un grupo armado ingresó a esa sala de espectáculos durante un concierto de rock.

"La sala estaba completa, de modo que sin duda hubo una masacre", afirmó un asistente poco después de haber logrado escapar. Al comenzar el ataque, un periodista de la emisora Europa 1 que cubría el concierto vio "por lo menos a tres hombres" armados con fusiles de asalto.

Los rehenes que consiguieron salir antes de la masacre, alrededor de 40, fueron acogidos en un café cercano para prestar declaración ante la policía.

Los terroristas dispararon primero indiscriminadamente contra el público y luego contra el escenario. Acto seguido, en lugar de retirarse, tomaron como rehenes a los espectadores y se atrincheraron dentro de la sala, donde permanecieron por lo menos dos horas hasta que comenzó el asalto a cargo de las fuerzas de élite de la Brigada de Investigaciones e Intervención (BRI).

La irrupción de las fuerzas del orden se produjo a las 0.40 de la madrugada y duró por lo menos 10 minutos. Según anunció horas después la prefectura de París, tres de los terroristas se suicidaron accionando sus cinturones explosivos.

Al entrar en la sala, los bomberos y los socorristas encontraron "un escenario digno del Apocalipsis", declaró uno de los médicos, mientras acompañaba a un herido hasta la ambulancia.

"Había cuerpos por todas partes, muertos o heridos, no sé. No se podía saber. Había verdaderos charcos de sangre, gente histérica y una situación general de caos absoluto", narró un comando de la BRI. "Es una carnicería", insistió.

A la 1.30 de la madrugada el presidente Hollande, acompañado del ministro del Interior, acudió al Bataclán para informarse personalmente sobre esa masacre sin precedentes.

Otro de los ataques importantes ocurrió en el bar Le Petit Cambodge del X distrito de París, donde un hombre armado con un fusil de asalto disparó indiscriminadamente contra los clientes, dejando numerosos muertos y heridos.

Igualmente se registraron tiroteos ante el restaurante Le Carillon, ubicado en la calle Bichat, en la zona de Halles, frente a un McDonald's de la calle de la Fontaine au Roi, y en otros dos lugares.

En pocos minutos, en París se instaló un auténtico clima de guerra. Al conocer las informaciones -a través de las redes sociales y de los alertas transmitidos a los celulares por la prensa- la gente abandonó precipitadamente los restaurantes y lugares públicos. La ciudad fue invadida de inmediato por el ruido de las sirenas de los automóviles de la policía, bomberos y ambulancias que se desplazaban a gran velocidad e incluso por las veredas y de contramano.

La alcaldía de París pidió a los residentes que no salieran de sus casas, mientras las fuerzas del orden estaban en estado de alerta máxima porque los autores de los tiroteos habrían conseguido darse a la fuga.

A las 22.30 horas se declaró el Plan Blanco en todos los hospitales de la región a fin de hacer frente a esta situación de emergencia que Francia no conocía desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.

Al mismo tiempo, se reforzaron las medidas de seguridad en los principales sitios estratégicos de París, se cerraron algunas estaciones de metro y se adoptaron medidas de extrema seguridad en aeropuertos, estaciones de trenes e instalaciones estratégicas.

Indicios

Hacía semanas que las autoridades esperaban un ataque coordinado, según indicaron fuentes del Ministerio del Interior. Apenas 48 horas antes las fuerzas de seguridad detuvieron a un islamista de 25 años que proyectaba un ataque contra el arsenal de la marina en la ciudad de Toulón, en el sur del país.

Esa operación al parecer estaba coordinada con los ataques concretados anoche en París.

Después de cinco horas de horror, que parecieron formar parte de una pesadilla, las fuerzas de seguridad parecían controlar la situación. Pero Francia, por primera vez después de mucho tiempo, no pudo dormir.

El miedo instaló en cada casa una amenaza de dimensión desconocida, que pone la muerte en el centro de la vida cotidiana del país.

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