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Desde adentro: feriado en las oficinas, fiesta en las calles y una decepción final tapada de cervezas

Crónica de un día que Barranquilla pensó de celebración y terminó sufriendo en el estadio Metropolitano, donde la Argentina logró apaciguar tanta efervescencia previa

Martes 17 de noviembre de 2015 • 20:53
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LA NACION
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Foto: AP

BARRANQUILLA, Colombia (De un enviado especial).- A las 15.30, la hora en que da comienzo el partido, el termómetro marca 28°. La indisimulable humedad cercana al 90 por ciento ha convertido al estadio "Roberto Meléndez" en una gran olla a presión dónde se cuecen, a partir de ese instante, las aspiraciones de la selección nacional. Pero tamaña jornada arrancó mucho antes de que los futbolistas argentinos abandonaran los pisos 4 y 6 del hotel de la zona nueva de Barranquilla donde operaron casi en secreto durante las 36 horas anteriores.

La ciudad amaneció gris de plomo, pero inundada por una peculiar marea amarilla. Todo ser viviente que se desplazaba en el espeso clima de la mañana calzaba el orgullo a flor de piel en forma de camiseta de la selección. Desde los hinchas de a pie hasta los funcionarios, los choferes de taxi o los dependientes de las tiendas, los vendedores ambulantes o los conserjes, la masa desperdigada por las calles y las carreras de Barranquilla uniformizó el ambiente. Costaba encontrar en ese marco las camisetas albicelestes que, hasta el lunes, muchos colombianos lucían ufanos como prueba de su amor y su respeto por el fútbol argentino.

En televisión, Pilar Rubio, la madre de James Rodríguez, contaba anécdotas de cuando su hijo de 15 años llegaba a Banfield y no ocultaba su admiración por Julio Falcioni, otro personaje muy famoso aquí. El jefe de la policía pedía ante las cámaras que los hinchas no llevasen pólvora al estadio y que llegaran temprano a la caldera con forma de anillo de dos bandejas, al sur de la ciudad. Gracias a la lluvia que se derramó durante casi todo el lunes sobre la zona, la temperatura no despegaba a hacia los límites insoportables que se estimaban

La calle 45, por la que discurre el Transmetro hacia al estadio, colapsó mucho antes del mediodía, momento en el que la ciudad dispuso el asueto administrativo. Barranquilla se transformó decididamente en una comunidad tomada por el fútbol, colonizada por la pasión. El tapizado amarillo de las tribunas del Metropolitano crecía con consistencia cubriendo el tinte blanco, rojo y azul de las butacas con su resplandor. En las afueras, algunos hinchas demoraban su ingreso para apurar porrones de cerveza a 2.000 pesos (unos seis a siete pesos argentinos) comiendo chicharrones, carne frita. Adentro del estadio, el vaso de cerveza helada vale 5.000 pesos (unos 18 pesos) y no falta quien compra enormes latas de un litro a 20 mil pesos para matizar la paciente espera hasta la hora del encuentro.


Integrantes de la organización requieren la colaboración de colegas argentinos: hay que determinar si son fieles las grabaciones del himno nacional argentino

Algunos rumores de suspensión del partido por amenaza de tormenta eléctrica, que repicaron desde aquí hacia Buenos Aires, causan extrañeza. Las previsiones de posibilidad de lluvia jamás superaron el 25 por ciento. "El partido se juega a la hora señalada" despeja incertidumbres el flamante presidente de la Federación colombiana, Ramón Jesurún. Nadie lleva paraguas: en todo caso, el objeto más preciado en el estadio son los abanicos que regalan los sponsors, imprescindibles para soportar el rigor del clima.

A las 13, cuando faltan dos horas y media para el inicio y la Argentina se prepara para salir rumbo al Meléndez (llamado así en honor al primer futbolista colombiano vendido al exterior: en 1935 se fue a jugar a Cuba…), el estruendo es ensordecedor. La cumbia resuena por los altavoces y contra el cemento repica el agudo silbido de cientos de cornetas. El cielo se abre y el sol da inicio a un inesperado freído a rayo lento. Integrantes de la organización requieren la colaboración de colegas argentinos: hay que determinar si son fieles las grabaciones del himno nacional argentino que poseen. Una versión rapidita e instrumental se utilizará en la ceremonia previa.

Foto: Reuters

"No es la guerra, es un partido de fútbol, nada más –filosofa John Romero, de la organización- Lo que pasa es que aquí, al club más popular de Barranquilla, el Junior, lo han nutrido de gloria muchos futbolistas argentinos, y por eso el respeto". Romero recuerda a Carlos Babington, el Inglés de Huracán, que "se cansó de asistir a los delanteros en el viejo estadio Romelio Martínez" y cuenta una infidencia. "El ídolo argentino máximo del Junior fue Juan Ramón Verón, que le permitió ganar su primer título de Liga. El trajo a la ‘Brujita’ (Juan Sebastián) de chico a Barranquilla y aquí ya pateaba… debimos haberlo naturalizado entonces para la selección" bromea.


Algunos hinchas portan una bandera celeste y blanca, con una equívoca inscripción: "Argentina, te queremos… ver perder hoy"

Dos horas antes del inicio, las cabeceras lucen casi llenas. La voz del estadio arenga a los hinchas, que a diferencia de los jugadores no necesitan dosificar la energía y la transforman en un barullo incómodo. El clima es decididamente festivo. Un hincha envuelto en una bandera con la leyenda "Colombia un nuevo sueño Rusia 2018" porta una réplica de la Copa del Mundo. Otros aparecen portando una celeste y blanca, con una equívoca inscripción: "Argentina, te queremos… ver perder hoy". Colombia arriba al Metropolitano, entre aplausos, a las 13.40; la selección de Martino y su numerosa legión de dirigentes que le guardan las espaldas lo hace quince minutos más tarde. "La continuidad del técnico no está en duda" declama el presidente de AFA, Luis Segura. Una solitaria bandera argentina colgada de la bandeja norte delata la presencia de un puñado de hinchas visitantes.

Afuera del estadio, la fiebre crece y por las últimas plateas de reventa llegan a pagarse hasta 250 dólares. "Este no es cualquier partido" se escucha decir. A Teo Gutiérrez un hincha le arroja una camiseta del Junior, donde jugó hasta 2010. Es una Colombia hospitalaria y amable la que recibe la bendición de un partido de esta trascendencia.

El ambiente creció hasta la hora del inicio. Lo que vino después resultó un cambio de roles. La Argentina ausente del marco terminó convirtiéndose en protagonista antes de hacerse cargo de su primer triunfo en estas Eliminatorias para Rusia 2018.

pv/ae

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