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Placeres ambiguos

Sobre Malos sentimientos, de Inés Fernández Moreno

Domingo 22 de noviembre de 2015
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PARA LA NACION
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Así suceden las cosas, piensa, minúsculos acontecimientos entretejiéndose segundo tras segundo, de forma azarosa, demencial, hasta que estalla el desastre." La frase pertenece a "Mostacillas", uno de los mejores cuentos de Malos sentimientos, el nuevo libro de Inés Fernández Moreno, pero la idea refleja, de manera expresa o más o menos tácita, el núcleo de todas las historias que lo componen: algo se desacomoda, algo en ocasiones imprevisto, pero que en otras funciona como un eslabón, uno particularmente áspero, de una cadena más extensa que por momentos coquetea, incluso, con la idea de destino. La lucidez, así como la rigurosidad formal de Fernández Moreno, residen en saber atrapar ese instante. Un instante que a veces es una ráfaga, pero otras tantas aparece como una suerte de tiempo suspendido, aletargado. Un instante que puede ovillarse, recrudeciéndose o resignificándose de inmediato una y otra vez; o bien un incidente que los años logran silenciar, para que luego resurja con inesperada voracidad.

Pero esos episodios toman otro cariz, otra contundencia, a partir de un eje inquietante: esa oscuridad que todos guardamos dentro, que se regenera en mil rostros, y que por cierto nos mantiene a salvo hasta que comprendemos que no se trata de algo ajeno. "Me fui masticando su veneno. Qué fácil es alimentar los malos sentimientos" se dice, con pretendida inocencia, en una de las tres fábulas que cierran el volumen. Con inteligencia, Fernández Moreno desembarca en el título del libro -Malos sentimientos- como a la pasada, cuando ya hemos masticado largamente ese veneno en el que solo nos queda reconocernos. Naturales, espontáneos, a veces hasta justificables, esos malos sentimientos devuelven a sus protagonistas con brutalidad a su pequeñez, alejándolos de esa ilusión en la que el mundo es blanco o negro. El mundo de los que están de este lado, el nuestro, y el de los que están de aquel: los otros. En otro de los cuentos se precisa, con feroz clarividencia, eso que en ocasiones es un descubrimiento, una revelación teñida de cinismo: "La tragedia se derrama como un agua podrida y los que alcanzan a dar un salto atrás para no mojarse, se quedan jadeando, estremecidos de susto y de un alivio en el que se cuela una gota de oscuro placer".

Estas catorce piezas que despliegan dos modos de clasicismo (en las secciones "Once cuentos" y "Tres fábulas") contienen diversas modulaciones de ese "oscuro placer", de esa ambivalencia o -en otros casos- ambigüedad que a veces nos desenmascara, o solo nos sitúa en la realidad, es decir en su espesura. Es notable cómo Fernández Moreno encuentra siempre una modalidad nueva para describirlo, o incluso dejando espacios en blanco para que esos sentimientos terminen de tomar forma por sí mismos con demoledora certeza. Así, un cuento como "Huevos" no narra tanto una experiencia singular -la anécdota es sencilla, aunque peculiar: a un joven compositor argentino que sobrevive en Barcelona le roban su flamante computadora y emprende una búsqueda detectivesca para recuperarla- como una serie de actitudes, de mezquindades y vilezas mínimas, que dejan al desnudo al músico. En "Una isla", la oscuridad está en el otro, pero las resonancias de la fatalidad alcanzan a la protagonista como ecos envenenados. Otras veces, como en "Inventario" o "Un número de cinco cifras", lo negativo es una reacción, algo intuitivo; algo de lo que tal vez haya que arrepentirse durante mucho tiempo.

Entre los cuentos más logrados de la colección, "Venganzas" confirma la ductilidad de la autora para la comedia -un rasgo que aparece con frecuencia, especialmente en "Oxímoron" y en las fábulas-, aquí reproduciendo el modelo del cazador cazado y, como casi siempre, sembrando una nota de melancolía que la sonrisa no logra despejar. Dos relatos acaso se sitúen por encima del resto: "Déjenla sola", un ejemplo, perfecto en su contención, de hasta qué punto alguien puede desconocerse a sí mismo mientras las circunstancias no lo ponen a prueba; y el citado "Mostacillas", capaz de recordarnos aquella aspiración o espejismo de que en un cuento cada palabra debería mostrarse imprescindible.

MALOS SENTIMIENTOS

Por Inés Fernández Moreno

Alfaguara

169 páginas

$ 199

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