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Ningún superministro

Jueves 26 de noviembre de 2015
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La decisión de Mauricio Macri de subdividir el área económica en varios ministerios (que pueden ser 6, 10 o 12 según como se la interprete) constituye una definición en sí misma: no habrá un "superministro" de Economía al que deberán subordinarse necesariamente todas las medidas.

Este esquema supone una oportunidad, si se recuerdan algunas experiencias del pasado (Rodrigo, Cavallo, Kicillof), o un riesgo, si empantana la toma de decisiones. Macri apuesta al trabajo en equipo, coordinado por Marcos Peña, y tendrá la última palabra después de que sus ministros evalúen de antemano costos y beneficios. De hecho, hace tiempo que en su entorno hay un debate interno sobre qué políticas serán de shock (como el fin del cepo cambiario, los tipos de cambio múltiples, las retenciones y el exceso de intervencionismo sobre la actividad productiva) y cuáles más graduales (como la política fiscal, monetaria, la reducción o redireccionamiento de los subsidios a la energía y el transporte o el descenso de la inflación).

Otra definición importante y que avala la anterior es la diversidad de antecedentes de quienes se harán cargo de las carteras el 10 de diciembre. Hay un poco de todo. Este mix incluye figuras con experiencia en el sector privado, en el sector público y en la actividad legislativa. También desarrollistas, keynesianos, heterodoxos, algún que otro ortodoxo y profesionales con mucho pragmatismo, a contramano de los últimos años de dogmatismo económico. Casi todos conocen con qué situación se encontrarán en cada área, más allá de las sorpresas que surjan de la inesperada ausencia de una transición formal y medianamente ordenada, como la que acaba de disponer de hecho Cristina Kirchner cuando faltan apenas siete días hábiles para el traspaso del mando presidencial.

Como ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay tendrá protagonismo, aunque esa cartera haya sido recortada. Deberá catalizar la herencia de serios desequilibrios macroeconómicos que recibirá el nuevo gobierno -entre ellos un Banco Central sin reservas- y aconsejar dónde apretar el acelerador o el freno según las circunstancias. Su experiencia cambiaria y monetaria, así como sus contactos con el mundo financiero, contribuirá a reabrir el acceso al crédito externo y negociar un final razonable para el conflicto con los holdouts. Otro rol clave le corresponderá a Alberto Abad, antecesor y ahora sucesor en la AFIP de Ricardo Echegaray, el único funcionario que anticipó su renuncia si el FPV perdía el ballottage. En cambio, Federico Sturzenegger presidirá el BCRA cuando se resuelva en el Congreso la situación de Alejandro Vanoli, con mandato legal hasta 2019. Carlos Melconian, a su vez, presidirá el Banco Nación.

A diferencia de lo que se presuponía, no habrá en el equipo económico tantas figuras provenientes del sector empresario. Una excepción es Juan José Aranguren, el ex presidente de Shell que ya venía actuando como virtual referente en el área de Energía, a la que sumará Minería. Ninguno le envidiará la tarea que tendrá por delante. El sector energético es una intrincada madeja difícil de reordenar, con tarifas congeladas, subsidios a granel, inversiones postergadas y, para colmo, bajos precios internacionales para el petróleo y altos precios internos para los combustibles. Otra es Susana Malcorra al frente de la Cancillería, cuya experiencia en el sector privado (IBM, Telecom) y en la ONU le augura un rol importante en la recomposición de relaciones económicas con los países occidentales. A ellos se sumará Gustavo Lopetegui (LAN) en la Jefatura de Gabinete. Sólo para la dialéctica del kirchnerismo, de confrontación entre el sector público y privado, estas incorporaciones serían un pecado.

Justamente lo que se necesita es una articulación entre uno y otro lado del mostrador, como la que puso en práctica Lino Barañao. Su continuidad al frente del área de Ciencia y Tecnología fue la mayor sorpresa de ayer. En el mismo sentido van las designaciones en Agricultura, Producción, Modernización, Transporte, Turismo y Medio Ambiente. En definitiva, el desafío de Macri es movilizar recursos naturales, humanos y dólares "encanutados" para que la economía vuelva a crecer, genere inversiones públicas y privadas y empleos genuinos. Hasta la única vacante (Trabajo) revela la complejidad de la tarea por delante para sumar y no dividir.

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