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Pedro Mairal: "Estamos en una época bastante ecléctica, muy diversa"

A punto de que se reediten todos sus libros, el autor de Una noche con Sabrina Love revisa su trayectoria y las marcas de su época; "los blogs ayudaron a liberar la mano," dice

Lunes 30 de noviembre de 2015
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LA NACION
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Foto: Victoria Gesualdi / AFV

Después de que Una noche con Sabrina Love ganó un premio de novela, no volví a presentarme a concursos. Yo había ganado con un jurado de lujo, con Cabrera Infante, Bioy Casares y Roa Bastos. Me dije: «Dejemos esto por un tiempo». Además, los premios generan lecturas previas y los argentinos tenemos esa cosa desconfiada", dice Pedro Mairal al recordar sus inicios como escritor. Desde 1998 su obra ha crecido de manera pausada y sólida, con libros insoslayables en el panorama de la literatura nacional, como Salvatierra y El año del desierto, recientemente reeditado por Emecé en un plan de publicaciones que incluirá una nueva novela en 2016 y un libro de cuentos para 2017. Con distintos seudónimos, Mairal escribió también parodias de poesía pornográfica y ficciones eróticas, y un libro de narrativa en verso: El gran surubí. En la escritura de Mairal subyacen acentos nacionales y en muchas de sus narraciones la civilización está amenazada por el advenimiento de un futuro primitivo, violento, caótico.

En este momento no estoy escribiendo poesía, de vez en cuando algunas cosas, pero sueltas; no tengo un libro armado. Los poemas se van acumulando y se vuelven un libro en algún momento. Lo último que tengo de poesía son los pornosonetos que publicaba con el seudónimo de Ramón Paz. Eso probablemente salga todo junto en editorial Garrincha; uno lo sacó Eloísa Cartonera y otros dos los sacó Vox, de Bahía Blanca. Yo estaba escribiendo El año del desierto y cuando me trababa escribía como al margen esos poemas; para mí eran como unos ejercicios, donde iba todo: en la cajita del soneto, en el formato clásico, entraba todo lo berreta, las obsesiones, temas sexuales. Los pensé para no mostrárselos a nadie. Era como una escritura automática, estaba fuera del plan de la novela, fuera de la voz de la narradora también de El año del desierto. Eran como una especie de cajitas donde detonaba así la palabra, para destrabar. Cuando estas escribiendo una novela, a veces te trabás un poco, tenés momentos un poco desesperantes.

Los blogs dieron un marco de libertad, de liberador del superyó literario, que siempre está, siempre almidona un poco, siempre endurece la escritura la idea de escribir literatura. Los blogs ayudaron a eso: a aflojar la mano. Y después está lo que implica escribir online también hoy en día, qué significa que tu máquina de escribir es todas esas otras cosas que es, ¿no? Correo, enciclopedia, televisión, archivo, identidad, redes sociales, qué pasa con la escritura ante eso.

Trato siempre de no repetirme y de experimentar. Me parece que no es tanto un estilo al que me subo y me sale, sino que cada libro me tiene que decir cómo debe ser escrito y yo lo tengo que descubrir, y cada libro es un descubrimiento, en cada libro tengo que aprender a escribir ese libro. No es una moto a la que me subo y mi estilo ya funciona, o por lo menos no me interesa, busco que cada libro diga algo distinto o algo nuevo para mí. Y eso tiene que ver con que te van pasando distintas cosas a lo largo de la vida.

Cuando salí del mundo de las editoriales grandes y me fui a editoriales independientes y publiqué poesía, columnas, una novela en sonetos, lo que provoqué fue que mis libros de narrativa no estuvieran más en las librerías. Lo hice un poco adrede, como para bajarme de esa expectativa propia de la novela, del narrador que publica, y me fui dando cuenta de que la gente me preguntaba dónde estaban mis libros. Una noche con Sabrina Love y Salvatierra tienen como cinco o seis traducciones cada uno, los libros crecieron afuera y no estaban más acá; eso era raro, porque al fin y al cabo yo escribo para los argentinos de ahora, si eso se extiende afuera bienvenido sea, si se traduce muy bien, pero escribo para la gente que está ahora en la Argentina, en América latina, aunque en ningún momento latinoamericanizo mi lenguaje para que me entiendan más.

A veces, de vez en cuando, me piden cuentos. Una revista colombiana una vez me pidió un cuento erótico basado en alguno de los diez mandamientos. Los colombianos, que son bastante católicos, creen que eso es una cosa muy transgresora. Hoy acá a nadie se le ocurre. Y bueno escribí un cuento para una revista y quedó bien. Hay cosas que no me gusta cómo quedan y dejo que se pierdan, que se vuelvan el diario de ayer, y hay cosas que las recupero. A veces no acepto, te proponen temas medio ridículos, pero hay veces que sí, y entonces te hacen pensar cosas que nunca hubieras pensado si no era porque te lo proponían.

No todo lo que leo me gusta. Me gustan cosas muy diversas, y a veces me doy cuenta de que simplemente no estoy preparado para eso; las primeras veces que leí la poesía de Santiago Llach o de Washington Cucurto en los años 90 para mí fue duro. Pensé: "¿Esto también es poesía?". Tenía una impronta muy clásica, nerudiana, y de pronto leer eso para mí fue un sacudón, y en su momento no podía decir que me gustó, me impactó. Y ese tipo de sacudones te abren puertas a veces, te muestran otras posibilidades. Me parece que estamos en una época bastante ecléctica, todo el mundo escribe cosas bastante distintas, y entonces ver las distintas direcciones en las que va la escritura actual me permite asomarme a un mundo de posibilidades narrativas. La mirada del poeta en la narrativa siempre me interesa.

Me interesa el tiempo, el paso del tiempo, la transformación, la sensualidad, el erotismo, pero no pienso así, nunca pienso desde el tema, pienso más desde situaciones, historias, y después me doy cuenta de que sí hay temas recurrentes. Después, el desvío me interesa mucho, la gente que tiene su vida armada y prolijita y de golpe algo la saca, eso es un tema que aparece bastante. El viaje también, un desplazamiento de lo urbano a lo rural, la ruta. Hay algo que les pasa a algunos escritores de mi generación: nos criamos con los abuelos literarios, los que deberían haber sido nuestros padres no estaban, no estaban en las bibliotecas en ese momento, porque estaban silenciados. Pienso en Walsh, en Conti, Di Benedetto. Borges para mí es una voz genial que me ilumina con su inteligencia, pero no tengo necesidad de matarlo.

Es un error no leer a los contemporáneos. Hay muchas cosas interesantes. Yo siento que cuando escribo tengo a mis contemporáneos en la cabeza y a los abuelos, y esas dos cosas funcionan como vanguardia y tradición, que siempre están en tensión en la escritura de cada uno, porque vos tenés por un lado tu manera de tratar de decir tu época y la manera en que se ha dicho, en la escritura de lo que admirás, entonces me parece que todo el tiempo eso está en juego, la resultante de esas dos fuerzas es el estilo de cada uno.

Buenos Aires, 1970

Su primera novela, Una noche con Sabrina Love, fue llevada al cine por Alejandro Agresti. Publicó también El año del desierto y Salvatierra, quizás una de las mejores novelas de la literatura local. Es autor de un libro de cuentos, Hoy temprano, y de varios libros de poesía. El equilibrio reúne algunas de sus columnas para Perfil, escritas a lo largo de cinco años. En Chile, acaba de editar Maniobras de evasión, un conjunto de crónicas

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