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Lo bueno, lo malo y lo realista sobre el cambio climático

CLAROSCUROS. La cumbre que acaba de terminar en París cierra un ciclo iniciado hace 23 años

Domingo 13 de diciembre de 2015
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PARA LA NACION
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PARIS.-Creer que el vaso está medio vacío o medio lleno no sólo es cuestión de temperamentos, sino también de intereses y puntos de vista. Las cumbres de cambio climático que organiza la ONU desde hace más de dos décadas, y en particular ésta de París que acaba de terminar, son escenario de una especie de reunión de consorcio mundial donde ponerse de acuerdo parece por momentos del orden del azar, lo religioso o lo trascendental. Además, una vez conseguidos los compromisos, también son dados a las más diversas interpretaciones.

Para resumir esas posiciones, aquí se las sintetizará en tres grandes grupos. El planteo positivo, el negativo y una especie de tercera posición (siempre existe el equidistante, o que pretende serlo, grieta más, grieta menos), que resume el largo camino desde aquella fundacional conferencia de Río de Janeiro en 1992 hasta la que se cerró ayer en esta ciudad (aunque continuará en Marrakech, Marruecos, en diciembre de 2016). Interpretaciones para todos los gustos.

El lado pesimista

Las cumbres siempre son un fracaso y, además, un fracaso oneroso. Son miles de funcionarios, miembros de ONG, empresarios y periodistas que viajan por todo el mundo, además en aviones que generan toneladas de dióxido de carbono y empeoran el cambio climático. En París, por ejemplo, hubo más de 40.000 acreditados y la primera impresión que generó fue la de un enorme circo, mezcla de feria y foro de negocios. Además, no se viaja solamente una vez por año: hay reuniones preparatorias, que pueden ser en Bonn o Nueva York, por poner los ejemplos de este 2015. En estos veintipico de años estas miles de personas anduvieron por Varsovia, Cancún, Lima, Durban, Bali, Copenhague y dos veces Buenos Aires (aunque pocos lo recuerdan). Todo eso genera una casta singular que además se maneja con una jerga casi inaccesible para el resto de los mortales.

Eso no sería nada si no fuera porque, según los análisis científicos de las reducciones en emisiones de gases de efecto invernadero prometidas de manera unilateral por cada país (INDC, la novedad de esta COP21), la temperatura igual aumentaría 2,7°C sobre final del siglo, lo que sería catastrófico para la biodiversidad, la provisión de agua para consumo y producción, la economía y tantas otras actividades humanas. El límite total de riesgo es 2°C respecto de la situación preindustrial; es más, muchos querrían que no se llegara siquiera a ese número, que liquidaría el ya escaso potencial agrícola de muchas zonas de África e inundaría a varias islas del Pacífico (y posiblemente al Río de la Plata), por citar los casos más extremos de un colapso que, como todos, afectaría más a países pobres y a los más pobres dentro de los países ricos.

Pero lo cierto es que la posición de los países petroleros y el fuerte lobby de los empresarios afectados parece haber tenido su éxito. Y, además, todavía existen muchas "cabezas carbonadas", como señaló por aquí una colega argentina: "¿Realmente no va a haber más nafta, más petróleo? Es imposible: ¿y el auto, y la luz para Internet?"

Mientras tanto la temperatura sigue en aumento y nuevamente 2015 será el período de doce meses más caliente del que se tenga registro (es decir, unos doscientos años). Y el período 2011-2015, el lustro récord en idéntico sentido.

Está bastante claro que reemplazar enteramente la estructura industrial productiva, no de un país, no de un bloque comercial, sino del planeta todo resulta un negocio fabuloso que algunos ya advirtieron, como Bill Gates (Microsoft), Mark Zuckerberg (Facebook) y Richard Branson (Virgin), que anunciaron megainversiones. Algo que además les da cierta pátina de salvadores del mundo. Negocios y relaciones públicas: la mezcla perfecta. ¿Eso implica que el cambio climático es mentira? Desde luego que no, pero lo que advirtieron hace ya algunos años (y ahora se evidencia) los miembros de la Secretaría de Cambio Climático de la ONU es que es imprescindible que al capital le convenga esto; si no, se va todo al tacho, por decirlo con un academicismo.

En el tratado de París iba a haber una mención al derecho de los pueblos indígenas que fue removida a pedido de Estados Unidos. "La delegación de Obama llevó a otros Estados hacia una estrategia que permite que las grandes petroleras contaminen comunidades y amenacen la vida de las comunidades indígenas. Esta COP21 lleva a masivas violaciones de los derechos humanos", dijo Cindy Wiesner, de la Grassroots Global Justice Alliance. Por último, aquí se habló mucho del fracking, pero nada de eso quedó en el texto final. Y así con muchos temas tratados en las sesiones plenarias y en los eventos paralelos que no se reflejan en el texto final acordado. Un gran esfuerzo en vano.

El lado optimista

Se avanzó, y mucho, en varios aspectos en todos estos años. Ya nadie duda de que existe el cambio climático generado por la actividad humana industrial y de que hay que hacer algo (o más) al respecto, lo que constituye un enorme paso adelante. Los informes científicos son cada vez más certeros en ese y otros sentidos.

Se ha progresado tanto en estas 21 cumbres que hasta países petroleros como Arabia Saudita tienen que buscar trampas retóricas para cuidar sus intereses (y, por otra parte, ¡ya han invertido millones en energías renovables!). O como Venezuela, que pese a cierta reticencia a acompañar al concierto de naciones capitalistas, también señaló que los acuerdos son imprescindibles. Estados Unidos, que desconfía casi por genética de las cumbres multipolares (prefiere la bilateralidad), después de las administraciones negacionistas de los Bush y tras Katrina, con Obama ha reconocido y empujado el tratado bajo el paraguas de la ONU. También la Unión Europea, que se carga con buena parte de los 100.000 millones de dólares anuales (todo un número) con que contará el Fondo Verde para que otros países se adapten a las nuevas condiciones climáticas. Del mismo modo resultan conmovedores y estimulantes los esfuerzos unilaterales de países y ciudades sueltas alrededor del mundo, como Costa Rica y Bogotá o Curitiba, o la incipiente Red Argentina de Municipios frente el Cambio Climático, que se han enfocado en el tema con fuerza, más allá de los resultados concretos de las "cumbres".

Ahora, el tema no sólo es cuestión de científicos y políticos, sino que también la sociedad y los empresarios han advertido que no tiene sentido invertir en energías que ya son -por abrumador consenso- propias del pasado. El esfuerzo de tratar de mover la economía a través de energías menos sucias incluso ya da sus frutos. Este año por primera vez bajaron las emisiones contaminantes (un 0,6%), pese al crecimiento de la economía global (alrededor del 3%). ¿La explicación? China está en proceso de quemar menos carbón y eso es todo un dato para el país de los 1400 millones de habitantes. La India, otro megacontaminador, también ha dado señales claras en Francia de un compromiso muy fuerte.

Las cumbres además son caja de resonancia de muchos temas ambientales que, aunque no sean tenidos en cuenta en la letra de los tratados, generan masa crítica y legitimidad para tomar decisiones que favorezcan la mejora de situaciones particulares, como pasó aquí con el fracking.

Finalmente, pero la lista seguiría, la gran novedad del último ciclo de negociaciones, los INDC presentados durante todo este 2015 implica que cada país se tomó en serio la necesidad de reducir emisiones. Fueron 186 de los 196 que forman parte de la convención y representan algo así como el 96% de las emisiones contaminantes. Y, aunque la acción comienza oficialmente en 2020, todos toman medidas preventivas.

La tercera posición

Entonces, con avances y retrocesos, posiblemente de un modo más lento que lo que la situación requiere y los científicos piden, este largo (larguísimo) proceso de negociaciones marca un hito y es lo más parecido que haya habido nunca a un gobierno mundial.

"Éste es el final de la tercera ola de negociaciones", dice a la nacion Alden Meyer, director ejecutivo de la Union of Concerned Scientists ("científicos comprometidos") de Estados Unidos. "El progreso no es claro ni todo lo directo que debería dada la información científica disponible, pero es progreso al fin", añade. Para Martin Kaiser, líder global de Greenpeace para políticas del clima, "París envía una señal de que la era de los combustibles fósiles ha terminado".

Entonces, ¿qué pasará de aquí en adelante? "Habrá que revisar y verificar las reducciones en emisiones de los países, pero tenemos una buena base para trabajar los próximos 15 años", dice el subsecretario general de la ONU, Magdy Martínez Solimán. "Ahora se viene la implementación de esas contribuciones nacionales, el llamado camino a Marrakech. Es un esfuerzo importante porque los recursos no están o llegan a cuentagotas, pero vamos en el sentido correcto", agregó.

Y la rueda sigue girando.

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