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Mi amiga Sissel en Noruega

Julián Gallo

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PARA LA NACION@gallo1
Domingo 13 de diciembre de 2015
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"Porque había alguien allí, en el fondo de ese pozo que es la infancia, y era ella, mi madre, mamá. [...] Ella estaba siempre allí, lo sé, pero no consigo recordarlo", escribe el escritor Karl Ove Knausgård en el tercer tomo de su novela monumental de 3600 páginas llamada Mi lucha.

Como a casi todos los que leen a Knausgård, su lectura me produjo por un tiempo una atmósfera mental envolvente que me seguía donde fuera. Su voz me acompañaba todo el día en la calle, me hablaba antes de dormir, me hacía comentarios sobre las cosas que veía, la gente, los árboles, la comida, las fotos, las nubes, el miedo... La vida de ese noruego que pasó su infancia en una isla remota durante los años setenta, temiendo a su padre, de repente era tan cercana para mí como si yo mismo hubiese vivido en Noruega, caminado por las calles con nieve y temido a ese padre. Mi lucha no es una novela cualquiera; todos los personajes de ese libro extraordinario son personas reales en la vida de Knausgård: su padre, su tío, su madre, su hermano, su esposa, sus profesores, sus vecinos. Las calles que nombra, las islas, los bares, las estaciones de tren, las playas, la escuela, todos existen o existieron.

Una tarde se me ocurrió ver el hotel donde Karl Ove, su esposa Linda Boström y sus hijos habían ido a pasar un fin de semana en Un hombre enamorado, el segundo tomo. Quería darme una idea del lugar, del ferry, de las distancias, de la vista, del aire del hotel. Lo busqué en Google, llegué a la página oficial y me quedé mirando las fotos. En otra ocasión, luego de leer que Karl Ove le dice a su hermano Ygve que su maestra vive en Sandum, fui a Google Maps y escribí "Sandum". Me apareció un punto a unos 60 kilómetros de Oslo. Tiré el hombrecito amarillo de Street View en uno de los caminos de Sandum llamado Akershus y vi los bosques primaverales, las casas sencillas, los setos, los carteles, el cielo de Noruega, lo que vería cada día la maestra de Knausgård. Haciendo clics anduve unos kilómetros mirando las casas y los bosques, como si paseara. También busqué los faros de Torungen, los cuadros de John Constable que recuerda Knausgård, encontré fotos de sus abuelos, de Linda jugando con sus hijos en unas hamacas, de su hermano con una guitarra, y de su mamá, Sissel Hatløy. De a poco fui creando mi propia versión transmedia del universo de Knausgård (https://youtu.be/9JP8GqhLOSI)

Un día se me ocurrió buscarlo en Facebook, pero Karl Ove no tiene Facebook. Di con su hermano, Ygve, y después con su mamá. Le pedí amistad a ella. Al otro día me aceptó. Desde entonces empezaron a aparecer en mi Facebook las cosas que comparte: fotos de encajes con comentarios en noruego, bordados artísticos, piezas de arte en crochet, links a entrevistas y reconocimientos en todo el mundo que le hacen a Karl Ove. A los posts de Sissel que me gustan les doy un like. Hace poco publiqué en Facebook un dibujo de un árbol y ella me dio un like a mí. Últimamente siento que este vínculo en Facebook también forma parte del libro de Knausgård, o es una forma de ficción avanzada donde los personajes cobran vida y nos dan likes para hacernos saber que están ahí. Como sea, Sissel es mi amiga en Noruega.

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