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Más jóvenes y de menos recursos, los rostros del auge solidario

El número total de voluntarios aumentó del 17% al 23%, según un relevamiento de Voices Consultancy; entre 30 y 49 años, del interior y de ingresos bajos, el perfil de los que empezaron a ayudar este año

Jueves 17 de diciembre de 2015
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LA NACION
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Delfina González, vecina del Merendero El Maná (Tigre), hace dos meses empezó a hacer pan para los chicos
Delfina González, vecina del Merendero El Maná (Tigre), hace dos meses empezó a hacer pan para los chicos. Foto: Eduardo Carrera/AFV

Desde septiembre pasado, Marcos Manzotti (36) dedica todos los martes a la noche a repartir viandas a las personas en situación de calle que se ubican cerca de la zona del Correo, en Córdoba capital. Se enteró por un familiar de la tarea de la Hospedería Padre Alberto Hurtado de la Fundación Manos Abiertas, que alberga a aquellos que quieren conseguir un trabajo, un techo y reinsertarse socialmente, y se sumó. "Siempre recibí mucha ayuda por parte de distintas personas en mi vida, también del Estado y tenía ganas de retribuirlo de alguna forma", cuenta este joven que trabaja como agente técnico en la Policía.

Manzotti encaja perfecto con el nuevo perfil del voluntario: más jóvenes (el 41% tiene entre 30 y 49 años), con menos ingresos (el 54% es de nivel socioeconómico bajo) y del interior del país (77%). Así lo define la última encuesta de voluntariado de Voices Consultancy de 2015, publicada en el libro Argentina Solidaria, una invitación a ser parte escrito por Constanza Cilley. Si bien en los voluntarios históricos (de más de 10 años) el peso de las mujeres siempre fue preponderante (63%), en los recién llegados (el último año) no existe diferencias en cuanto al género: son 50% mujeres y 50% hombres. Esto muestra un claro avance masculino en tareas que históricamente fueron ocupadas por perfiles femeninos.

Estos nuevos datos, echan por tierra un estereotipo muy instalado del voluntario clásico que ya perdió todo tipo de vigencia: la señora mayor, de alto nivel adquisitivo, que no tenía obligaciones y quería hacer algo por los demás. "Hay mucha gente que opina eso. Por ejemplo, 3 de cada 10 personas cree que los voluntarios son personas de alto nivel socioeconómico. Y no es así. Es una minoría pero es significativa", sostiene Cilley, directora ejecutiva de Voices Consultancy. Hoy, el compromiso parecería haber calado profundo también en los jóvenes y en los barrios.

Es importante destacar que el peso de los recién llegados es el más relevante en la composición, ya que el 28% de los voluntarios iniciaron esta labor hace menos de un año; el 23% entre uno y tres años; el 9%, entre tres y cinco años; el 12%, entre cinco y diez años y el 24%, hace más de 10 años.

Son casi dos millones los nuevos voluntarios que se sumaron en 2015. Sin embargo, ese número no alcanza para modificar el índice general que se mantiene casi constante desde 1997 cuando Gallup realizó el primer relevamiento sobre esta temática en el país. En este sentido, la Argentina tiene que trabajar mucho en la promoción de este fenómeno, ya que si bien la inmensa mayoría de los argentinos se consideran solidarios, solamente 2 de cada 10 realizan tareas voluntarias (7,1 millones). Esta es una cifra bastante lejana al punto máximo de 32% que se alcanzó en 2002 (donde muchos argentinos movilizados por la crisis de 2001 se volcaron a esta tipo de tareas y) y que ubica al país en la posición número 46 en un ranking de 69 países.

"El voluntariado en la Argentina crece significativamente en el interior del país y entre los argentinos de edad media. Es interesante, también, señalar que el 65% de los voluntarios actuales trabaja", agrega Cilley.

Ayudar en el barrio

Si bien a nivel global, la tendencia es que a mayor nivel socioeconómico el voluntariado crece, en nuestro país este fenómeno no se da. Cuando se analiza la composición por segmentos socioeconómicos se detecta un cambio en la composición sociodemográfica. "En los voluntarios históricos hay una sobrerrepresentación de la clase alta y en los recién llegados existe una sobrerrepresentación de la clase baja. Además, los voluntarios de nivel bajo son los que más se sienten satisfechos con esta tarea. Eso quiere decir que se estaría dando como una movilización en los niveles más bajos", explica Cilley.

En esta línea, el análisis histórico de la composición por segmentos socioeconómicos muestra variaciones interesantes. En 1997, la estructura era la siguiente: ABC1 o ingresos altos (16%), C2C3 o ingresos medios (48%) y DE o ingresos bajos (36%). Si miramos a los voluntarios que arrancaron sus tareas en 2015, vemos que el perfil cambia sustancialmente: ABC1 (7%), C2C3 (39%) y DE (54%).

Margarita Barrientos, fundadora del Comedor Los Piletones de Villa Soldati, no se sorprende con este viraje. "Es así. Gracias a Dios nosotros tenemos un grupo de 30 mujeres voluntarias que colaboran todos los días con el comedor. Cocinan, barren, limpian. La gente del barrio es muy solidaria. Además tenemos voluntarios para barrer las calles, o que trabajan en el jardín de infantes que tenemos. Lo hacen porque es la manera de que salgamos todos adelante. La gente te brinda lo que tiene, vienen a arreglar cosas, a pintar, aportan lo que saben hacer", dice Barrientos, que en total cuenta con 80 voluntarios fijos y cientos que ayudan de forma esporádica.

Delfina González (51) también forma parte de este grupo que durante 2015, decidió hacer algo por su comunidad. Todos los miércoles, a las 15, cruza la calle de su casa para vestirse de voluntaria en el Merendero El Maná, en el barrio Las Tunas, en Tigre. Se pone el gorro, se ata el delantal y a los 10 minutos ya está cubierta de harina. Es la encargada de hacer el pan para los 160 chicos que asisten, por las tardes, a comer. "Un día me la encontré en la puerta a Delicia, la encargada del merendero, muy preocupada porque no llegada a cubrir las necesidades de las familias. Y le propuse colaborar haciendo pan. Arranqué hace dos meses porque amo cocinar, es lo que hago para vivir y esta es mi manera de ayudar a los demás. Lo hago por los chicos, porque quiero que ellos coman y porque me gusta saber que se llevan mis pancitos a su casa", dice González, mientras se afana por enseñarle a las madres presentes cómo se hace un pan dulce.

Nuevos voluntarios que muestran una manera diferente de ayudar: ya no más de arriba hacia abajo, sino entre pares.

Del interior

Marcos Manzotti (36)

Marcos Manzotti vive en la ciudad de Córdoba y hace tres meses se sumó a la tarea de la Hospedería Padre Alberto Hurtado de la Fundación Manos Abiertas. Desde entonces, dedica todos los martes a la noche a repartir viandas a las personas en situación de calle. "Siempre recibí mucha ayuda por parte de distintas personas en mi vida, también del Estado y tenía ganas de retribuirlo de alguna forma", cuenta este joven, que trabaja de agente técnico en la Policía. ßDel barrio.

Romina Beltrán (19)

Desde los 12 que empezó a ir con sus hermanos y su mamá a comer al Merendero El Maná, en Las Tunas, Tigre. Hoy, es ella la que lleva a sus tres hijos. Está desempleada, cobra la AUH y el año pasado se sumó a la cocina del comedor para ayudar a su madre que no daba abasto. "Cocino , reparto la comida. Lo que haga falta. Me parece bien que nos ayudemos entre todos. Mi hermanita dice que cuando mi mamá no esté, va a venir ella a cocinar", explica Beltrán. ßMás jóvenes.

Santiago Federico (32)

Arquitecto de profesión, Federido es, desde 2013, voluntario en Techo. Actualmente, es el coordinador del Área de Hábitat en el barrio Los Pinos de Escobar. Allí, junto a otro grupo de colaboradores, es el encargado del proceso de regularización dominial y de titularización de la propiedad por parte de los vecinos. "El intercambio con la gente del barrio es muy graticiante. Y las discusiones son de uno a uno", señala Federico.

Histórica. Cristina Presa (70)

VIve en Palermo, está jubilada pero lleva la docencia y las ganas de ayudar en la sangre. Antigua profesora de Lengua y Literatura, hace 10 años quiso tomar contacto con quienes realmente necesitaban ayuda. Así, se acercó al Hospital Fernández y se ofreció a colaborar. Hoy es la Coordinadora General de Voluntariado del hospital y también participa en alfabetización para adultos en la Parroquia Nuestra Señora de Loreto. "Es más lo que recibís que lo que das", dice Ávila Nores.

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