Los dramas del malvinense que pidió el DNI argentino

James Peck solicitó el documento para poder ver a sus hijos que viven en Buenos Aires y en 2011 se lo dio Cristina Kirchner en medio de un acto político; ahora se siente utilizado

Jueves 24 de diciembre de 2015

Cuatro pedazos de un plástico roto en los que se adivina un mapa de Argentina, una huella dactilar y la foto carnet de un hombre triste. Eso fue lo que quedó del documento argentino que el propio James Peck (47) eligió romper y subir a Facebook. "Este es mi documento argentino. Ha sido destruido", escribió Peck en la red social.

La imagen desató una nueva batalla en la guerra pública y privada que este artista viene librando desde el 14 de junio de 2011, cuando se convirtió en el primer malvinense que, después de la guerra, solicitó el documento argentino.

Atenta a la oportunidad que el caso brindaba a su política reivindicativa de los derechos argentinos sobre las Islas, Cristina Kirchner se montó sobre ese deseo de Peck y le dio ella misma el documento. Fue en un acto que se realizó en el helipuerto de la Casa Rosada, con ex combatientes, gobernadores, funcionarios y un ejército de cámaras de televisión.

La imagen de Peck -la camisa y la corbata negra, el gesto desencajado- recorrió el mundo y desató reacciones fuertes en las Malvinas. Sus propias hermanas lloraron frente al televisor. No era para menos. Malvinas es un pueblo chico, 2000 habitantes protegidos por otros tantos soldados, y con una identidad construida alrededor del rechazo a la Argentina.

Los Peck son descendientes de los inmigrantes británicos que habitan las Islas desde el siglo XIX y el propio padre de James, Terry Peck, fue un héroe de la guerra en la resistencia contra las tropas argentinas. Se escapó de la ciudad cuando llegaron los argentinos para unirse a los soldados británicos suministrándoles su conocimiento de la geografía local. Peleó en la batalla de Monte Longdon, la más cruenta de la guerra, y entró con las británicos a Puerto Argentino el día de la reconquista. Treinta años después, su hijo recibía de manos de la Presidenta la ciudadanía argentina. Para muchos en Gran Bretaña y, sobretodo en las islas, Peck era un traidor y así se lo hicieron saber.

-¿Cómo te sentiste en el acto donde te entregaron el documento argentino?

-Me sentí destrozado -dice Peck en un inglés pausado mientras mueve sus brazos -tatuados con frases de canciones y el nombre de sus hijos- con nerviosismo.

Es el viernes de la semana pasada y, asustado por la reacción, acaba de bajar el posteo de Facebook con su documento roto. Para él había sido una reacción visceral y cruzada por su mirada de artista, pero la violencia de algunas respuestas le dieron a entender que otros no lo vieron así.

-¿Qué te dijo la Presidenta ese día?

-Dijo algunas cosas pero no tengo ni idea. Bloqueé ese día de mi memoria, no tengo recuerdos.

-¿No fue un día feliz?

-No, fue un día surreal. Ese acto me arrancó de mi herencia. Ahora estoy tratando de remediar eso.

Lo rotura del documento, explica, cierra el círculo e intenta arreglar aquello que se rompió en 2011. "Esto no es contra Argentina, es contra el abuso político al que fui sometido", dice Peck intentando remediar una historia que, como muchas, arrancó con una mujer.

Las obras de Peck

María es una pintora argentina que viajó a Malvinas alrededor del 2000. Quiso conocer colegas locales y le pasaron la dirección de James, que le abrió la puerta de su casa con un mate en la mano. Se enamoraron, se quedaron viviendo en las Islas y tuvieron su primer hijo juntos, Jack. La situación era difícil, su familia transnacional no era bienvenida en Malvinas. Decidieron viajar y deambularon por la Patagonia argentina, Australia e Inglaterra. Tuvieron otro hijo, Juan, pero se terminaron separando. María volvió a Buenos Aires y James, a Malvinas.

A la angustia de la separación, James le sumó los problemas que le generaba su condición de malvinense con hijos en Argentina. En Migraciones muchas veces no le sellaban el pasaporte con el argumento de que venía de un territorio argentino y los problemas de jurisdicción derivados del conflicto territorial lo dejaban sin protección legal para solicitar que los chicos viajaran con él a las Islas, mucho menos para buscar trabajo en Buenos Aires y estar más cerca de ellos.

Pero la posibilidad de instalarse en la Argentina atraía a Peck no sólo por los chicos. Ya desde antes sentía la necesidad de romper con los prejuicios provincianos que, dice, priman en las Islas. Su adolescencia en Malvinas había sido difícil, estaba encerrado en ese pueblo repleto de viento y de miedo. Escuchaba los casetes de música punk que su primo le mandaba desde Inglaterra y se sentía solo.

Parte de esa condición de hombre aislado en una isla inhóspita y atravesada por la guerra se refleja en sus cuadros y en el libro que publicó hace casi tres años, Malvinas, una guerra privada. Peck pinta paisajes enormes y personajes pequeños. En varios aparecen mapas de Malvinas e imágenes de conscriptos argentinos. Como en su biografía, la guerra que sufrió cuando tenía 13 años atraviesa la obra de Peck.

Curioso y sensible, ya en 1996 había levantado cejas de preocupación en las Islas cuando viajó a Buenos Aires para exponer su obra. Aquel viaje iniciático derivó en una relación con Miguel Savage, un ex conscripto con relaciones con el gobierno de Cristina Kirchner, que se ocupó de gestionarle el documento argentino. También le dieron un empleo restaurando libros en el Archivo General de la Nación. Parecía que Peck ya tenía resuelta su nueva vida como ciudadano argentino, pero pronto las cosas comenzaron a empeorar.

Desilusión porteña

Pese a que lo intentaron en varias oportunidades y a que James se había instalado en Buenos Aires, la relación con María no prosperó. Peck también empezó a tener problemas en el trabajo porque consideraba que su sueldo no era justo. Pero lo central es que estaba incómodo con las manipulaciones a las que sentía, lo sometía la política.

-Fui manipulado por la gente involucrada en el trámite de mi documento y el trabajo.

-¿A qué gente te referís?

-A las personas que pusieron el asunto de las Islas por delante de la salud, la integridad y su amistad con alguien que no tiene con ellos malos sentimientos . Yo vine acá con los brazos abiertos y dispuesto a entregar lo mejor de mí. Pero la gente con la que lidié no tuvo interés en encontrarse a mitad de camino.

-¿Las decepciones que sufriste tienen que ver con tu vida personal o con la política?

-Lo que ocurre entre un hombre y una mujer no es muy racional. Pero si eso es problemático, todo el contexto exterior no es muy real y encima te quedás sin familia, o gente a la que recurrir, estás en el infierno.

-Podrías haber buscado trabajo por tu cuenta, fuera del Estado.

-Sí podría haberlo hecho, pero no es fácil. No estaba emocionalmente preparado. Decidí que me tenía que ir y me fui.

Rumbo a Inglaterra

Angustiado, un día de marzo de 2014, James agarró su abrigo, se levantó de su escritorio y abandonó su trabajo. Estaba mal y necesitaba ayuda psicológica.

-Algunos doctores estaban muy preocupados por lo que podía hacer y me mandaron a un instituto en Avenida de Mayo. Me explicaron que había perdido a mis padres (murieron a fines del 2000), me había mudado de una manera muy violenta y me había separado. Uno me dijo que estaba sorprendido que, con ese nivel de trauma, aún estuviese ahí.Yo pensaba que si podía volver con mi gente, aunque eso suene feo, podría atravesar el mal momento. Así fue que en el invierno de 2014 me fui a lo de mi hermana en Inglaterra.

James pasó una temporada en Gosport, un pueblo costero en el sur de Inglaterra, donde vive su hermana Tracy, pero extrañaba a sus hijos y hace dos semanas decidió volver a Buenos Aires. Una discusión con su ex mujer le disparó la frustración con toda su aventura en la Argentina y fue entonces que decidió romper el documento.

Ahora, sin embargo, acaba de pasar unos días en la costa con sus hijos y está más tranquilo, decidiendo si se quedará en Buenos Aires, volverá a Malvinas -una opción que vive como una derrota y no lo termina de entusiasmar- o se irá a algún otro lado. "En una de esas la guerra al fin terminó", se ilusiona en las vísperas de la Navidad.

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