Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

De las cápsulas del tiempo al escudo de optimismo

Domingo 27 de diciembre de 2015
SEGUIR
PARA LA NACION
0

Hace años, de manera casual, me tocó realizar la primera cápsula de tiempo en la Argentina. Hasta entonces ni siquiera se conocía en el país el concepto de guardar cosas dentro de un objeto artificial para enviarlas en forma de mensajes hacia el futuro. La idea apareció una mañana de 1989 mientras leía la nacion. Entre las noticias descubrí una breve nota que contaba cómo en 1937, el rector de la Universidad de Oglethorpe, en EE.UU, había decidido conservar en el sótano del edificio miles de objetos cotidianos intactos para las generaciones futuras, hasta el año 8113. Guardó los objetos dentro de burbujas de vidrio con un gas inerte, entre ellos un muñeco del Pato Donald, cerveza, trajes de hombre y vestidos de mujer, ropa interior, grabaciones con cantos de pájaros, un pisapapas, cinco televisores, libros, documentos... Sellaron el sótano con una puerta de acero que esperará 6000 años más para volver a abrirse, y lo llamaron "La cripta de la civilización".

Casi al mismo tiempo, la empresa Westinghouse realizó su propia idea de mensaje al futuro. Lo hizo para la Feria Mundial de Nueva York de 1939, un evento extraordinario que buscaba crear en la sociedad una imagen alentadora sobre el porvenir. Para aquella ocasión, Westinghouse inventó un cilindro metálico de poco más de dos metros con forma de nave espacial en el que guardó miles de documentos microfilmados y pequeños objetos. El cilindro se enterró luego a 15 metros de profundidad en una cama de hormigón para permanecer así hasta el año 6939. La empresa tuvo el hallazgo de bautizar a ese cilindro Time Capsule. Cuando se inauguró la feria, la cápsula fue una atracción instantánea para el público. Entre los cientos de miles de visitantes, hubo un niño de cinco años nacido en Brooklyn que quedó especialmente conmovido. Se llamaba Carl Edward Sagan. Treinta y nueve años después sería el famoso astrónomo creador de los discos de oro que aún llevan las sondas espaciales Voyager I y II hasta los confines del universo.

Para la realización de aquella primera cápsula del tiempo argentina pudimos entrevistar con la producción a muchísimas personalidades del país y del mundo. Todos fueron sometidos a un cuestionario con algunas preguntas en común. Una los dejaba perplejos: ¿qué es el tiempo? De las respuestas quedaron documentados los balbuceos de los entrevistados. Los más cultos lograron fugarse citando a Heráclito o la famosa respuesta de San Agustín. Los demás contestaron de forma infantil o cómica.

Yo nunca alcancé para mí una respuesta. Apenas sé del tiempo obviedades: que éste es el último domingo de 2015 para toda la eternidad, que es imposible volver al día de ayer, que todo lo que existe, desde los puentes hasta los árboles, desde el disco de oro de Sagan hasta Angela Merkel, existe ahora. Que lo demás, lo que fue, ya no volverá a ser jamás, y lo mismo sucederá con lo que aún no ha sido. Sé que a la larga no habrá nada. Visto con los ojos de la razón, mi optimismo es injustificable. Pero es lo único que tengo para andar.

Por eso lo busco como a una droga, lo cuido como a un tesoro, me escudo detrás de su fuerza, voy bajo su amparo, sin pensar. Feliz 2016.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas