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Una novela de Estambul

Sobre Una sensación extraña, de Orhan Pamuk

Domingo 03 de enero de 2016
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PARA LA NACION
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Pocos escritores contemporáneos han establecido una relación tan sustancial con el espacio como el nobel turco Orhan Pamuk (Estambul, 1952) en Una sensación extraña, su última novela. Lo espacial, es decir, el universo de los personajes mucho más allá de la anécdota que los reclama, es una dimensión que con demasiada frecuencia la literatura de estos tiempos desdeña en favor de la acción; el verbo, en definitiva, imponiendo su urgencia al adjetivo y a la percepción (es decir lo descriptivo, eso que tantos escritores consideran poco más que un mal necesario).

El autor de El castillo blanco, en cambio, hace del espacio un campo de batalla, una máquina de producción de sentido. Claro que el ámbito en el que la novela se desarrolla le ofrece infinitas posibilidades: nada menos que Estambul, la ciudad que es un símbolo de la lucha entre dos civilizaciones y, también, el espejo de un mundo en constante mutación. Ese movimiento, que entre otros efectos ha provocado que en menos de cuarenta años -de los años 70 a la actualidad- su población se multiplicara por cinco , dialoga con el constante devaneo y reacomodamiento interno de su protagonista, el vendedor de boza Mevlut Karatas; la "sensación extraña" del título, planteada ya cristalinamente en uno de los epígrafes iniciales del libro, es la de "no pertenecer a ese lugar ni a ese tiempo".

El hecho de que Mevlut sea vendedor de boza (y antes también de yogur, hasta que la producción de éste se industrializa) resulta fundamental para comprenderlo cabalmente. Se trata de una bebida fermentada hecha a base de trigo que él, como antes lo había hecho su padre, ofrece cada noche atravesando la ciudad, provisto de una vara y de dos enormes cántaros que hacen de mutuo contrapeso. Es una tradición que los pueblos han trasladado a la ciudad, pero que apenas logra resistir. No pocas de las escenas más conmovedoras de la novela parten de un llamado al vendedor de boza en el que el cliente le agradece con nostalgia la nobleza de su oficio, y a continuación le ruega que jamás lo abandone.

Ese sentimiento de extrañeza, en verdad, va transformándose o tornándose más complejo, y luego de unos cuantos años a Mevlut lo entristece ser testigo de la evolución de la ciudad -más allá del modo en que lo hace-, es decir, cómo aquella Estambul que conoció a su llegada del pueblo va desapareciendo, "pero también resultaba gratificante sentir que estaban haciendo algo por él, que estaban mejorando la ciudad en su beneficio. Ya no la percibía como un lugar que existía antes que él, en el que hubiera penetrado como un intruso".

Pero la sensación extraña del título remite, asimismo, a un episodio que marca su vida y que la novela resignifica una y otra vez: las cartas que Mevlut le escribió durante años a una mujer a la que sólo conoció de un vistazo, que a partir de entonces no lo dejó dormir y con la que -más tarde en la novela- terminaría por fugarse. Eso que en principio es un equívoco sitúa al protagonista repetidas veces en un terreno resbaladizo, y funciona en el texto como una suerte de estribillo, de amenaza silenciosa.

Aunque su núcleo responda en esencia al entramado entre dos familias -testarudas y sentimentales por igual-, lo cierto es que la ciudad, y acaso una época, son los verdaderos protagonistas de esta historia. Y pese a que por momentos Pamuk abusa de la impunidad del escritor consagrado contando cualquier cosa que se le ocurra, el triunfo de esta deliciosa novela radica no sólo en su diversidad de voces, a veces complementarias, otras contradictorias, sino en ese modo jazzístico de la literatura en el que de una melodía se desprenden múltiples improvisaciones. La vida de Mevlut es, por supuesto, esa melodía, y es posible que su ingenuidad y su sencilla y demoledora filosofía perduren en el tiempo sin esfuerzo. La vida de un pequeño hombre que, modestamente, recrea otra tradición, esa que dice que caminar es igual a pensar (y que en su caso, además, concibe el trabajo como una forma de oración). Un hombre que sólo consigue ser él mismo por las noches, vendiendo boza, respondiendo al llamado de un mundo que se niega a desaparecer.

UNA SENSACIÓN EXTRAÑA

Por Orhan Pamuk

Trad.: Pablo Moreno González

636 páginas, $ 369

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