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Mente digital: cuando no alcanza sólo con conocer la última tecnología

El imperativo del momento es adaptar nuestra forma de pensar al modelo digital, que casi implica rediseñar nuestra manera de vivir

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sonia@sociopublico.com
Sábado 02 de enero de 2016
Tim Lucas, profesor de Hyper Island, en una de sus clases
Tim Lucas, profesor de Hyper Island, en una de sus clases. Foto: Gentileza
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¿Cuál es la mejor estrategia para vender online? ¿O para usar big data? ¿Y para almacenar información en la nube? No importa. Todo es secundario si se logra una sola cosa: tener una mentalidad digital. La frase se impuso en el mundo de la innovación como objeto de deseo personal. Ya no se trata de entender las nuevas tendencias digitales, ni siquiera de anticiparlas. Hace falta sentirlas, pensar como ellas y -más aún- vivir de acuerdo con ellas.

El emprendedor sueco Per Håkansson personifica esta tendencia como nadie. Fundador de varias empresas digitales, entre las que se encuentran la consultora Makerminds y la agencia de publicidad Pop Up, Håkansson es un exitoso hombre de negocios, a pesar de lo cual no tiene casa propia. Como viaja con frecuencia, vive siempre en departamentos alquilados por Airbnb, y todas sus pertenencias caben en un bolso mediano. Asegura que para vivir de acuerdo con los nuevos estándares digitales es mejor usar los servicios en la nube que necesita, cuando los necesita, en vez de acumular objetos y quedar obligado a velar por ellos. Pasar de la obsesión por tener a la facilidad de acceder. En sus palabras, está experimentando "cómo recodificarse a sí mismo para vivir en un mundo móvil, cambiante y nómade".

Håkansson estuvo en Buenos Aires como parte del equipo de Hyper Island, la escuela de innovación sueca que está revolucionando la forma de aprender y enseñar creatividad. Amablemente invita a levantar un bolso negro de tamaño mediano donde tiene todas sus pertenencias: "Algo de ropa, la notebook, las cosas de natación, el celular, y nada más". Es realmente liviano.

Pablo Lorenzo, fundador de la agencia Palo Borracho y de las cadenas de comidas Green Eat y Tea Connection, sostiene que tener una mentalidad digital es "pasar de la resistencia a una actitud curiosa que te permita estar todo el tiempo dispuesto a cambiar".

Para Lorenzo, uno de los impulsores de Hyper Island en Argentina, lo que se aprende en un curso intensivo sobre mentalidad digital se puede aplicar al día siguiente: "No se necesitan mayores recursos. En la Argentina estamos acostumbrados a responder a cambios muy volátiles y este tipo de capacitaciones nos permiten integrarnos rápidamente a lo que está pasando en el mundo".

El antecesor inmediato de la idea de mentalidad digital fue el concepto de digital first. Se trata de desarrollar cualquier idea, desde el comienzo, bajo las reglas del entorno digital. No importa si se trata de un nuevo negocio, el diseño de una campaña de publicidad o la comunicación de un producto, un artista o un candidato. Lo importante es aplicar la mentalidad digital a las ideas y también a la acción.

"Es mucho más rápido hacer que pensar", sostiene Håkansson.

"La programación es un modo muy intencional de operar: le decís a un aparte que haga algo y lo hace. Eso es cada vez más simple y nos permite desarrollar prototipos y probarlos, mucho antes de elaborar cualquier teoría sobre si van a funcionar o no."

La idea de que todos podemos tener una mentalidad digital se relaciona con el hecho de que desarrollar software es cada vez más accesible, incluso para personas sin entrenamiento específico.

Un ejemplo de ello es If This Then That (si esto, luego aquello), un servicio web que permite conectar distintas aplicaciones digitales y objetos para hacerlos funcionar en conjunto, desde programar la cafetera para que se encienda apenas suena nuestro despertador o recibir una alerta en un negocio cuando entra un cliente con muchos seguidores en Twitter. De estas múltiples combinaciones surgen nuevas ideas que de inmediato se convierten en prototipos.

La velocidad es un elemento central de la mentalidad digital. En los cursos de Hyper Island se proponen consignas como inventar la mayor cantidad de start ups posibles en siete minutos. Hay tan poco tiempo que los participantes se suelen sentar en el piso, en el lugar donde estén, para no demorarse en buscar una mesa.

"Es una forma de evitar adrede la perfección", explica Mathias Jakobsen, uno de los profesores. "En la mayoría de las organizaciones cuando surge una idea se la discute, se hace un plan, después un focus group, y así pasan seis meses. Pero para ese momento el mundo ya cambió. Entonces hubiera sido mejor probar más rápido, aunque la idea no estuviera muy refinada. Lo mismo se aplica al conocimiento en general: no importa tanto lo que sabés, sino cuán rápido podés aprender. Hay que aprender a aprender más rápido", sostiene.

Una técnica peculiar que Jakobsen implementa para acelerar su vida es tener su agenda abierta al público. Cualquiera que quiera tener una reunión con él puede buscarla en la Web, encontrar un espacio y anotarse directamente. Sin pasar por secretarias ni otras dilaciones.

La búsqueda de facilitar las interacciones están en la base de la mentalidad digital. Los promotores de estas ideas hablan de "eliminar fricciones".

"Los problemas pueden ser algo positivo. Te motivan a resolverlos. En cambio, las fricciones son pequeños obstáculos que se meten en el medio y entorpecen tu vida", explica Håkansson.

En su caso personal, despachar valijas cada vez que viajaba era una fricción y por eso decidió llevar sólo un bolso de mano. Como agrega Jakobsen, "la mejor manera de ganar un millón de dólares es encontrar una fricción que padecen un millón de personas y resolverla".

Para Tim Lucas -antropólogo consultor en aceleración digital y también miembro de Hyper Island-, "la mayoría de las compañías disruptivas entendieron una de estas fricciones y la resolvieron, pero para eso necesitaron estar más atentos a su público".

"Antes de Internet todo el mundo era muy asertivo", señala Lucas, quien fue parte el equipo de innovación que logró disminuir los episodios de violencia de las barras bravas en el fútbol inglés. "Hoy necesitamos escuchar mejor. La comunicación pasó a ser dialéctica porque la usamos para resolver problemas con el otro, para ponernos en sus zapatos. Las organizaciones necesitan ser empáticas antes de intentar resolver los problemas de las personas: ésa es otra de las características de una mentalidad digital."

Esa nueva forma de conversar atraviesa la vida laboral, pero también la personal. "La mentalidad digital es un imperativo profesional, pero que puede practicarse en la vida privada, donde hay menos riesgo", agrega Jakobsen. "Cada una de las redes sociales donde la gente se congrega tiene una cultura diferente. No te comportás igual en Facebook que en Snapchat o en Twitter. La ventaja es que cuando se trata de vos mismos podés entrar y aprender la cultura sin riesgo. A lo sumo pasarás vergüenza, pero nada más. Y todas esas pequeñas experiencias luego se pueden aplicar a tu marca o tu empresa."

"Es una construcción que se da en casa y en el trabajo a la vez", señala Håkansson. "Los miedos que tenemos para expresarnos, como el temor a perder un cliente, perder un trabajo o que nos roben una idea, nos impiden crear relaciones colaborativas y creativas como las que permite la era digital."

El problema puede ser cómo encontrar el tiempo necesario para explorar todas las herramientas disponibles. La respuesta de Jakobsen es tajante: "Si estás demasiado ocupado y no tenés tiempo para explorar y crear ideas nuevas, puede que pronto tengas demasiado tiempo porque pierdas tu trabajo". De modo que lo digital se vuelve un imperativo: hay que mentalizarse.

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