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Ostende: una guía en 5 pasos para conocer su historia centenaria

Aún hoy se conservan huellas de los pioneros belgas que proyectaron el balneario a principios del siglo XX

Jueves 07 de enero de 2016 • 00:16
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LA NACION
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PINAMAR.- Las vacaciones de verano no sólo son playa, arena y sol, también ofrecen una excelente oportunidad para viajar en el tiempo y conocer un poco de historia. Y en Ostende, la localidad más antigua del partido de Pinamar, el pasado remite a comienzos del siglo XX, cuando dos belgas zarparon de Europa para buscar nuevos destinos en esta parte del mundo.

El paso de los pioneros Robette y Poli fue breve, pero sus huellas aún pueden explorarse en un circuito de no más de cien metros y que tiene una yapa en medio de la playa.

Parada 1: Viejo Hotel Ostende

Cuatro años después de tocar suelo argentino, Fernando Robette y Agustín Poli construyeron un gran hotel con la intención de crear un balneario en la zona. Tenían como modelo la localidad belga llamada Ostende, que significa "Fin del Este". Así, en el hoy cruce de las calles Biarritz y De Metz se abrió las puertas en 1912 del Hotel Termas, actualmente conocido como Viejo Hotel Ostende.

Quien quiera puede hospedarse hoy en el complejo que todavía conserva la mística de la época: el mobiliario, los murales, la vajilla en plata y los vitreaux. Hasta se puede tomar un café en lo que fue la panadería del hotel y conocer el cuarto donde se instaló el escritor y aviador francés Saint Antoine de Exupery, hoy reconocido como huésped de honor.

El Viejo Hotel Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El Viejo Hotel Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El Viejo Hotel Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El Viejo Hotel Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El Viejo Hotel Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El Viejo Hotel Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El Viejo Hotel Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El Viejo Hotel Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar

Parada 2: la casa de Robette

A la vuelta del hotel, en la intersección de las calles Cairo, Niza y Robette, los curiosos podrán descubrir una construcción de época con dos plantas enclavada en medio de una duna. Fernando Robette se mudó allí luego de la fundación de la localidad, el 6 de abril de 1913, aunque tras el fracaso del proyecto del balneario, por la Primera Guerra Mundial, también quedó abandonada su casa.

Cuenta la historia que en la zona también se construyeron la Casa de Retiros Espirituales de los Monjes Carmelitas, la casa Villa Adela -de una de las primeras familias en veranear en Ostende- y la capilla de Domingo Repetto, que años más tarde desaparecería por las fuertes tormentas de arena.

La casa de Fernando Robette. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La casa de Fernando Robette. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La casa de Fernando Robette. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La casa de Fernando Robette. Foto: LA NACION / Matías Aimar

Parada 3: el muelle de Ostende

El proyecto del balneario también incluyó la construcción de un muelle, según el pedido que comerciantes europeos le hicieron a los pioneros belgas. A principios de siglo pasado los materiales y cargamentos eran enviados desde Buenos Aires, principalmente, por el vapor Cabo Corrientes.

Robette y Poli idearon el muelle a sólo 200 metros del hotel. Entonces, los curiosos que caminen por De Metz hacia la playa podrán observar en el mar, a unos metros de la arena, los pilotes de pinotea que aún permanecen en pie. Pero deberán tener suerte para contemplarlos. ¿Por qué? Porque los pilotes sólo se observan si la marea está baja.

El muelle de Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El muelle de Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar
El muelle de Ostende. Foto: LA NACION / Matías Aimar

Parada 4: La Rambla

En las tierras que Robette y Poli le compraron a don Manuel Guerrero, el arquitecto francés Auguste Hughier y los ingenieros Chapeaurouge, Weber y Gilardón también pensaron en un gran Paseo Costero que llamarían Rambla Sur.

Se proyectó en toda la extensión del balneario a través de un paseo de hormigón con acceso a la playa por medio de escalinatas señaladas por pináculos piramidales. Debajo se pensaba instalar pequeños vestuarios. Todo quedó bajo la arena luego de que se abandonaron las tareas durante la Gran Guerra. Hoy puede visitarse parte del proyecto trunco en la bajada de Florida y Biarritz, gracias a los trabajos para redescubrirla que se encararon en 1992 y 1993.

La Rambla. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La Rambla. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La Rambla. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La Rambla. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La Rambla. Foto: LA NACION / Matías Aimar

La yapa: La Elenita

El circuito histórico en Ostende tiene un broche de oro con la casilla La Elenita, que no tiene reminiscencias belgas pero tiene la particularidad de haber sido construida por el ex presidente Arturo Frondizi y su mujer, Elena Faggionato, en 1935.

La casa resistió varias sudestadas y, de todas las que se levantaron en la playa en aquellos años, es la única que hoy se conserva en pie, aunque se trasladó a un lugar más resguardado en el médano al que se accede por al calle Estocolmo, a la altura del parador El Faro. Fue recuperada por Mercedes Faggionato, sobrina del ex mandatario, y hoy es un paseo obligatorio para los que quieran conocer parte de la historia de Pinamar y Ostende.

La Elenita. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La Elenita. Foto: LA NACION / Matías Aimar
La Elenita. Foto: LA NACION / Matías Aimar

El circuito

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