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Nuestro vertiginoso paisaje poshumano

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PARA LA NACION
Domingo 03 de enero de 2016
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Todo lo sólido parece desvanecerse en el aire. Nos resulta difícil comprender lo que está pasando, no solo porque es inédito sino porque se desarrolla a una velocidad de vértigo. Desde la invención del lenguaje, hace 100.000 años, no se producía un cambio cultural semejante. Desde la forma en que nos relacionamos hasta la manera en que despedimos a los muertos, todo fue producto de estos cien mil años de lenguaje. El humano no es solo un primate que se irguió y habló. Esa transformación fue el punto inicial de una cultura que, a través de mil transformaciones complejas, nos convirtió en esto que hoy somos. El lenguaje permitió la invención del primer mundo virtual: lo real como fruto de nuestra imaginación.

Antes del lenguaje, el hombre era un animal como los demás: vivía sin saber que iba a morir. Su vida no tenía sentido. Estaba en un eterno presente. El lenguaje no sólo nos permitió darle un sentido al mundo: también nos obligó a exigirle sentido a todo.

La aparición de Internet creó el segundo mundo virtual: el espacio digital en el que actualmente se desarrolla gran parte de nuestra vida. Las 5.000 millones de personas que están conectadas pasan el 60 por ciento de su tiempo de vigilia mirando una pantalla. La vida virtual al cuadrado (Internet) está produciendo transformaciones radicales en todos los ámbitos.

Si miramos sólo el cambio que se ha producido en el ámbito de la salud vemos que en la Era de Internet (desde 1990) ganamos 5 años de vida. Para poder poner esto en contexto comparemos esta ganancia de tiempo de vida con los 10 años que logró aumentar la vida humana desde el fin del Paleolítico hasta el inicio de la Revolución Industrial.

Las Naciones Unidas consideran que en 2030 desaparecerá el hambre. El principal flagelo de la humanidad pasará a ser un mal recuerdo. Aún nos resulta increíble, pero hoy hay más personas con sobrepeso por exceso de comida que personas que padecen hambre. Los niños que nacen hoy tienen una expectativa de vida de un siglo.

Gran parte del tiempo de vida que ganamos en estas últimas décadas se debe al desarrollo de varias disciplinas que hace medio siglo no existían y que sólo fueron posibles por el surgimiento del mundo virtual. Todo este desarrollo técnico no solo está prolongando nuestra vida, sino también nos está transformando en seres diferente de lo humano: somos un compuesto de tejido humano más implantes robóticos más drogas, que vive mirando una pantalla.

Estamos en sus inicios de una nueva era cultural, pero su impacto ya es tal que nos desorienta. No somos más humanos de la misma manera en que lo era un hombre de comienzo del siglo XX. Sentimos el huracán de la historia golpeando en nuestra nuca y no sabemos qué sucede.

Nos llamábamos "humanos" porque creíamos que fuimos hechos de tierra (humus) y al morir nos depositaban en la tierra para recomenzar el ciclo. Quizás ahora debamos recurrir al silicio (el material de los microchips) para encontrar un nombre que nos designe acorde con nuestra nueva forma de percibirnos: como emanaciones virtuales de nuestros avatares en las redes sociales.

El autor es crítico cultural.

@rayovirtual

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