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Pablo Echarri y Nancy Dupláa hablan del estreno de La Leona

Hoy a las 22 empieza la nueva ficción de Telefé con la pareja como protagonista excluyente

Sábado 09 de enero de 2016
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PARA LA NACION
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Foto: LA NACION / Patricio Pidal/AFV

No sueñan con trabajar para Scorsese ni codearse con DiCaprio o Meryl Streep. Pablo Echarri y Nancy Dupláa no son tan diferentes a muchos matrimonios argentinos: él, nacido y criado en Villa Domínico; ella, en San Martín. Primero, los hijos, la casa y las vacaciones en familia.

Como toda pareja, ellos tienen sus proyectos. En este caso, los ubican junto a El Árbol, la productora que Echarri dirige junto a Martín Seefeld, que desde el 18 de enero (de lunes a jueves, a las 22, por Telefé) los convertirá en protagonistas de La Leona, novela que los desafía a volver a enamorarse en pantalla tras quince años de estar juntos.

En un húmedo y sofocante mediodía de diciembre, al bar palermitano llegan frescos y sonrientes. Una remera gris sobre unas calzas negras lleva Dupláa. Apenas una nota de color en sus stilettos rojos. De jeans y camisa blanca, Echarri se sienta a la mesa y enseguida le brotan palabras y un entusiasmo a prueba de todo (incluyendo un corte de luz y de aire acondicionado que nos abandona a mitad de la charla en un día de 36°C de sensación térmica).

Hablan del respeto como valor esencial al momento de trabajar juntos, de ser pareja en la vida real y en pantalla. Respeto ante todo. Echarri come ensalada y, sin que ella lo pida, dos veces le acerca el tenedor a Nancy con lo más exquisito de su plato: el salmón. Se hace visible la complicidad. Ella se ríe de lo complicado que fue encontrar un enamorado que fuera creíble por su edad y él de su trastorno obsesivo compulsivo que lo impulsa a producir para estar siempre ocupado y no complicarle la vida a los demás. Los Echarri-Dupláa son capaces de reírse de sí mismos. Y se complementan: si él es un ser sanguíneo, un tornado de autoridad de respuestas largas y complejas, ella es la calma, simpatía en cada mirada y la sencillez de una mujer que, a veces, prefiere quedarse en casa.

Los libros de La Leona fueron escritos por otra pareja casada, Pablo Lago y Susana Cardozo, los mismos de Tratame bien y Locas de amor. "No es menor eso. Una de las cosas que más nos preocupaban era cómo contar una historia de amor entre nosotros: actriz y actor que hace más de 15 años están juntos y que ya no reviste ningún tipo de sorpresa en el imaginario popular. Tenía que ser adulta y escaparle a todos los lugares comunes del enamoramiento. Creo que la condición de los autores de ser marido y mujer ayudó para sintetizar qué clase de amantes había que escribir", sostiene Echarri.

Todo empezó con la idea de Nancy encarnando a una mujer fuerte, como aquellas heroínas del neorrealismo italiano. La protagonista de La Leona, María Leone, es una mujer de clase obrera que se convertirá en líder ante el inminente cierre de la fábrica textilera donde trabaja. Allí se la verá a Dupláa en la piel de la combativa María, caminando entre injustos y cobardes, al ritmo de la cumbia de Miss Bolivia, con la voluptuosidad de una Sophia Loren de barrio argentino. La fábrica Líberman es el botín que se disputan todos los personajes de la historia: los obreros, los Líberman y el grupo de abogados y contadores (interpretados por Mónica Antonópulos, Ludovico Di Santo y Pablo Echarri), que vienen a vaciar la empresa. La Leona presenta un nutrido y convocante elenco compuesto por Miguel Ángel Solá, Esther Goris, Juan Gil Navarro, Hugo Arana, Patricia Palmer, Dolores Fonzi, Peter Lanzani, Marco Antonio Caponi, Andrea Pietra, Julia Calvo, Diego Alonso, Joaquín Flamini, Susú Pecoraro, Lito Cruz, Nahuel Mutti, Alfredo Castellani, Nicolás García y Horacio Roca, entre muchos otros.

-Ya podrías ser abogado con tanta práctica en pantalla...

Pablo Echarri: -La verdad que sí. Si no fuera porque me costaría bastante conseguir el título, lo podría hacer. Por lo menos de oído. Mi personaje (Franco Uribe) es muy divertido. Todos los personajes desprovistos de nobleza y arraigo a las buenas costumbres son muy atractivos para hacer. Después hay momentos de contradicción cuando ves que tu personaje es una basura. Con el desarrollo de la historia me di cuenta que Franco Uribe era necesario para que el marco de este cuento se complejice.

Nancy Dupláa: -Al principio él no iba a estar en la novela. La realidad es que después no encontrábamos un protagonista que estuviera a la altura de la situación. Tenía que ser creíble que se enamorara de mí. La mayoría de los actores son todos más chicos [risas].

P.E.: -Nada de eso es verdad [más risas].

N.D.: -Le tuvimos que insistir bastante. Él es un personaje con una mochila muy triste. Nos empezamos a dar cuenta de que íbamos bárbaro por el lado de la chicana. Por el enfrentamiento de igual a igual también, sin perder mi femeneidad, ni mis encantos?

P.E.: -Naturales.

-Alguna vez contaste que Nancy inocula verdad en sus personajes. ¿Qué es lo que le aporta a María Leone?

P.E.: -La verdad es muy difícil de poder transmitirlo. Nancy sabe cuáles son las teclas que debe tocar para hacerla creíble. Es una especialista en el género. Ha sabido reinventarse dentro de los personajes y respetar el tiempo cronológico que estaba viviendo en su momento. Eso le dio mucha verdad. Es una líder de grupo y logra reunir de forma natural y simple, siempre cuidando el trabajo del otro para que se sienta cómodo.

-¿Cómo encontraste el tono para componer a María?

N.D.: -Hay una impronta natural que me sirve para el personaje. Ella se la banca, tiene como un aspecto masculino muy marcado. Soy madre, entonces puedo contar la maternidad. Vengo de un barrio, así que puedo contar muchas más historias y tragedias. Tengo una experiencia de vida rica a la hora de actuar. De María absorbí seguridad para confrontar. A mí me cuesta más. Soy mucho más sensible al exterior.

-¿Cuáles fueron los momentos más difíciles y los más agradables al trabajar juntos?

P.E.: -Ser el productor y ser compañeros de trabajo complicó la situación. A veces resultó difícil ponernos de acuerdo sobre adónde ir con una idea con la inmediatez con la que debía ser implementada.

N.D.: -El tema esencial siempre son los tiempos que actúan en contra de la calidad. La discusión seguía en casa. Aprendí a molestar menos.

P.E.: -La tira diaria, el trabajo de productor, ser marido y mujer, tener una casa grande con tres chicos... a veces las tensiones podían venir porque sí, ya ni tenía que ver con la dificultad del libro. Estaban latentes. Hubo momentos de tensión porque sí. [Risas] Bueno, acá estamos.

N.D.: -Los mejores momentos fueron esas escenas juntos de chicana. No quiero ser del todo íntima, pero generaba una nueva energía en el ambiente. Además nosotros somos medio pegote, medio novios. Esto agregó una energía extra. Teníamos gran expectativa en pensar cómo íbamos a hacer para contar una historia de amor después de tanto tiempo de estar juntos. Y, encima, ver si te sale con tu marido que te conoce todo.

P.E.: -Tiene todo lo que te gusta y lo que no te gusta en el mismo envase.

-De todos modos ya habían trabajado juntos en cine, teatro y también en TV...

N.D.: -Pero la tira es tira; es meterte en un viaje locos de ocho meses.

La actualidad y la carrera

Este año que pasó fue intenso en lo laboral para los Echarri-Dupláa. A su vez, fue clave en el mapa político argentino que culminó con un cambio de gobierno y un ambiente artístico activamente militante en sus posturas. La llamada "grieta" se hace aún sentir (y sufrir) también entre ellos. La pareja admite que su abierta militancia tuvo consecuencias. Hace unos días, algunas personas a través de las redes sociales iniciaron, inclusive, una campaña en contra de La Leona, actitud ampliamente repudiada por el medio.

-¿Cuáles son sus expectativas y deseos para el país en este año que comienza?

P.E.: -Las esperanzas están intactas, pero radican en la enorme movilización de la gente de enterarse en qué país vive, de pelear y luchar por sus propios deseos. Es lo más rescatable de este año por delante. Estamos muy expectantes sobre todo lo que vaya a pasar este año. Queremos seguir sosteniendo todo lo que hemos logrado en este último tiempo.

N.D.: -Hay una conciencia popular política muy importante; la gente está interesada en saber. Y eso nos incluye a nosotros que, a lo largo de todos estos años, fortalecimos nuestra conciencia política sobre lo que queremos. En ese camino nos sentimos representados por alguien y decidimos, desde lo más profundo del corazón, seguirlos. Eso te pone vivo. Por eso también nos llena de expectativa este 2016, pero nos esperanza saber que no estamos solos.

-¿Qué le aconsejarían a una pareja de actores o artistas que están por comenzar un proyecto juntos?

N.D.: -No lo hagan [risas].

P.E.: -Sí, sí. Es un trabajo casi de presdigitador, pero no por eso deberían esquivar esta experiencia. En nuestro caso, sobre todo por habernos conocido trabajando, se trató de volver a ese fuego sagrado, de recrearlo. El respeto es el marco para jugar este juego. En los momentos de profundo desacuerdo y, sobre todo donde hay un nivel de tensión alto, si no existe el respeto no hay vuelta atrás. A costa de dejar una discusión totalmente estéril. Mucha veces hay que pensar qué vale más: si llegar a la conclusión de la discusión o cuidar la pareja. Lo aprendí de ella. Siempre busqué más la victoria de la contienda que crecer como pareja. Ella la mayoría de las veces otorga un tono diferente, aún teniendo razón.

-¿Nancy, cómo lo ves a Pablo como productor?

N.D.: -Bien, veo que está aprendiendo y que tiene muchas condiciones. Es una persona que transmite mucha autoridad, sin gritar ni hacerse ver continuamente. Es un tipo con ideas muy claras y llegada a la gente. Se va a seguir desarrollando.

P.E.: -Actuar es maravilloso e intenso. Cuando actuás y producís eso se multiplica. Es mucho te diría. Saqué la conclusión este año (produjo y actuó en la película Al final del túnel, junto a Leonardo Sbaraglia y Federico Luppi, con fecha de estreno en abril). Producir es un acto que satisface mucho a los obsesivos. Hasta no encontrar este camino, en mi casa boyé mucho tiempo con resultados no muy buenos. El obsesivo necesita estar ocupado en algo al cien por cien. Porque después empieza a complicarle la vida al resto. Por eso quiero ser productor para no complicarle la vida a mi familia. Es decir, encontrarle algo creativo y transformador a algo tan negativo que es ser un obsesivo compulsivo.

N.D.: -Imaginate que además yo no soy nada obsesiva. Es genial. Va mejorando, va mejorando...

P.E.: -Si yo fuese sólo actor y tuviera que esperar a que suene el teléfono, me volvería loco. Porque he estado años deseando cosas que no salieron nunca. Esto nos deja más tranquilos.

N.D.: -Es sanador...

P.E.: -Al menos no es "enfermador". No hacemos un trabajo normal. Hay que estar atentos para no quedar pedaleando en el aire.

N.D.: -Hay que adquirir una seguridad más de la normal. Por suerte me lo encontré a él. Me ayuda a llevarla. También mi motor interno hace que no desee lo que quieren todos. Prefiero quedarme en mi casa. Soy así de básica.

-Cuenta Dustin Hoffman que le preguntó a Laurence Olivier por qué actuaba y él le contesto : "¿Por qué? Mirame, mirame, mirame". A Dustin le pareció una respuesta honesta. ¿A ustedes?

N.D.: -Hay algo de eso. Era una chica muy tímida pero cuando hacía algo que generaba una mirada me daba mucha seguridad; era como un motor. Después tuve la estrella que tuve, por suerte. Cuando uno juega de chico se cree todo lo que hace y al actuar uno crea historias y se mete dentro de esas historias.

-P.E.: El punto original parte de ahí: lograr aprobación y admiración del otro. Fue cambiando con la llegada de los hijos. Venimos de los barrios bajos. Y encontramos este oficio a los veintipico. No éramos niños actores. Encontramos una forma de desarrollarnos económicamente mucho más interesante que otras. Somos pragmáticos los dos. Yo haría una obra de teatro si vienen 20 personas, pero en una sala para 400, no porque desee hacer una obra de teatro para 20 personas. Y ahí me doy cuenta de que esa intención de que me miren, que me miren, pierde un poco.

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