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Los que no se inhiben en Internet

Domingo 24 de enero de 2016
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PARA LA NACION
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Cuento primero un experimento y después voy a los desinhibidos. En 1971 Philip Zimbardo realizó una famosa investigación conocida como "El experimento de la cárcel de Stanford", donde simuló condiciones carcelarias buscando identificar las conductas en ambientes extremos. Veinticuatro estudiantes aceptaron participar voluntariamente sin conocer lo que se esperaba de ellos. Fueron divididos en dos grupos al azar, unos harían de carceleros y los otros de prisioneros. En el sótano de la universidad se crearon las celdas y se buscó la despersonalización de los participantes. Vistieron a los guardiacárceles con uniformes, bastones y anteojos de sol espejados y a los prisioneros, con indefensas batas de algodón similares a las que se usan en los hospitales, sin calzoncillos, con sandalias y gorras sobre la cabeza. Al poco tiempo de empezar los guardiacárceles empezaron a tener conductas ligeramente crueles y sádicas con los prisioneros. Pero con el correr de los días la crueldad se incrementó y se salió de control hasta que Zimbardo decidió interrumpir el experimento abruptamente. Al conocerse los hechos fue criticado por muchos de sus colegas por su falta de ética y las conclusiones científicas fueron cuestionadas, especialmente por el tamaño de la muestra. Sin embargo, existe un acuerdo en reconocer que el experimento demostró que la situación, el propio rol de guardiacárcel, provocó la conducta sádica de los participantes.

Ahora relaciono esto con los desinhibidos. Tal vez hay un parecido entre el experimento de la cárcel de Stanford y lo que pasa con el comportamiento de mucha gente en Internet, entre ellos los que hacen comentarios en los diarios online. A veces al leer en foros, en diarios o en cualquier plataforma online anónima, pensamos que muchas de esas personas parecen antisociales o mentalmente enfermas. Es tan común que la gente tenga en Internet conductas agresivas que existe una tipificación de las causas de ese comportamiento: se llama Efecto de Desinhibición Online. Al parecer, mucha gente pierde el control de sus restricciones sociales cuando puede permanecer escondida detrás de nombres de usuarios, cuando no está expuesta a represalias por su vandalismo verbal, cuando se siente despersonalizada, cuando mantiene comunicaciones asincrónicas, cuando es invisible, cuando se inclina a considerar su comportamiento como un simple juego, cuando considera que sus acciones no deben someterse a las reglas del resto del mundo... Cuando se dan esas condiciones, muchas personas despliegan conductas profundamente antisociales, humillantes, violentas.

Hay algo inquietante en este vínculo que estoy tratando de hacer entre el experimento de la cárcel y los desinhibidos online (de los cuales algunos comentaristas de diarios forman parte): ¿qué pasaría si se dieran las condiciones adecuadas y estos desinhibidos recibieran un uniforme, un bastón, armas y un entorno institucional que legitimara sus conductas aberrantes? ¿Se volverían crueles como los guardiacárceles de Stanford? Según el experimento de Zimbardo, no hay ninguna duda.

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