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Sin pudores: cada vez más gente pide llevarse la comida que sobra

En países como Francia ya se instaló el doggy bag para reducir la basura que tiran los restaurantes

Sábado 23 de enero de 2016
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LA NACION
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Florencia se anima a su doggy bag en Páru
Florencia se anima a su doggy bag en Páru. Foto: LA NACION / Paula Salischiker

Cambio de hábitos. Desde el 1° de enero pasado, los restaurantes franceses deben ofrecer a sus comensales bolsas especialmente diseñadas para llevar (si así lo desearan) la comida servida que no han consumido. Una iniciativa que suena interesante, incluso para aplicar en la Argentina, aunque según quienes diseñaron la ley enfrentan ciertos desafíos. "El doggy bag -como se le dice a la bolsa- no es parte de nuestra cultura. No nos gusta andar con comida encima. Hay cierta vergüenza burguesa en llevarse la comida a la casa", comentó Arash Derambarsh, concejal municipal de Courbevoie, Francia, y autor de la iniciativa que busca reducir la cantidad de basura que tiran los restaurantes.

Y los argentinos, mientras tanto, ¿qué tan adeptos somos al doggy bag? Para algunos es algo natural, en especial cuando se trata de familias con chicos que suelen dejar el plato a medio terminar; para otros, la sola idea de pensarlo genera vergüenza. A medio camino están aquellos que literalmente recurren a la excusa de "¿me lo envolvés así se lo llevó al perro'", aun cuando no haya mascota hambrienta esperando en el hogar o incluso cuando el doggy bag se componga de sushi o de algún otro plato no muy aconsejable para consumo canino. Claro que existen contextos en los cuales hay cierto "consenso" sobre que es casi mandatorio el pedir allí lo que queda: las parrillas, por ejemplo, o los restaurantes en donde la especialidad de la casa son las porciones abundantes.

Pero más allá de las decisiones individuales en torno del tema, lo cierto es que cada vez son más los que se animan a llevar la comida sobrante para consumo personal. Lo que constituye una buena decisión a la luz de las estadísticas del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la UBA, que muestran que sólo en la ciudad de Buenos Aires se tiran a la basura entre 200 y 250 toneladas de alimentos cada día, es decir que cada porteño tira casi 30 kilos de comida al año.

A continuación, lo que dicen quienes recurren al doggy bag:

"Debo admitir que me da un poquito de vergüenza pedir que me envuelvan lo que no comí, pero si me lo ofrecen ¡no lo dudo! A casa y directo para el almuerzo del día siguiente", responde Francisco Barreiro. "Suelo hacerlo. En muchos casos me lo ofrecen, pero no lo hacen de modo natural. Igualmente es una práctica relativamente nueva en mi caso, antes me moría de vergüenza de pedir doggy bag", dice Valeria Orso. "Siempre que me sobra comida en un restaurante de precio medio o medio/alto y es algo potable para recalentar lo pido. Suele pasar los fines de semana y mucho con lo que no termina mi hijo menor", cuenta Dolores Lavaque. "Sí, pido doggy bag. Odio tirar comida y algunos lugares tienen porciones ridículamente grandes", relata por su parte Silvina Reusmann.

En ausencia de leyes como la francesa, que obliga a los locales gastronómicos a ofrecer a todos los comensales la posibilidad de llevar aquello que ha quedado en sus platos, la decisión de ofrecer o no el doggy bag corre por cuenta de cada restaurante. Veamos en este sentido lo que dicen al respecto quienes se encuentran del otro lado del mostrador. "Nosotros ofrecemos siempre la posibilidad de llevar la comida cuando no han terminado el plato, pero un 50% de los comensales te mira mal o dice que no", cuenta Marta Ramírez, dueña y chef de Captain Cook.

"En nuestro restaurante sucede mucho que la gente pide llevarse la comida que no consumió -comenta Alberto Giordano, dueño de Ike Milano-. De todos modos, nosotros siempre ofrecemos esa posibilidad, porque no todas las personas se animan a pedirlo."

"Acá la gente se lo toma como algo que está mal visto -afirma Coqui Borelli, dueño de Páru-. Cuando sobra gran parte del plato se lo ofrecemos, pero ellos aún no están tan acostumbrados a pedirlo, les da un poco de vergüenza pedirse el doggy bag. En otros países es un hábito mucho más formado que acá." "El argentino en nuestro restaurante pide llevarse lo que no comió porque tenemos platos muy abundantes. De hecho, a veces sugerimos al tomar la comanda que elijan determinado plato aunque sea abundante, como el cochinillo, que el resto se lo envolvemos", dice Damián Cicero, cocinero de El Casal.

Anécdotas en torno del doggy sobran. "Nos ha pasado varias veces que el cliente que más insiste que quiere llevarse lo que le quedó, después se olvida la bolsa en la mesa", cuenta Marta Ramírez.

"Me parece bien que el cliente se lleve la comida que no consumió porque pagó por eso, aunque hay veces que piden llevarse una porción minúscula que no entiendo para qué. En ese caso es más costoso el plástico que lo que se llevan a su casa", dice Daniele Pinna, chef y dueño de La Locanda. "Recuerdo un cliente que se llevó el paquete equivocado. Tenía que llevar cochinillo y se llevó paella de otro comensal -concluye Cicero-. Al otro día llamó; lo atendí yo, pensé que era para quejarse y no. Me dijo que la había probado y si no le podía hacer marchar una paella que en un rato la pasaba a buscar y la comía en su casa, porque se habían quedado con las ganas."

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