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El comercio exterior en la nueva era: ante el desafío de ordenar la casa para salir al mundo

Luego de las trabas, las políticas actuales traen expectativas; qué falta hacer para darle dinamismo al intercambio

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LA NACION
Domingo 31 de enero de 2016
Foto: LA NACION / Vicente Martí
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Hay dos noticias para quienes operan en el comercio internacional en la Argentina: una buena y una mala. Y no se trata de uno de los típicos chistes infantiles, sino de la más cruda realidad.

Después de años en los que las trabas y las dificultades crecieron de modo exponencial, representantes de diferentes sectores elogian los cambios que puso en marcha la nueva administración. Creen que el levantamiento del cepo y el reemplazo de las DJAI (Declaración Jurada Anticipada de Importación) por licencias automáticas y no automáticas son decisiones que aportan orden y previsibilidad, y hasta se ilusionan con que por una vez el país zafe de la maldición pendular que alterna períodos de apertura indiscriminada con una cerrazón casi hermética.

Aunque la lista de "pendientes" para que la Argentina pueda reinsertarse de modo exitoso en el comercio mundial es larga y variada -abarca desde temas de infraestructura, costos laborales e inflación hasta la necesidad de reformular la política impositiva, generar fuentes de financiamiento y motorizar negociaciones internacionales, entre otros tantos puntos-, el potencial del país y el nuevo contexto abonan una mirada optimista sobre el futuro a mediano plazo. Hasta ahí elementos que dan vida a la buena noticia.

¿Y la mala? Que quizá no alcance con el esfuerzo interno. La compleja situación de Brasil y China -nuestros principales socios comerciales-, sumada a la baja en el precio internacional de las materias primas -nuestro principal producto de exportación- atentaría contra el reposicionamiento. Entre los sectores con mejores perspectivas de desarrollo aparecen los alimentos y las bebidas. Daniel Funes de Rioja, presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), explica que las expectativas positivas respecto del futuro del comercio internacional local tienen que ver con el hecho de que la nueva política de relaciones económicas internacionales no se basa en una idea de apertura ciega, sino de integración responsable.

"El reemplazo de las DJAI por licencias muestra que hay una definición estratégica, por un lado, de defender lo defendible, las posiciones sensibles, y por otro, de terminar con un instrumento que no tenía sustento desde el punto de vista de los compromisos internacionales firmados por la Argentina. Luego, para la expansión de las exportaciones del sector es esencial el robustecimiento de las economías regionales. No cabe duda de que la eliminación de las retenciones es un paso importante, lo mismo que el sinceramiento del mercado cambiario, pero también hay que ver medidas desde el punto de vista fiscal, logístico, de costos no salariales. Ahí hay una tarea por delante para el Gobierno", dice Funes de Rioja.

Cuando se le pregunta cómo imagina al sector en los próximos cinco años, responde que tanto la Argentina como el Mercosur tienen un gran futuro, y entonces enumera "las necesidades" para consolidar el desarrollo: un entorno legal, fiscal y burocrático propicio para la inversión, el crecimiento y la creación de empresas; infraestructura física y social ("energía para las plantas, sin cortes que implican tiempos muertos productivos y laborales muy grandes"); más caminos y puertos, y resolver los problemas de logística interna, además de mejorar el sistema educativo y social para que la mano de obra argentina "vuelva a ser líder en el mundo". Por último, una estrategia del Gobierno de inserción internacional que no sólo permita colocar productos de las multinacionales argentinas, sino también de las pymes.

Jorge Vasconcelos, vicepresidente del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación Mediterránea, cree que no hay espacio para las opciones: "La Argentina tiene una necesidad imperiosa de abrirse más al comercio internacional, y varios motivos para hacerlo".

Él justifica sus dichos al recordar que las inversiones productivas en el país están frenadas desde hace cuatro o cinco años, y en el mundo moderno, de las cadenas de valor, es muy difícil pensar que haya inversiones productivas dirigidas exclusivamente al mercado interno.

"Lo más probable es que si hay inversiones será en eslabones de las cadenas de valor global y por ende, mirarán los dos mercados: el interno y el externo. Es la única forma de lograr competitividad, escala y trabajar sobre la base de tecnología de punta. En el caso de la Argentina probablemente serán inversiones para el mercado local y el regional, Chile, Brasil, Uruguay, Perú, Colombia, etcétera", describe el economista.

"Pese a lo que se dice, el país tiene una deuda externa pública que creció mucho en el último par de años y lo seguirá haciendo cuando se regularice la situación con los acreedores externos. Este año el déficit fiscal es muy grande y por eso, después del arreglo con los holdouts, hará falta emitir deuda externa en forma abundante, por alrededor de US$ 10.000 millones. Hoy el país tiene exportaciones muy bajas, de US$ 60.000 millones anuales. Es decir que en poco tiempo, la deuda externa pública equivaldrá a las exportaciones de dos años. Ese indicador para los países emergentes es mucho más bajo", explica Vasconcelos.

Aunque elogian los cambios en materia de política comercial, en la Cámara de Exportadores (CERA) apelan a un cauto optimismo. "No estamos viendo un plan integral ni una estrategia exportadora, sino medidas segmentadas que muestran un buen rumbo, pero falta abordar problemáticas como el transporte, los costos logísticos, la facilitación del comercio, el cambio climático. Habrá que ver cómo se arma el paquete completo", advierte Enrique Mantilla.

El presidente de la CERA cree que es lógico que las expectativas sean favorables cuando "se corrigen distorsiones alevosas como las que generaba el comercio administrado; hay diálogo y razonabilidad en las medidas, pero como en exportación los tiempos son fundamentales porque todo se planifica con muchas antelación, es clave ver la película completa".

¿Cómo cree que será esa película en cinco años? "Se puede pensar que habrá mejora de la competitividad en general, tanto en la de costos como en la sistémica, que incide directamente en el costo de las exportaciones y es clave para promover las inversiones, lo que significa que habrá un mercado de crédito, mejorará la infraestructura, la educación, la energía y la tecnología", vaticina.

Pero Mantilla señala que no alcanza con hacer los deberes fronteras adentro: "El mundo está mucho más complejo. Toda América latina está difícil. Venezuela está muy mal; Brasil está mal este año y lo estará el que viene. No se ven grandes saltos de recuperación en el precio de las commodities. En un escenario a cuatro años vemos un mundo que crece moderadamente, pero no un boom en América latina ni un shock de recuperación en los precios de las commodities".

Mauricio Claverí, coordinador de Comercio y de Negociaciones Internacionales de la consultora Abeceb, dice que la peor noticia que tiene la Argentina en el sector externo es Brasil.

"En un momento en el que el país está haciendo reformas para alcanzar un nuevo equilibrio y transparentar los niveles de competitividad, la depresión de la economía brasileña es lo que genera la mayor incertidumbre porque es mucho más profunda de lo que se pensaba. Con un escenario de recesión fuerte para este año y casi seguramente para 2017, hay que pensar en una recuperación recién en 2018, y eso deprimirá mucho la demanda de la producción argentina. Es un golpe duro porque toda la exportación industrial (que tiene como principal destino al país vecino) sufrirá una demanda debilitada que será casi imposible recuperar, aun con un tipo de cambio más competitivo", explica.

Norberto Delfino, vicepresidente de la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba, destaca que para el desarrollo armonioso de la economía de un país -especialmente en casos como el de la Argentina, donde el 85% de lo que se importa son insumos, bienes intermedios y de capital- son tan valiosas las exportaciones como las importaciones.

Dice que el primer análisis que hay que hacer se refiere al nivel de competitividad de la Argentina como país, y entonces clasifica las diferentes industrias. "Hay algunas con competitividad global, como el agro, la ganadería y la pesca, la agroindustria, la minería, la energía o las que tienen un nivel de conocimiento tecnológico importante, como la biotecnología y la industria nuclear, o con un alto nivel de creatividad que les permite diferenciarse y tener un valor agregado muy alto. A esas simplemente hay que dejarlas ser, quitarle las trabas y apoyar su expansión internacional. Luego están las que tienen un nivel de competitividad regional -industria automotriz, siderurgia, farmacéutica, plástico-. Necesitan apoyo para su expansión en la región y alguna protección selectiva (que entren sin dificultad algunos insumos y que se frene la entrada de algunos productos terminados). Y por último hay industrias que tienen sólo un nivel de competitividad local -calzado, línea blanca, electrónica y textil-. Son bienes industriales de baja complejidad y necesitarán de una estrategia muy sensible respecto del tiempo que se les da para que se adapten a una competencia global", enumera.

¿Cuánto tiempo es lógico proteger a un sector? ¿Cuándo y cómo se decide redireccionar su producción? ¿Quién debería -si es que corresponde- seleccionar sectores competitivos? Delfino responde sin dudar: "La protección absoluta es tan perversa como la desprotección total". Y explica que debe haber un proceso de apoyo a la transformación de esa industria para llevarla a niveles de competitividad global y a una protección decreciente. "Cualquier país, como cualquier empresa, tiene que conocer cuáles son sus fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas. Hacer un análisis FODA. Hoy un país no se puede plantear fabricar todo. Sería utópico decir que en la Argentina vamos a fabricar microprocesadores para la industria electrónica cuando eso es hoy una commodity en el mundo. El país tiene que autoconocerse, darse un plan estratégico y un lugar en el mundo", dice.

Rubén García, secretario de la Cámara de Importadores (CIRA), dice que la institución "no hace predicciones", pero que como optimista nato cree que están dadas las condiciones para que "vuelva el crédito al país, al alcance de todos, y para bajar la inflación a un punto sostenible". Y se esperanza con que en los próximos años, los números del comercio internacional argentino vuelvan a los valores de 2011, cuando se superaron los US$ 150.000 millones.

Un lugar en el mundo

"El año pasado, las exportaciones argentinas representaron apenas 0,35% (3 por mil) del total mundial, no muy lejos del 0,5% del inicio de los 2000", dice Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, quien explica que ese ha sido el rango en las últimas décadas. Hay que remontarse a 1960 para ver trepar el peso de la Argentina en el comercio mundial: entonces representaba cerca del 1 por ciento.

¿Cuál sería una cifra real a la que se podría aspirar? "Tranquilamente puede representar entre 4% y 5% del total", responde Elizondo, pero de inmediato advierte: "Para eso se necesita inversión, competitividad sistémica, servicios al exportador (públicos y privados) y sobre todo acceder a las cadenas mundiales de valor. Destaca que, aunque según datos de la Unctad, las cadenas de valor administradas por empresas transaccionales representan hoy el 80% del comercio mundial, apenas un tercio del total de las exportaciones argentinas accede a esas cadenas.

Queda en claro que las inmejorables condiciones que la última década ofreció para la región son ya del pasado. Queda en claro que si para la Argentina se trató de una década ganada, perdida o desperdiciada, eso es parte más de una discusión filosófica que de una cuestión de Estado.

Queda en claro que el país tiene potencialidades para crecer y desarrollar su comercio exterior -y así, generar inversión y empleo-, pero queda tan en claro todo eso como que para arrancar hay que cumplir con una larga lista de tareas fronteras adentro y, además, esperar a que las cosas se reordenen fronteras afuera.

Los números del intercambio

Exportaciones e importaciones

2001-2014. En millones de dólares

Cámara de Exportadores de la República Argentina
Cámara de Exportadores de la República Argentina. Foto: LA NACION
Cámara de Exportadores de la República Argentina
Cámara de Exportadores de la República Argentina. Foto: LA NACION
Cámara de Exportadores de la República Argentina
Cámara de Exportadores de la República Argentina. Foto: LA NACION
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