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Los elefantes de Myanmar están ansiosos, gordos y desempleados

La disminución de los bosques y una ley de hace tres años que prohíbe la exportación de madera sin procesar han provocado una crisis de desempleo entre los elefantes de Myanmar; cientos de elefantes se han quedado sin trabajo y muchos no lo han tomado bien

Miércoles 17 de febrero de 2016 • 19:22
El trabajo alarga la vida de los elefantes y el ejercicio les ayuda a mantener una buena salud.
El trabajo alarga la vida de los elefantes y el ejercicio les ayuda a mantener una buena salud.. Foto: Adam Dean para The New York Times
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WA KALU PU, BIRMANIA.- Arrastrar árboles gigantescos por las laderas empinadas de la selva es un trabajo duro. Pero para los dueños de los elefantes madereros de Myanmar hay algo peor: no tener trabajo.

La disminución de los bosques y una ley de hace tres años que prohíbe la exportación de madera sin procesar han provocado una crisis de desempleo entre los elefantes de Myanmar. Cientos de elefantes se han quedado sin trabajo y muchos no lo han tomado bien.

"Se enojan fácilmente", afirma U Chit Sein, de 64 años, propietario de ocho elefantes que ahora solo trabajan unos días al año. "No hay trabajo, así que están engordando. Y los machos lo único que quieren es tener sexo".

Los elefantes ocupan un lugar casi místico en Myanmar, donde existe la población de elefantes cautivos más grande del mundo. Durante cientos de años estos animales han ayudado a extraer teca y otras maderas preciosas de la selva, tan densa que ni la maquinaria más moderna puede entrar.

Pero ahora, el futuro de los 5500 paquidermos en cautiverio preocupa a quienes los supervisan.

"Es muy difícil manejar el desempleo", dice U Saw Tha Pyae, dueño de seis elefantes que llevan dos años sin trabajo. "No hay tala porque ya no hay más árboles."

El principal experto en elefantes de Myanmar, Daw Khyne U Mar, calcula que ahora hay 2500 elefantes desempleados, muchos de ellos en las selvas, a unas dos horas y media de la frontera con Tailandia. Esa cifra significa que el índice de desempleo es de 40 por ciento, más o menos, una enorme diferencia con el 4 por ciento de desempleo de la población en general.

"La mayoría de estos elefantes no saben qué hacer", asegura Daw Khyne U Mar. "Los propietarios tienen una carga muy grande pues es costoso mantenerlos".

Los elefantes adultos, que pesan unas 4.5 toneladas, comen 181 kilos de alimento al día y tienen pocas oportunidades de trabajo además del circo y la industria maderera,

La explotación forestal es ardua, pero los expertos aseguran que el trabajo es una de las razones de que los elefantes de Myanmar mantengan la salud. Un estudio de 2008 calculó que los elefantes que trabajan la madera en Myanmar, con un régimen estricto de trabajo y juego, llegan a vivir hasta el doble de tiempo que los elefantes de los zoológicos europeos: 42 años en promedio, a diferencia de los 19 años que viven sus congéneres en el zoológico.

Es un hecho que los elefantes sienten que tienen un propósito al trabajar y la pérdida de su trabajo puede ser desmoralizante para ellos.

"No quiero antropomorfizar", advierte John Edward Roberts, director de elefantes y actividades de conservación de la Fundación de Elefantes Asiáticos Triángulo Dorado, centro de rescate de los paquidermos en Tailandia. "Pero si se les quita esa parte de su vida, la parte que los entretiene y los mantiene en forma, las cosas se ponen difíciles para ellos."

Para la mayoría de la gente en Myanmar, el horizonte está mejorando. La economía crece a buen ritmo y los ciudadanos disfrutan de nuevas libertades después de años de vivir bajo una dictadura brutal. Pero la democracia ha significado un cambio de fortuna para los elefantes.

Los gobiernos militares se atuvieron al estricto código de trabajo para los elefantes establecido en tiempos de la colonia inglesa: jornadas de ocho horas, semanas de cinco días, retiro a los 55 años, permiso de maternidad obligatorio, vacaciones de verano y buena atención médica. Todavía hay campamentos de maternidad para elefantes y comunidades de jubilados manejados por el gobierno.

Un estudio de 2008 calculó que los elefantes que trabajan la madera en Myanmar, con un régimen estricto de trabajo y juego, llegan a vivir hasta el doble de tiempo que los elefantes de los zoológicos europeos.
Un estudio de 2008 calculó que los elefantes que trabajan la madera en Myanmar, con un régimen estricto de trabajo y juego, llegan a vivir hasta el doble de tiempo que los elefantes de los zoológicos europeos.. Foto: Adam Dean para The New York Times

En un país donde la protección social básica brillaba por su ausencia durante la dictadura, las leyes laborales para los elefantes se respetaban escrupulosamente, en parte porque un elefante explotado en el trabajo se puede convertir en un animal muy peligroso según explican quienes los manejan.

Georgia Mason, que participó en el estudio de 2008, señaló que la obesidad parece ser un factor importante en la reducción de la esperanza de vida de los elefantes de zoológico. Un estudio posterior mostró que los elefantes nacidos en zoológico eran 15 por ciento más pesados que los nacidos en los campos.

Y como es probable que aumente el número de elefantes desempleados conforme se reducen los bosques, el gobierno está explorando la posibilidad de devolver algunos elefantes a la vida silvestre.

Simon Hedges, coordinador de elefantes de la Sociedad de Conservación de la Fauna, asociación protectora de animales con sede en Estados Unidos, afirmó que esta era una "oportunidad emocionante". Pero él y otros expertos advirtieron que hay que tomar precauciones ante la posibilidad de que los elefantes liberados difundan enfermedades a la población silvestre y ataquen aldeas para conseguir comida.

Mientras esperan una solución, los propietarios de elefantes luchan contra el desempleo de diferentes maneras.

Algunos han vendido sus animales a empresarios de Tailandia, donde se destinan a la industria turística, espectáculos y recorridos por la selva. Aunque exportar elefantes a Tailandia es ilegal sin permiso oficial, los propietarios aseguran que cada vez ocurre más.

Otros propietarios dicen que no soportan la idea de vender sus animales.

"Yo no sé qué voy a hacer con mis elefantes", afirma Saw Tha Pyae que, al igual que muchos otros propietarios, heredó los animales de sus padres. "Pero nunca los voy a vender, ¡nunca! ¡Los quiero mucho!"

Saw Nang colaboró con este reportaje desde Taungoo y Myawaddy, Myanmar.

Por Thomas Fuller para el New York Times

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