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Llegan ahí por la falta de una red afectiva

LA NACION
Jueves 18 de febrero de 2016
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No se puede saber cuántos son. Porque muchos van cambiando de refugio y de destino, porque son casi invisibles y viven en la marginalidad, en los bordes de una civilización que les da la espalda.

Según un relevamiento de 2012 de la organización Médicos del Mundo (MDM), existen 16.353 personas en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires. Esta cifra incluye a individuos en hogares o paradores de tránsito; a personas alojadas en albergues y hoteles por medio de subsidios habitacionales; a aquellos que se dedican al cartoneo como medio de subsistencia; a la población afectada por desalojos, y a la gente que vive físicamente en la calle.

Los números oficiales del gobierno porteño muestran un diagnóstico de dimensiones mucho más acotadas: el último censo elaborado por el Ministerio de Desarrollo Social (MDS) en 2015 indica que hay unas 860 personas en situación de calle, cifra que se mantiene estable en comparación con la del año anterior.

La enorme brecha estadística radica en que la medición del MDS procura contabilizar a las personas en situación de calle y la de Médicos del Mundo, al universo de gente sin vivienda.

Pero más allá de los números, la realidad que viven es la misma: días enteros sin bañarse, revolviendo la basura de otros para encontrar algún "tesoro", la ropa sucia o rota, el hambre, las adicciones, la discriminación y la exposición a todo tipo de violencia.

Según el censo porteño, la mayoría vive en las comunas 1 (que abarca Constitución, Monserrat, Retiro, San Nicolás, San Telmo, Puerto Madero) y la 3 (Balvanera, San Cristóbal). Esto se debe a que la mayor concentración comercial y el mayor flujo de gente localizado en esas comunas facilitan el acceso a recursos económicos y alimentarios.

Más que problemas de plata

Problemas económicos, contextos vulnerables, malas elecciones de vida, problemas de adicciones, peleas familiares, escapes por situaciones de abuso o maltrato y abandono son algunos de los motivos que llevan a una persona a vivir en la calle. Pero lo más determinante es no contar con una red de contención afectiva que los rescate de cualquier traspié que estén atravesando.

Generalmente no hay una única causa. Pero muy pocos llegan a la calle solamente por una cuestión económica. Siempre existen otras cuestiones que hacen que el círculo social se haya ido quebrando.

Una vez que ya están en esta situación, la gran mayoría consigue armar circuitos de supervivencia: lugares en los que pueden darse una ducha y quizá les den ropa, comedores en donde reciben el almuerzo y la cena, algún hogar en donde pueden dormir si hay lugar. Y si no, siempre está la calle. A este piso vital se le suma lo que pueden conseguir pidiendo o haciendo changas.

Los especialistas señalan que es fundamental poder llegar con la ayuda - y las oportunidades necesarias- cuanto antes. Para que estas personas no caigan en el vacío de la desesperanza y en un espiral de deterioro del que difícilmente puedan volver a salir.

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