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Crecer en varias ciudades: los hijos de diplomáticos derrumban el mito de la infancia soñada

Testimonios de quienes vivieron recorriendo el mundo en función de la carrera de sus padres; ventajas y desventajas de sus particulares crianzas

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LA NACION
Martes 23 de febrero de 2016 • 02:30
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Francisco, 55 años: Argentina, Suiza, Estados Unidos, Austria, Argentina. Macarena, 23 años: Estados Unidos, Brasil, Argentina, Sudáfrica. Avigail, 30 años: Israel, Bolivia, Brasil, Israel, Argentina. Todos son hijos de diplomáticos y vivieron su infancia en distintos países del mundo, debido a la actividad laboral de sus padres. A simple vista, para mucha gente parece un estilo de vida envidiable, pero al mismo tiempo se sufre mucho el constante cambio y abandono de las relaciones que se fueron generando. LA NACION entrevistó a Francisco, Macarena y Avigail, quienes pasaron sus primeros años de vida acompañando el trabajo de sus padres, conociendo distintas culturas, aprendiendo idiomas nuevos y generando relaciones y amistades constantemente. Algunos sostienen que volverían a vivir de la misma manera y otros, que lo evitarían. ¿Cuáles son los beneficios y las desventajas de este estilo de vida?

Francisco Pulit: Argentina, Suiza, Estados Unidos, Austria

Hijo del embajador Francisco José Pulit, de reconocida trayectoria en el campo diplomático y encargado de recibir a los prisioneros de Malvinas en Trelew, vivió en la Argentina, Suiza, Estados Unidos, Austria, antes de regresar a su país natal. "Cuando uno es chico sufre el desarraigo de dejar todo y es algo traumático: cambiás de colegio, amigos y dejás tu mundo, la gente con quien te encariñaste. Uno tiene una forma de vivir por cuatro años y de repente hay que adaptarse a otro lugar, idioma y costumbres. Cuando uno es chico y en la adolescencia, uno lo sufre más porque es una etapa de tu vida donde se forjan muchas relaciones, pero cuando vas creciendo uno lo disfruta más", agrega, y reconoce que este estilo de vida tiene sus pro y sus contras pero afirma que volvería a vivir de esta manera porque le dio una visión del mundo que es muy positiva.

Francisco, su padre y su hermana viajando en barco de Estados Unidos a Austria
Francisco, su padre y su hermana viajando en barco de Estados Unidos a Austria. Foto: Francisco Pulit

Francisco vivió en Suiza desde los dos hasta los ocho y, por una cuestión de edad y aprendizaje, el francés terminó siendo su principal idioma. "Fui a un colegio público que era muy particular porque no podías entrar con zapatos. Había unas pantuflas para que no se rayen los pisos, entonces llegabas, te sacabas los zapatos y andabas en pantuflas", cuenta entre risas a LA NACION. Y lo compara con sus días en Estados Unidos, donde se encontró con el auge del movimiento hippie: "De la formalidad suiza pasé a ver todos con pelo largo y fumando marihuana".

La familia

Las relaciones son un punto muy importante en la vida de los hijos de diplomáticos. Cuando viajan a cada lugar, en general se hacen de amigos, más que nada en la adolescencia. Cuando abandonan el país uno deja de verlos y por lo tanto, la familia termina siendo la que siempre está presente. "Las familias que conozco de hijos de diplomáticos tienden a ser muy unidas. Cuando llegás a un país nuevo, sin amigos, terminás haciendo más programas con ellos que con amigos. Hay una vida familiar muy intensa, muy buena relación con todos los hermanos. Nuestro padre siempre nos malcrió para que estemos bien", reconoce.

Juan Eduardo Tesone, médico psiquiatra de la Universidad de París XII, donde vivió y dirigió un centro especializado en niños y adolescentes durante 11 años, explica la inserción de cada integrante en otro país. "En general, la persona que trasladan por los motivos laborales, suele insertarse mejor dado que su vida laboral continúa en un mismo eje. Para el cónyuge es más difícil, porque suele sentirse más aislado, sin verdaderas amistades que tengan una historia previa, y tiene que adaptarse a las características culturales del nuevo medio", agrega.

Francisco y su hermana en los Alpes suizos
Francisco y su hermana en los Alpes suizos. Foto: Francisco Pulit

La globalización

Nacido en 1960, Francisco no tuvo una infancia con la globalización actual, donde existen muchas alternativas de comunicarse al instante y no con carta como lo hacía él. "En esa época te ibas y te ibas. Se usaban las cartas, la carta certificada, que tardaba 5, 6 días en llegar y los mismos días cuando te respondían. Era otro mundo, es casi inimaginable esa situación ahora. Cortabas todos los lazos, ahora tenés Internet, Skype, llamada. Antes si tenías que pedir una llamada, era algo de otro mundo", recuerda.

Abogado de profesión, prefirió incursionar en la industria petrolera, lo que lo llevó a repetir parte de su infancia y viajar por el mundo. "Es como parte del destino, porque sin quererlo terminé haciendo prácticamente una vida parecida, no para un gobierno pero sí con mucho viaje e interactuando con distintas culturas y negocios. Toda mi vida se orienta a lo mismo", concluye.

Macarena Deimundo Roura: Estados Unidos, Brasil, la Argentina y Sudáfrica

Macarena es hija de Alejandro Deimundo, actual embajador en Haití . Hoy reside en Buenos Aires, donde trabaja y acaba de terminar la carrera de Psicología. Durante su infancia, vivió en Estados Unidos, Brasil, la Argentina y Sudáfrica, último destino antes de volver a vivir con sus hermanas a la Argentina. "Me volví porque quería estudiar. Si te mudás cada tres o cuatro años es imposible", dice a LA NACION.

Macarena, en un viaje de visita a su padre en Tailandia
Macarena, en un viaje de visita a su padre en Tailandia.

Macarena dice que la adolescencia fue la etapa en la que más le costó adaptarse al lugar que le tocó vivir. Y luego relata, sorprendida, una vivencia más reciente. "Lo más difícil fue mi vuelta a Areco después de Sudáfrica. No sé por qué uno pensaría que sería al revés, ya tenía amigas ahí a las que volvía a ver, pero hablando con otra hija de diplomáticos me dijo que le había pasado lo mismo. Por ahí fue sentir que yo había cambiado bastante en ese tiempo y volver a un lugar y decir 'no cambió nada' parecía un retroceso", cuenta.

En la charla que mantuvo con LA NACION, el médico psiquiatra Tesone explica las dificultades que se generan durante la adolescencia en cuanto a las relaciones, en referencia a lo vivido por Macarena. "En la adolescencia los cambios de grupos de pertenencia se sienten con mayor agudeza, dado que es un período de la vida en el cual la interacción con sus pares contribuye a forjar una identidad grupal. No pertenecer a un grupo puede favorecer el aislamiento, algo que es empobrecedor para el desarrollo psíquico del adolescente".

La familia

Macarena se egresó en Argentina
Macarena se egresó en Argentina.

Macarena no duda en resaltar lo importante que fue la familia durante su infancia y valora el apoyo que siempre tuvo tanto de sus hermanas como de sus padres. "Siento que esto que nos tocó nos hizo unirnos mucho. En otros países al principio lo único que tenías eran tus hermanos y tus papás, después se va agrandando con amigos pero al principio contabas sólo con eso. Compartí mucho con ellos y hablábamos mucho", dice.

La globalización

La joven de 23 años vivió su infancia en una época en la que comunicarse con personas del otro lado del mundo es muy accesible por el avance de la tecnología y, de esa manera, mantuvo contacto con muchas amigas y hasta hoy habla de vez en cuando. "Hoy sigo en contacto con varias amigas que tuve, por suerte Facebook ayudó mucho con eso", concluye.

Según Tesone, las redes sociales son un medio muy interesante para la continuidad del vínculo, ya sea de amistad, laboral o amoroso. "Desde el advenimiento de Internet el centro del mundo está en todas partes y eso facilita la continuidad de los vínculos", dice a LA NACION, aunque agrega que es importante que eso no genere 'el repliegue y el aislamiento social' de una persona en el nuevo lugar.

Avigail Gazit: Israel, Bolivia, Brasil y la Argentina

Los tres hermanos en Brasil, con la bandera de Israel de fondo
Los tres hermanos en Brasil, con la bandera de Israel de fondo.

Avigail nació en Israel hace 25 años y es hija de Daniel Gazit, quien fue embajador israelí en Bolivia, Brasil y la Argentina. Actualmente estudia antropología en su país natal. A los tres meses se mudó a la capital boliviana con sus padres, una hermana y un hermano mayor. "Mi familia siempre me decía que cuando empiece a hablar iba a elegir mi propio idioma porque en casa se escuchaba español, inglés y hebreo", dice a LA NACION.

"Yo no creo que elegiría este estilo de vida para mí. Me encanta viajar a otros países, pero en el momento que tenga un familia me gustaría que mis hijos crezcan en un solo lugar, que tengan los mismos amigos y un único colegio", cuenta Avigail por mensaje de Facebook desde Israel, donde reside. Sin embargo, sostiene que les inculcaría el placer de viajar y conocer distintas culturas.

Según Tesone, cada familia tiene su forma de manejarse en cada traslado, aunque afirma que hay ciertos puntos comunes que todos viven a lo largo de su infancia. "La situación de muchas familias de diplomáticos que cambian cada 3 o 4 años de país genera una dinámica particular. A las mudanzas se agrega, a veces, el cambio de idioma, una dificultad suplementaria. Cada idioma no es sólo una variante lingüística que hay que aprender, es otra manera de pensar y percibir al mundo". Avigail sufrió mucho esta situación cuando volvió de Brasil a Israel, por el drástico cambio cultural que vivió. "Fue muy difícil para mí volver, sentía que nadie me entendía y fue muy duro darme cuenta de que ya no me sentía como en casa. Tenía que estudiar el doble para mejorar mi hebreo, después de escribir en otros idiomas por tanto tiempo", agrega.

Avigail vivió en Buenos Aires por 6 meses
Avigail vivió en Buenos Aires por 6 meses.

La familia

Como todo hijo de diplomático, Avigail remarca las ventajas de viajar por todo el mundo, y hace hincapié en lo importante que es tener una buena relación con la familia para sobrellevar los malos momentos. "Les agradezco a mis padres por las increíbles cosas que viví y aprendí en Sudamérica. Creo que aprender las distintas culturas me llevó a ser lo que soy hoy, una apasionada estudiante de Antropología", concluye.

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