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Cómo fue la reacción de los vecinos ante los cortes programados

Mucha resignación y algunas medidas preventivas fueron las respuestas

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LA NACION
Jueves 18 de febrero de 2016 • 17:15
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"¿Me tocará a mí?", se preguntaban algunos vecinos porteños apenas se difundió el cronograma con los cortes programados para cada zona. Otras personas ni se habían percatado que podían quedarse sin luz. Todo se resolvió pasado este mediodía. En ciertos casos la interrupción del servicio llegó antes de lo anunciado y también hubo quienes se quedaron a oscuras de manera sorpresiva.

A las 12.30, un apagón cubrió parte del barrio de Núñez. Locales a oscuras y semáforos fuera de funcionamiento daban cuenta que la zona había sido acreedora del plan de emergencia. "Estaba programado porque nos tocaba la subestación 137, pero llegó antes", contó a LA NACION Cristian Oliveira, encargado de un edificio en Juana Azurduy al 2600. A sabiendas de que esto podía ocurrir, los vecinos habían comenzado a descender hasta el garaje para retirar los vehículos antes que la falta de luz no les permitiera abrir el portón, a las 13. Pero la interrupción del servicio se adelantó. "Casi se queda gente encerrada en el ascensor", agregó el joven. Y, como era de esperar, algunos rodados se quedaron estacionados adentro.

Carmen, vecina del inmueble, estaba al tanto del corte porque su hija fue quien le advirtió que podía quedarse sin luz. Así, la mujer sabía que no tenía que bajar los cinco pisos a cada rato. Y no le parecía mal que la interrupción fuera programada "si sólo es por tres horas y cumplen", aclaró. Como se trataba de poco tiempo no creyó necesario prepararse de alguna manera especial mientras la energía "brillara" por su ausencia. Ángel Podestá, que vive en Ciudad de la Paz al 3400, también estaba de acuerdo con la medida en tanto "a las 16 vuelva y si ayuda a la gente que hace varios días está sin luz".

Foto: LA NACION / Maxie Amena

A 150 metros de allí, Gonzalo Villalobo aseaba los mostradores de la heladería. Era lo único que podía hacer. El local, ubicado en la esquina de la avenida Cabildo y Azurduy, se había quedado sin luz también a las 12.30. Los cortes se percibían también en la intersección de Congreso y Del Libertador y sus alrededores.

Sentado en la puerta de su kiosco estaba Omar el Chaeikh. Buscaba algo de fresco. Aunque se trataba de una jornada agobiante, afuera hacía mucho menos calor que en su comercio inmerso en la penumbra. Como a todos sus vecinos de Núñez, a las 12.30 se quedó sin luz. "Ayer a la noche me enteré que podía pasar y acá estoy. Con más de 2000 pesos perdidos en helados. Si la próxima cuenta me viene más de 700 pesos voy a tener que cerrar todo", dijo tajante a LA NACION.

La factura del kiosquero decía que el local era suministrado por la subestación 137 y el alimentador 18. De acuerdo a un comunicado de la empresa Edenor, en donde se especificaban los radios aproximados donde se programaría los cortes, los datos difundidos hablaban de las terminales 137-24 y 137-46.

A las 13.20 se cumplió la profecía en el barrio de Recoleta, en un tramo del circuito rodeado entre las calles Pueyrredón, Pacheco de Melo, Arenales y Austria. La pizzería de Mariano Mastronardi se quedó a oscuras. "Estaba programado, por lo menos", dijo a LA NACION bajo el calor agobiante del local que aún tenía el horno encendido. Fue una panadera vecina quien avisó a los comerciantes de la cuadra impar de Agüero al 1900. El encargado de la confitería había recibido un papel que lo anoticiaba. Mastronardi estaba tranquilo. Sólo miraba el reloj esperando la hora deseada de la vuelta a la normalidad: las 15.58.

En Saavedra, Juan tenía todo preparado. Cuando vio que el edificio donde trabaja podía ser afectado, ya que la factura indica a la subestación 137 como la proveedora de energía, se levantó hoy temprano y recorrió piso por piso para poner en aviso a sus vecinos. "Compren hielo, pongan a congelar agua", les decía a los habitantes del inmueble ubicado sobre la avenida San Isidro. Pero llegó la hora y los focos de la entrada del edificio no se apagaron. "Se ve que teníamos otro cable", dijo, alegre, cual si fuera un experto electricista, a La Nación.

Amando, que reside en otra torre del barrio, también había tomado los recaudos cuando leyó un cartelito pegado en el hall de entrada del inmueble que advertía sobre un posible corte de luz. "No puedo hablar mucho. Tengo que sacar a pasear al perro antes de irme a la oficina porque mi mujer no va a poder", indicó velozmente a LA NACION. Minutos después de las 13, la luz aún no se había interrumpido, pero, por las dudas, se habían detenido a propósito los ascensores para evitar que alguien quedara encerrado.

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