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Delicado universo femenino

Sobre La herencia de la madre, de Minae Mizumura

Domingo 21 de febrero de 2016
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PARA LA NACION
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La herencia de la Madre nació como una novela por entregas publicada semanalmente en el Yomiuri, un diario de gran circulación de Japón. La experiencia sintonizaba con varios intereses de la autora. Por un lado, su preocupación por la preservación de la lengua de su pueblo. Recordemos que, a diferencia de la mayoría de sus colegas, Minae Mizumura elige escribir en japonés y no en inglés. Escribir en un diario con lenguaje literario suponía utilizar ideogramas complejos. La importancia y novedad de este gesto se entiende en el contexto de la reducción oficial que se llevó a cabo luego de la Segunda Guerra Mundial, que afectó la cantidad de ideogramas utilizados para la escritura escolar y periodística. Por el otro, el desafío de llegar a un público más vasto y popular se inscribe sobre un antecedente insoslayable para la cultura nipona: Konjiki Yasha (Demonio dorado), la novela de Koyo Ozaki publicada por entregas también en el diario Yomiuri entre 1897 y 1905. Según el narrador de La herencia?, fue la obra más representativa de ese género por su incalculable influencia en la vida de las mujeres, que desarrollaron su capacidad lectora y no pocas terminaron confundiendo ficción con realidad (lo que se conoce como bovarismo). Lo mismo le sucede a uno de los personajes de La herencia..., la abuela geisha, que bajo los efectos de la lectura de Konjiki Yasha abandona a su marido por un profesor más joven. Si esto no hubiera ocurrido, no habrían nacido su hija ni sus nietas, las protagonistas de esta historia. Son, en este caso, los efectos de la ficción en la ficción.

El texto narra la saga de tres generaciones de mujeres japonesas con casamientos irregulares, divorcios e intentos de suicidio. En el principio ya se esboza el corazón de la historia. La Madre, Noriko, ha muerto y sus dos hijas, Natsuki y Mitsuki, encuentran alivio tras un largo período de haberla cuidado. Ninguna la amaba: la Madre era un ser egoísta y "ponzoñoso" que impuso sus propios sueños a Natsuki, la hija mayor, como si fuese su álter ego, e ignoró a la menor, que fue quien se ocupó de sus progenitores en la enfermedad y vejez. El foco narrativo está en Mitsuki, y su voz en primera persona alterna con la de un narrador omnisciente. Este pasaje aleatorio de voces, junto con el vaivén temporal, construye una trama helicoidal que recicla la historia familiar y pasa por las mismas zonas narrativas agregando datos, profundizando situaciones, iluminando desde otro ángulo una misma circunstancia. Una estrategia más adecuada para la dinámica de las entregas periódicas que para el libro. Hay cierto exceso en las reiteraciones de la historia que sólo salvan la exquisitez y la inteligencia narrativa de Mizumura.

La pregunta que se plantea en el texto de diferentes modos ("Madre, ¿hasta cuándo?") plantea un tema delicado e incómodo, sobre todo para la sensibilidad japonesa y en particular la femenina. "Para una mujer común en el Japón moderno, la presencia de una madre longeva tenía un peso imposible de entender para los hombres." Además, para una hija japonesa, fusionarse con su madre era parte de su idiosincrasia, y cuidarla, también. Si bien ambas hijas soportan la demencia senil de la Madre, que se volvía cada vez más tirana, sin escatimar esfuerzos para hacerla feliz, es Mitsuki, la menor, quien se encarga de todo. En ella no hay arrebatos sino desesperación amortiguada: "No tenía tiempo para nada y estaba agotada, pero la Madre no se moría. Tenía un marido con una amante en el exterior y debería pensar en su relación con él, pero la Madre no se moría". La Madre que Mizumura compone es impresionante en su egoísmo, manipulación y desaprensión. Hija bastarda de una pareja que no pudo oficializar su unión, Noriko es también producto de un Japón que se modernizaba y al mismo tiempo toleraba rígidas diferencias sociales.

Lejos de un abordaje sentimental o sensiblero, el universo femenino de la novela es delicado y complejo. El amor, la pareja, la infidelidad, la vida vivida para los otros, los mandatos, la postergación de los deseos son algunos de los temas que interpelan a los personajes, sobre todo a Mitsuki, que conduce al lector por este camino desolador por inevitable, necesario y finalmente esperanzador, como la vida.

LA HERENCIA DE LA MADRE

Por Minae Mizumura

Adriana Hidalgo

Trad.: Tomoko Aikawa

458 págs.

$ 350

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