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El petróleo barato hunde en EE.UU. la energía alternativa basada en estiércol

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The Wall Street Journal Americas
Viernes 19 de febrero de 2016
Digestores como este en el hato New Hope, en Galt, California, convierten estiércol de vaca en gas, usado para electricidad
Digestores como este en el hato New Hope, en Galt, California, convierten estiércol de vaca en gas, usado para electricidad. Foto: AFP / Getty Images
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El productor lechero Art Thelen estaba pleno de optimismo hace una década, cuando se unió a un creciente grupo de ganaderos estadounidenses que invertían en tecnología que transformaba el estiércol del ganado en electricidad.

Los sistemas prometían reducir la contaminación ambiental, generar ingresos adicionales y disminuir los olores que permean por kilómetros los campos donde pastan los animales. "Era una gran idea y cuando funcionó bien, fue maravilloso", dijo Thelen.

Ahora, este hombre de 61 años forma parte de un conjunto de criadores que desmantelaron recientemente sus sistemas de transformación de estiércol en energía, conocidos como digestores anaeróbicos, o que han cancelado planes para construirlos debido al prolongado bajón de los precios del gas natural y los costos de mantenimiento más altos de lo presupuestado, que hicieron que el sistema fuera menos económico.

La construcción de nuevos digestores en los hatos estadounidenses se ha desacelerado marcadamente durante los últimos dos años, lo que representa un reto para el gobierno de Barack Obama, el cual promociona esta tecnología como una forma de recortar las emisiones de gases de efecto invernadero. La agricultura representa el 36% de las emisiones de metano, un potente gas que atrapa el calor en la atmósfera, ligadas a los humanos en EE.UU. lo que lo convierte en la mayor fuente de estos gases, según la Casa Blanca.

Algunos grandes frigoríficos que antes apoyaron el desarrollo de digestores han adoptado una postura más cauta. Perdue Farms Inc., uno de los mayores procesadores de pollo de EE.UU., se ha comprometido a aportar estiércol de aves a un proyecto de biogás que se planea construir en el estado de Maryland, pero ha rechazado muchas otras propuestas de transfor-mación de desechos en energía.

"Con los precios de los combustibles fósiles hoy en día", muchos proyectos de este tipo "no se pueden sostener por sí solos", dijo Mike Phillips, director de proyectos especiales de Perdue AgriBusiness.

Los digestores son tanques exentos de oxígeno en los que microorganismos descomponen los desechos y capturan el metano que de otra manera sería liberado en la atmósfera. El biogás de los digestores, principalmente compuesto por metano, puede ser quemado para producir electricidad o limpiado y presurizado para ser transportado por gasoductos. El proceso de digestión también genera productos como fertilizantes que los agricultores pueden usar o vender. Y al evitar que se lancen los desechos a lagunas al aire libre, los digestores limitan la posibilidad de derrames que contaminen los cursos de agua.

A mayo de 2015 había cerca de 260 proyectos de digestores activos o en construcción en establecimientos pecuarios o gran-jas de EE.UU., según datos de la Agencia de Protección Ambiental de ese país (EPA, por sus siglas en inglés), recopilados a través de fuentes voluntarias. Sólo seis nuevos proyectos entraron en operación o fueron construidos en 2014, un descenso frente a un promedio de cerca de 30 al año entre 2008 y 2013.

El plan del gobierno Obama para reducir las emisiones de metano depende de que los ganaderos usen voluntariamente los digestores, aunque algunas subvenciones y préstamos federales ayudan a pagar por estos sistemas. Una "hoja de ruta de oportunidades de biogás" emitida en 2014 por los departamentos de Agricultura y de Energía y la EPA proyectó que una amplia adopción de los sistemas podría producir energía para proveer electricidad a un millón de hogares estadounidenses, frente a cerca de 70.000 en aquel entonces. El año pasado, el Departamento de Agricultura anunció una meta de apoyar la instalación de 500 nuevos digestores hacia 2025.

Instalar y operar digestores se ha vuelto más complicado para los ganaderos. Comprar los sistemas puede costar millones de dólares, los cuales son financiados a través de acuerdos de ventas a largo plazo con las empresas de servicios públicos. El estiércol de un hato típico con 1.000 vacas puede producir suficiente electricidad para 250 hogares, dijo Melissa VanOrnum, vicepresidenta de marketing de DVO Inc., un proveedor de digestores.

Algunas empresas de servicios públicos pagan menos por la electricidad generada con estiércol, en medio de una caída nacional de los precios de la energía impulsada por el bajo costo del gas natural. La energía eólica y solar también se han abaratado, lo que las vuelve más atractivas que el biogás para las firmas de servicios públicos que buscan cumplir con los estándares de combustibles renovables.

No obstante, se cree que en algunos estados como Nueva York y California aumentarán el número de estas instalaciones gracias a los incentivos financieros del gobierno, dijo VanOrnum.

Smithfield Foods Inc., una subsidiaria de la china WH Group Ltd. y el mayor procesador de cerdo del mundo, ha instalado proyectos de biogás desde la década de los 90 y sigue siendo optimista sobre su potencial, pese a haber tenido que cerrar varias operaciones debido a que no fueron tan eficientes como esperaban, dijeron ejecutivos de la empresa. La compañía tiene un puñado de proyectos en operación y dos más en camino.

"Queremos hacer todo lo posible para promover el uso de estiércol de cerdo como una fuente de energía, pero hay obstáculos y estamos tratando de superarlos", dijo Kraig Westerbeek, vicepresidente de medioambiente y servicios de apoyo de Smithfield.

Para los diseñadores de sistemas de biogás como DVO, los mercados internacionales ayudan a compensar la desaceleración en EE.UU. Alemania tiene más de 8.000 digestores, gracias a una ley que garantiza tarifas superiores a las del mercado por varios años para la electricidad generada por los productores de renovables. China, Francia y Dinamarca también alientan el uso de digestores.

Thelen, quien dirige la granja lechera Wild Rose cerca al pueblo de La Farge, Wisconsin, dijo que él y sus socios en la cooperativa Dairyland Power decidieron detener su proyecto de digestor hace cerca de un año. Uno de los retos fue el costo de mantenimiento del generador, lo que en parte se debe a la corrosión por un químico común en el biogás, dijo.

"Llegamos al punto en el que la electricidad era muy costosa al salir del digestor como para que fuera vendida a la red principal y compitiera con opciones más baratas como la energía solar y eólica", dijo Thelen.

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