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Probó nuevos intérpretes y lo pagó con una derrota

River perdió como local ante Godoy Cruz 2-1; el técnico Gallardo aplicó la rotación, pero el funcionamiento del equipo estuvo lejos de lo que pretende el entrenador

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PARA LA NACION
Viernes 19 de febrero de 2016
Santiago García y Godoy festejan el 1-0 de Viera para el Tomba; lo sufren Domingo y Ponzio
Santiago García y Godoy festejan el 1-0 de Viera para el Tomba; lo sufren Domingo y Ponzio. Foto: FotoBAIRES
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El funcionamiento es la preocupación. Y pensando en el futuro cercano, en el calendario apretado y el desgaste, la clave es lograrlo con intérpretes diferentes. Que nada cambie aunque cambien las fichas. Fracasó de manera rotunda Racing en esta misma jornada, sí lo logró Rosario Central, tal vez el conjunto más aceitado de la actualidad en nuestro fútbol, el que se perfila como candidato número uno para quedarse con el primer puesto del grupo en el torneo, y justamente el próximo rival de River este domingo.

Gallardo siguió la senda, apostó a rotar y probar, y -en ese sentido- se podrá llevar unas cuantas conclusiones, más allá de que el magnífico zurdazo de Carabajal lo haya dejado con las manos vacías (en el fondo, tampoco fue injusto que Godoy Cruz se llevara los tres puntos). En definitiva, por entonces, a pocos minutos del cierre, el local ya jugaba con nueve futbolistas y medio (Andrés D'Alessandro, que había entrado en el segundo tiempo, apenas trotaba por la cancha, víctima de una lesión muscular).

El primer tiempo le ofreció respuestas contradictorias al Muñeco. Porque River ocupó bien los espacios, con Domingo plantado en el medio, Pity Martínez y Bertolo bien abiertos, Driussi bajando a recibir para atacar el espacio en la segunda jugada, los laterales (de lo mejor del equipo en esos 45 iniciales, sobre todo por el lado de Mayada) desdoblados en ataque. y sin embargo, no jugó bien, porque justamente fallaron los intérpretes.

La tarea de los entrenadores, lo que pueden imaginar en el vestuario solo logra reflejarse en la cancha si los futbolistas aciertan los pases, ganan los uno contra uno, toman las decisiones correctas en la defensa... En definitiva, si traducen la disposición táctica en un movimiento fluido de la pelota. Y River, tal como le ocurrió en el primer tiempo de la revancha contra Boca en Mendoza, no lo hizo. Entonces, los análisis adquieren un carácter relativo.

Durante un largo rato de ese primer tiempo, prácticamente hasta la exagerada expulsión de Pisculichi, a Martínez le costó un mundo encontrar una camiseta amiga para hacerle llegar la pelota; Bertolo no podía con Ceballos, Domingo no le daba un buen destino a la salida desde el medio y Pisculichi se diluía en gambetas intrascendentes. De hecho, si se fue al vestuario con un empate a cuestas se debió mucho más a arrebatos individuales que al juego colectivo. De Barovero para sacar dos pelotas notables, y del Pity Martínez para acomodarse y empatar el partido con un zurdazo desde afuera del área.

El complemento devolvió la novedad de Joaquín Arzura por Bertolo y la modificación del sistema, para armar un 4-2-2-1, con el uruguayo Alonso como única punta, una variante más en el amplio repertorio. Y River comenzó a funcionar mejor. ¿Por la nueva disposición táctica? Difícil asegurarlo. Simplemente, ajustó los pases, la pelota comenzó a correr de un pie millonario a otro, y con ese recurso, el más elemental del fútbol, desactivó a un rival que en la primera mitad había torturado a Maidana y compañía.

El ingreso de D'Alessandro y Viudez le permitió a River ilusionarse varios minutos con el triunfo, incluso a pesar de la inferioridad numérica. Lo tuvo en el remate de Arzura al palo (fue muy auspicioso el debut del ex jugador de Tigre, con despliegue, precisión y llegada al área rival) y lo buscó hasta que los músculos del hombre recién llegado de Brasil dijeron basta.

Las rotaciones conllevan un riesgo indudable. El funcionamiento tiende a resentirse si los intérpretes no responden como de ellos se espera. Le salió bien a Rosario Central y muy mal a Racing en esta semana llena de fútbol. Y en el resultado también le resultó caro a River. Porque la táctica acaba donde empieza a tallar la técnica individual. Y en ese aspecto, anoche el campeón de América solo tuvo un rato de precisión y lo terminó pagando.

Un premio al atrevimiento mendocino

Las manos de Barovero

En su cumpleaños número 32, el arquero sostuvo la ilusión de River hasta el final. Un mano a mano a Ayoví en el primer tiempo y un cabezazo que le sacó abajo al mismo delantero ecuatoriano en el complemento mantuvo a flote a su equipo. Pese a su destacada actuación, a River no le alcanzó ni siquiera para rescatar un punto.

El atrevimiento mendocino

Godoy Cruz, como ocurrió con Atlético Tucumán el domingo pasado en la Bombonera, dio un gran golpe. Salida clara desde abajo, intento de jugar al pie, velocidad en la salida de contra y buena disposición defensiva le dieron un triunfo resonante. Pudo resolverlo en los 45 iniciales y le faltó contundencia y lo encontró con un zapatazo cuando empezaba a conformarse con el 1-1.

Pisculichi, muy vehemente

La tarjeta roja que le mostró Germán Delfino pudo ser excesiva, pero no es la primera vez que le ocurre al zurdo de River. Cuando no encuentra la pelota o no le salen los pases quiere compensarlo con pierna fuerte. Y se equivoca, porque como a todo delantero, se le nota demasiado. Llegó tarde al cruce con Fernández, lo trabó abajo cuando ya había soltado la pelota y dejó con 10 a su equipo, una inferioridad que acabó siendo crucial.

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