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Javier Sicilia: "En México, Francisco tuvo un cerco mediático y político"

El escritor y activista dijo que aunque el Papa fue muy directo y dio un mensaje de esperanza, su visita al país estuvo limitada

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LA NACION
Sábado 20 de febrero de 2016
Foto: LA NACION
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CIUDAD DE MÉXICO.- El 28 de marzo de 2011, la vida del mexicano Javier Sicilia cambió para siempre. Ese día, su hijo Juan Francisco, de 24 años, apareció muerto a un costado de la ruta de Temixco (Morelos) junto a los cuerpos sin vida de otros seis jóvenes, en un hecho que conmovió a la opinión pública y transformó a quien por entonces era un reconocido poeta y narrador en uno de los activistas sociales más influyentes del país. Desde esa mañana trágica, Sicilia abandonó la poesía, convencido de que la palabra se había vuelto inútil, y se convirtió en el militante que nunca habría querido ser. Como escritor, su obra plantea los desafíos de la religión en el mundo contemporáneo. Y desde esa misma fe analiza el reciente paso de Francisco por México, un viaje que -en su opinión- estuvo marcado por "un cerco político y mediático".

-¿Qué dejó en México la visita del papa Francisco?

-Es difícil saberlo sin una perspectiva de tiempo. Creo que, en medio del desgarramiento social que estamos viviendo en el país, y de la complicidad de la clase política con todo el desastre, la visita del Papa puede reforzar algo que se está perdiendo en México, que es la esperanza. Los mensajes fueron muy claros, sobre todo en la homilía de Morelia, donde habló de la negación y la resignación, que es a lo que se está llegando ante la incapacidad de detener la violencia y encontrar una ruta de paz.

-Ante la dimensión que alcanzaron la violencia y la impunidad en México, ¿las palabras y los gestos alcanzan para enfrentarlas?

-No, no creo que sean suficientes En todo caso, si el Papa nos dio algo fue el llamado a mantener cierta resistencia y tener, como en la misa de la Resurrección, una vela encendida para que las tinieblas no sean absolutas.

-Como padre de una víctima de la violencia que asola México desde hace ya tantos años, ¿la visita del Papa lo movilizó?

-No, la verdad, no. El Papa es una buena presencia, pero no me dice nada más de lo que ya sé, ni de lo que tengo que vivir en mi resistencia desde la fe. Creo que haber remarcado la necesidad de la esperanza fue muy bueno para mucha otra gente, pero en mi caso personal no puedo decir que me haya agregado algo. La palabra evangélica sigue ahí, y la imposibilidad de encarnarse en lo real también sigue allí. El Papa aislado, sometido dentro del cerco de la política, muestra eso, que la palabra está ahí y se dice pero no logra salir del cerco. El mismo cerco que probablemente vivieron Jesús al final de su vida o San Pablo, cuando hablaba del "misterio del mal" en un mundo roto.

- Como líder mundial que es, al Papa lo recibió la clase dirigente nacional. ¿Cuál fue su rea-cción cuando vio a Francisco rodeado de funcionarios sospechados de complicidad con el crimen organizado?

-Pues de mucha tristeza. La palabra del Papa fue muy directa, pero no hizo mella en los individuos que son responsables de tantas muertes y de la miseria del país. Porque con el mismo cinismo luego fueron a comulgar, así que ahí se ve claramente la imposibilidad que tiene la palabra de encarnar en la conciencia de aquellos en los que debería encarnar. Me dio mucha tristeza y mucho dolor ver a ese hombre que trae el Evangelio, que habla con firmeza y con fuerza, ser ignorado y cercado por el show.

-Dice que la visita del Papa pudo haber servido para estimular la esperanza, pero al mismo tiempo señala que su palabra fue cercada y tuvo límites. ¿La esperanza también tiene límites?

-Hay que hablar de dos tipos de esperanza. La esperanza humana tiene límites; la teologal no. Vivimos tiempos muy terribles porque nos vemos obligados a ampararnos únicamente en la esperanza teologal, ya que la esperanza humana, que debió ser su rostro en la Tierra, no se ve. Entonces uno se aferra a la esperanza teologal, la que como decía Georges Bernanos "sólo nace cuando hemos aprendido a desesperar de todo".

-¿En México hace falta una ola de espiritualidad como la que evoca el Papa?

-Yo creo que sí, el cambio sólo puede venir luego de un anclaje en la vida espiritual que nos lleve a una unidad. Y esa unidad se llama amor, dignidad y resistencia, pero sólo es posible a través de una vida espiritual que nos una y nos permita enfrentar el mal, el horror y la mudez que nos rodea.

-¿Cómo evalúa que Francisco no haya condenado explícitamente los abusos de los Legionarios de Cristo en Morelia, o que no se haya reunido con los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa?

-Para mí es parte del cerco que menciono, un cerco que supongo que lo debe tener muy desgarrado. El Papa se mueve sobre un filo muy delicado, es un hombre de dos mundos, los dos de los que surgió la Iglesia: el del pueblo de Nazareth y el del César. Él vive entre el pueblo de Nazareth y el del César. Y en México, Francisco estuvo cercado por la iglesia del César, que no le permitió llevar ese mensaje a particularidades muy concretas.

JAVIER SICILIA

Foto: LA NACION

Activista

Profesión: escritor

Edad: 59 años

Origen: México

Se convirtió en activista en 2011, luego de que su hijo de 24 años apareciera muerto a un costado de la ruta en Morelos, junto a los cuerpos sin vida de otros seis jóvenes

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