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La vida después de El día que Nietzsche lloró

Cuestiona a los nuevos filósofos, pero habla muy bien de series como En terapia. El reconocido psiquiatra y escritor Irvin D. Yalom vuelve a tomar historias de sus pacientes para una novela que, también, lleva al diván a la psicoterapia

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PARA LA NACION
Domingo 21 de febrero de 2016
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"A pesar de nuestro deseo de fusionarnos con otro, siempre habrá una distancia", señala el psiquiatra y escritor estadounidense Irvin D. Yalom en una de las diez historias de psicoterapia que narra en su más reciente libro, Criaturas de un día. La entrevista con el autor de best-sellers como El día que Nietzsche lloró, Mirar al sol y El enigma Spinoza se realiza a través de una videollamada por Skype con tantas intermitencias y ecos como ideas vierte Yalom. La distancia entre Buenos Aires y Palo Alto, California, es notable. El entrevistado se muestra molesto por la oscilante calidad de la conexión, pero siempre muy bien dispuesto a la charla. Será que con 50 años de trabajo como terapeuta ha sabido ejercitar con esmero la templanza, la paciencia y la perseverancia.

Aún con dificultades, internet ofrece la posibilidad de acercarse a este incansable hacedor de 84 años sin la necesidad de volar por todo el continente. También obliga a preguntarse sobre las paradojas de la comunicación actual. ¿Qué tan efectiva es? Porque cuando en las redes sociales se denomina amigos a antiguos habitantes de nuestras vidas o a meros contactos de la actualidad, da la sensación de que algo no anda bien. Ya bastante abismo se vislumbra con la afirmación de Yalom que deja en claro que lograr vínculos verdaderamente íntimos es un desafío que, como la utopía, siempre mantiene distancia. Y si bien este famoso escritor cuyos libros fueron traducidos a más de 20 idiomas asegura no tener cómo juzgar si las relaciones por internet son poco comprometidas, reconoce sentirse "preocupado por el modo en que muchas personas apenas tienen contacto con otras y las ven por la web, por redes sociales como Facebook", le confiesa a La Nación revista. Y aunque concede que "para muchas otras personas es una muy buena forma de conocer gente y entablar amistades", también advierte: "La amistad es algo muy importante. Por eso siempre me interesa saber cómo mis pacientes se relacionan: si se juntan con amigos, si estuvieron conversando con más gente durante el día y por cuánto tiempo o qué tan aislados están. Creo que hay pocas personas que son verdaderamente felices estando solas y que uno siempre necesita relacionarse con otros para poder sentirse pleno".

¿Dónde cree que reside el poder de la literatura y de la filosofía que provoca que una lectura pueda ser reveladora para alguien?

En que la gente se ve a sí misma en los personajes que están en los libros y luego piensan en sus propias vidas. Por eso creo que contar una historia es una muy buena manera de aportar una enseñanza. A veces también funciona así la psicoterapia: a partir de que escuchás una historia por varias semanas, tratás de ayudar a la gente a entender de dónde viene su dolor. Juntos somos detectives que tratamos de dilucidar eso.

¿Qué tiene para decir de las nuevas generaciones de filósofos?

Creo que muchos de ellos no están interesados en este tipo de asuntos. Prefiero a los que están realmente enfocados en la vida; los que más me enseñan son los que hablan sobre cómo vivir.

¿Piensa que tienden a simplificar el discurso?

No. Simplemente se ocupan de otras cuestiones como la lógica, el cerebro o el impacto de la electrónica en el cerebro y ese tipo de cosas. No están interesados en cómo vivimos, ni en cuál es el sentido de la vida, ni cómo enfrentamos la muerte y de qué se trata. No suelen tratar esos temas los nuevos filósofos.

El poder de la filosofía

Estudioso, disciplinado lector y amante de la escritura, parece no poder separarse nunca de su gran amor: la psicoterapia existencialista. Su romance tiene medio siglo. De ella le sedujo su enfoque filosófico acerca del ser humano, que se caracteriza por preguntarse por el sentido de la vida, su evolución y los dilemas que a lo largo de los años se van enfrentando, incluso el de la muerte.

Yalom encontró un modo particular de enfocar su trabajo apenas inició sus estudios en Psiquiatría, porque "la mayoría de las ideas de las que hablábamos en la universidad tenían que ver con una mirada psicoanalítica o una visión más médica o biológica. Y yo no estaba satisfecho con ninguna de esas perspectivas". Fue entonces cuando se topó con el libro Existencia, del estadounidense Rollo May. "En ese momento pensé que tenía algo que aprender de los filósofos porque hay mucha sabiduría en ellos". Con esa idea, mientras hacía la residencia en la clínica Phipps del Hospital Johns Hopkins, comenzó a tomar clases de Filosofía, "cosa que hice durante los siguientes 25 años", destaca.

A partir de allí, de manera prácticamente antagónica a la idea de autoayuda, también se abocó a escribir. Comenzó con Psicoterapia Existencial, un libro en el que expuso sus postulados. Y poco después encontró que la mejor manera de enseñar de qué se trataba este enfoque, era narrando historias. Así nacieron libros como Verdugo del amor, que pronto figuró en la lista de best-sellers del diario The New York Times. Con aquel éxito de ventas, entendió que "le estaba hablando a una audiencia mucho más amplia. De todos modos, mis libros siempre fueron escritos para los estudiantes de psicoterapia. Incluso Criaturas de un día puede enseñarles algo", asegura.

También la novela El día que Nietzsche lloró surgió con ese propósito. En sus páginas quiso exponer: "Lo que era importante para Nietzsche podía ser importante para nuestro campo -asegura-. Y lo mismo me pasó con Un año con Schopenhauer y El enigma Spinoza. Quise mostrar que aquellas ideas con cientos de años eran muy útiles en nuestra práctica diaria". Y en la vida cotidiana de todo aquel que se preguntara sobre su presente y futuro personal.

Más atrás en la historia, Marco Aurelio y su escrito Meditaciones tienen un lugar relevante en su nuevo libro. Toma de él el título, lo cita al inicio y se lo recomienda a dos pacientes de la ficción. ¿Cree, por ejemplo, que reflexiones como las del emperador y filósofo romano pueden ser lecturas estimulantes para cualquier persona?

No para todos. Pero pienso que alguien que realmente quiere hacer una introspección se beneficiará leyéndolo. Sus meditaciones vienen dando vueltas hace cientos de años. Es un libro maravilloso del que aprendo algo cada vez que lo leo. Una de las sensaciones que tuve cuando inicié la carrera, es que creía que había que empezar estudiando a Freud pero, de hecho, había muchos filósofos anteriores a él con mucha sabiduría sobre la condición humana. A veces, al ver a un paciente, pienso inmediatamente en algo que estuve leyendo de algún filósofo que encuentro fascinante. Eso es lo que me pasó: venía leyendo a Marco Aurelio en la semana y ese mismo día se lo mencioné a dos pacientes. Ambos reaccionaron de maneras muy distintas y tomaron actitudes diferentes luego de leer el libro.

También profesor de psiquiatría de la Universidad de Stanford, Yalom participó de una charla en ella junto a Yael Hedaya, la principal autora de En terapia, la aclamada serie de televisión israelí que tuvo su versión en los Estados Unidos y, más tarde, también en la Argentina, protagonizada por Diego Peretti y Norma Aleandro.

En su interés por la combinación de realidad y ficción, Yalom asegura que "es la serie que llegó más lejos, uno de los mejores retratos de lo que es en realidad la psicoterapia. Es muy exacto, muy preciso". En oposición, señala a la también multipremiada Los Soprano como "muy irreal, no tiene nada que ver con cómo la psiquiatría trabaja".

En Criaturas de un día muchos de los pacientes del narrador (usted) se acercan al terapeuta a partir de un e-mail. ¿Qué opina de la tendencia de hacer terapia a través de la web (de hecho hubo una serie llamada Web Therapy) y del modo en que internet modificó la forma de comunicarnos.

No hago ninguna terapia por e-mail, pero sí por Skype y tengo contacto con gente que está haciendo terapia en internet. Incluso hay sitios web en los que es posible hacer terapia de texto: escribís un mensaje al terapeuta y él te responde. Creo que para algunas personas es útil por una razón: hay quienes están más dispuestos a revelar algo sobre sí mismos a alguien que no ven; que incluso no conocen su nombre porque es posible utilizar uno falso. Pueden hacer terapia por un año contando cosas que jamás hubieran mencionado si estuvieran cara a cara. De todas formas, siempre pensé que es mejor que, al menos, se vean una vez; aunque sea por Skype.

¿Cree que la empatía necesaria es posible con mensajes de texto?

Con terapia de texto podés comunicarte con tu terapeuta cada vez que estés amargado. Incluso en el medio de la noche. El terapeuta no leerá el mensaje de texto en ese momento, claro, pero podrá tener mayor precisión del estado en que te encontrabas cuando le escribiste y contactarte cuando esté despierto. Creo que esta modalidad tiene algo para ofrecer. Pero se necesita entrenamiento y habilidades. No puede hacerlo cualquiera.

Y el hecho de que muchos de sus pacientes, a partir de lo que expone en su último libro, le soliciten sólo dos o tres sesiones, ¿cree que tiene que ver con una cultura que exige inmediatez?

Ocasionalmente, veo a un paciente por una o dos sesiones. Son casos excepcionales porque no creo que se pueda hacer mucho en tan pocas sesiones. Me gusta, para hacer un trabajo sustancial, ver a las personas por un año. Pero hay algunas que con 10 o 12 sesiones puede ser suficiente para obtener algo interesante. Y no creo que se trate de un tema cultural, sino de un sistema de salud que tiene mucho por cambiar. Muchas veces las terapias breves tienen que ver con que las compañías de seguro tienen que pagar por ellas y sólo pagan por unas pocas sesiones.

Confieso que he vivido

Con 84 años, Irvin Yalom no deja de escribir durante las primeras tres o cuatro horas de la mañana, a solas, en su oficina, un ambiente amplio con una biblioteca a la que da ganas de curiosear y ventanales amplios, a menos de cien metros de su casa, en Palo Alto, California. Allí también atiende pacientes por las tardes, excepto dos veces por semana que lo hace en la ciudad de San Francisco.

En aquella habitación donde abunda mobiliario de madera y desde la que realiza la entrevista con La Nación revista, Yalom vuelca sus letras más preciadas. Inquieto, asegura no ser bueno para la danza (comenta que intentaron, infructuosamente, que aprendiera algunos pasos de tango cuando, años atrás, visitó Buenos Aires con motivo de la Feria del Libro), pero que disfruta del ballet y sobre todo del teatro dramático. Está en plena escritura de su, quizás, desafío literario más importante. "Estoy trabajando en mis memorias. Así que soy el personaje protagonista de mi próximo libro", adelanta, enigmático, sin aportar más detalles. Sólo que espera terminarlo hacia fin de año. Y reconoce que incorporará algunas citas e ideas de pensadores que lo marcaron. Quién sabe si no estarán en sus páginas algunos conceptos del neurólogo y escritor británico Oliver Sacks, de quien acaba de leer su autobiografía.

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