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Pacquiao y un error de mente y lengua

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PARA LA NACION
Sábado 20 de febrero de 2016
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Hay una escena sepultada en lo más hondo del dolor de la historia del boxeo que, con el paso del tiempo, se convirtió en un acto conmovedor y cuidadoso para la comunidad genuina de este deporte, cada vez más pequeña y cercana a su extinción.

Este acontecimiento, triste e infeliz, fue animando por el cubano Benny " Kid" Paret, quien creía tener a la ciudad de Nueva York colgada de su corona mundial welter, y el notable Emile Griffith, célebre peleador de Islas Virgenes que buscaba reconquistar ese cetro, el 24 de marzo de 1962 y también rival, años más tarde, de Carlos Monzón.

Paret, inaugurando los sistemas promocionales del espectáculo en donde la agresión se constituye en una gracia atractiva para un determinado consumidor, ofendió a su rival ante las sospechas de su condición sexual. Hecho "aberrante" para este oficio hace más de 60 años: "¡ Go maricón!!!"?" ¡Go maricón!"?Aquella mísera oración vertida por el campeón recibió una respuesta de su rival, tan fría y seca como el peor de los presagios: "Esta noche te mato". Y esa noche, todo salió mal. Fallaron los hombres y las reglas y Paret murió diez días después, como consecuencia de lo que pasó en el ring del Madison Square Garden.

La homosexualidad era un tema tabú, respetado y silenciado hasta esos momentos en el pugilismo. Y tras ese episodio se sepultó para siempre junto al cuerpo de Paret. Como advertencia y como castigo. Se convirtió en un argumento ajeno, casi vedado, a cualquier comentario o suspicacia de atletas cercanos al cuadrilátero. De cumplimiento obligatorio.

El boxeo es un mundo de tránsito libre, demasiado grande y sin límites. Delincuentes, altruistas regeneradores de vidas perdidas, bandidos y banqueros, blancos y negros, judíos y católicos, hombres y mujeres; todos siempre potenciaron lo que representaron. Jamás un pugilista atacó a un colega por sus credos disímiles o por lo opuesto de sus naturalezas. Siempre exaltaron sus raíces.

Por todo esto, resulta indignante y sorprendente la postura homofóbica expuesta por el séxtuple campeón mundial Manny Pacquiao, en los últimos días, con una frase que erizó la sensibilidad universal: "¿Ud ve animales del mismo sexo apareándose? Los animales están mejor, se puede distinguir el macho y la hembra. Ahora, los hombres están con los hombres y las mujeres con las mujeres; entonces son peores que los animales".

A los 37 años, preso de una peligrosa devoción religiosa, ortodoxa y dura, Pacquiao, habitualmente cálido y sensible, cometió el peor desliz de su carrera hiriendo a la gente y a la opinión publica. A menos de dos meses de su próxima pelea ante Timothy Bradley, el habitante más popular de Filipinas comenzó a fallar. No fue su gancho ni su cross. La merma provino de su lengua y de su mente. Y no hay remedio para estas cosas.

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