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El gran desafío de Pernía: ganar... y sonreír al final

El tandilense triunfó en el inicio de la temporada de TC, en Viedma, pero tiene pendiente un título, tanto en esta categoría como en STC 2000; emoción de Fontana por su hermana

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LA NACION
Lunes 22 de febrero de 2016
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Nunca se coronó campeón de los fierros. Es cierto, llegó tarde al volante: hasta los 30 años, Leonel Pernía jugó al fútbol profesionalmente. Cinco veces arribó con chances a la definición del título de Super TC2000; no lo ganó jamás. Corrió 103 carreras de Turismo Carretera y, con la de ayer en Viedma, venció en cuatro, colocándose un escalón debajo de su padre, el popular Vicente Alberto, que enfervorizaba a la Bombonera, que triunfó cinco veces y fue subcampeón en 1997, detrás del Flaco Juan María Traverso. Y ahora, a los 40, de golpe, parece haberse convertido en el piloto del momento en el automovilismo local: el domingo 14 se impuso en la apertura del torneo de la Clase 3 del Turismo Nacional, con un Fiat, en La Plata, y ayer conquistó de punta a punta en Viedma la apertura del campeonato de TC.

"Ganar dos fines de semanas consecutivos es para disfrutarlo realmente; ya me había sucedido, pero son logros que se dan muy de vez en cuando -acepta el tandilense-. Estos momentos son muy difíciles de conseguir, por más que uno trabaje todos los días en procura de andar adelante. Y cuando uno parece a punto de conseguirlo, en las últimas vueltas lo más difícil no es manejar, sino mantener la concentración, porque uno se acuerda de todos y eso te distrae".

Durante viernes y sábado, Pernía había sido eclipsado por su nuevo compañero de equipo, el orgulloso rionegrino José Manuel Urcera, oriundo de Cipolletti. Dieciséis años menor que él y con recursos, venía de entrenarse en Inglaterra y se quedó con la pole position, contagiando de entusiasmo a la zona, que acaso imaginó la victoria de un piloto local y copó el autódromo. La gracia mecánica no se extendió al domingo: "una bujía sucia", dijo Emilio Satriano, campeón de TC en 1990 y proveedor del motor de Urcera, cuando quiso explicar el inconveniente que había preocupado al piloto mientras se esfumaba el sábado. Ayer, el Chevrolet N° 151 no alcanzó ni a completar su serie. Para entonces, Pernía había replicado esa puesta a punto ideal en su propio coche.

"Para puntear en TC tenés que venir al límite en todo momento", sentenció cuando las revoluciones por minuto habían descendido a cero. "Corriendo de esa manera, es muy fácil que te sorprenda el auto. Pero pude controlarlo en todo momento. Gané una carrera importantísima, que me va a permitir ser inteligente y correr el campeonato de otra manera".

Es lo que necesita Pernía: demostrar que no es sólo un piloto que conquistas victorias pero que pierde campeonatos. Compite en TC desde que está instituida la Copa de Oro, pero apenas una vez, en 2014, pudo acceder a la disputa de esos playoffs y sin mayor fortuna, con un 11° puesto entre los 12 participantes. Es la gran deuda pendiente del tandilense: transformarse en un candidato válido y lograr un respeto real de sus rivales, que muchas veces lo ven como un piloto demasiado envuelto en polémicas.

El más duro rival de Pernía durante la carrera fue el arrecifeño Norberto Fontana, que estaba convencido de haber llegado a esa instancia gracias a un acontecimiento sobrenatural. Hace casi una década que el TC corre sin acompañantes pero Fontana -que en Viedma disputó su prueba Nº 200 en la categoría- sintió que vivía una conmovedora excepción a la regla. "Es creer y tener fe: en la serie, Nancy venía conmigo a bordo del Toro", afirmó. Nancy, su hermana, falleció en enero a raíz de un mal incurable; era la madre de Nicolás Trosset, sobrino de Fontana y ex piloto de TC.

El Torino preparado por el equipo Laboritto Jr. sólo había conseguido el 18º mejor tiempo en la clasificación sabatina, pero ayer por la mañana la trompa del auto lucía la siguiente leyenda: "Nancy, por siempre en mi corazón". Y Fontana, que largó 6° en la tercera serie, acabó venciendo en el parcial luego de una sucesión de contingencias, a saber: un toque entre Matías Rossi y Agustín Canapino, un inconveniente en la caja de cambios del Ford de Nicolás Bonelli, que obligó al entrerriano, que venía ganando, a cruzar la meta empujando su auto (por lo cual fue desclasificado), y el recargo al campeón Omar Martínez, por largar a una velocidad mayor a la permitida.

"Me dio mucha fuerza, creo que venía ella arriba del auto, hizo todo para que yo pudiera ganar", sentenció el arrecifeño. Sin embargo, en la final no gozó de semejante compañía: "Venía semitapado por el auto de Pernía y cuando ví la bandera de aceite ya era tarde, fui al trompo, una lástima", reconoció. En el podio lo reemplazó su compañero de equipo, Santiago Mangoni, que venía quemándose los talones en el abrasador interior de "Hulk", como bautizó a su Torino verde: a la hora de la bandera a cuadros, los termómetros acusaban en Viedma 39º a la sombra.

El que ganó la competencia de la sinceridad fue el subcampeón Rossi: "¡Qué maneras de hacer cagadas, por favor.!" reconoció. Además del toque con Canapino en la serie, chocó con Gentile en la final, fue penalizado, pisó aceite y se despistó. También cumplía 200 carreras en TC: debió de ser una de las peores.

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