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Trazan un nuevo perfil argentino: el de nuestras bacterias intestinales

El microbioma humano, cuyo desequilibrio se vincula a un sinnúmero de trastornos, varía entre individuos y zonas geográficas; investigadores de Rosario comenzaron a cartografiarlo

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LA NACION
Domingo 21 de febrero de 2016 • 21:46
Bacterias intestinales
Bacterias intestinales.
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Aunque nos imaginamos como una colección de células que dan forma a nuestros órganos, el cuerpo humano también es un hotel cinco estrellas que alberga a billones de microorganismos: el microbioma humano.

Se calcula que la cantidad total de estos huéspedes lilliputienses (bacterias, hongos y otros microbios) que habitan en nuestras mucosas y particularmente en nuestro intestino puede multiplicar por diez el número de nuestras células, y sus genes podrían superar en cien veces los nuestros.

Hace unos años, nadie sabía mucho de esta población multifacética más allá de que es esencial para sintetizar ciertas vitaminas y nos ayuda a defendernos contra los patógenos. Iniciado en 2008 y continuado durante cinco años a un costo de 115 millones de dólares, el Proyecto Microbioma Humano respaldó la sospecha de que las alrededor de mil especies de bacterias que lo conforman juegan un papel vital en la salud y la enfermedad.

Pero uno de los problemas para extraer conclusiones de qué rol cumple es que el microbioma es altamente modificable por el medio ambiente: la dieta, las enfermedades, la ingesta de medicamentos, la ubicación geográfica y el estilo de vida hacen que sea diferente entre un individuo y otro, y entre una región y otra.

Por eso la importancia del trabajo piloto que acaban de publicar científicos argentinos en Frontiers of Microbiology, en el que empiezan a trazar un perfil del microbioma argentino, el primero que se trazó en América latina.

Modelo de referencia

"La idea que está tomando fuerza desde el Proyecto Microbioma Humano, en los Estados Unidos, es que la estructura y composición de esta comunidad de microorganismos se correlaciona con numerosas enfermedades -explica Martín Vázquez, investigador del Conicet que trabaja en la compañía Indear-Bioceres y último autor de la investigación-. Pero, dadas las naturales variaciones que presenta, para poder predecir alteraciones vinculadas con desórdenes de la salud hay que comenzar por una caracterización de la microbiota del individuo sano y no se puede tomar como referencia el norteamericano."

La investigación, en la que participaron científicos del Instituto de Agrobiotecnología de Rosario y del Centro de Diagnóstico Médico de Alta Complejidad de la misma ciudad, analizó en una primera etapa la composición de la microbiota de 20 personas sanas de clase media, de entre 20 y 50 años, tomada de seis diferentes "hábitats"(piel, boca, saliva, garganta, laringe e intestino).

Martín Vázquez, investigador del Conicet en Indear
Martín Vázquez, investigador del Conicet en Indear.

Luego ampliaron la muestra y en este momento están procesando los datos de 200 individuos de cuatro ciudades de más de 200.000 habitantes: Rosario, Paraná, Venado Tuerto y Córdoba.

"El trabajo arrojó miles de secuencias genómicas que nos permiten identificar las bacterias presentes -afirma Vázquez-. Pero aunque son tantas, hay algunas que predominan. Un 80% de los microbios corresponden a 10 o 12 especies."

A partir de estos estudios, los científicos pudieron verificar un componente local en los rosarinos que es claramente diferente del perfil norteamericano.

"Las bacterias son mayormente las mismas -aclara el investigador-, lo que varían son las proporciones [de cada población]. Precisamente, esas diferencias son las que justifican tener una referencia local para poder detectar correlaciones."

El estudio de la microbiota humana es un campo de gran actividad en la ciencia internacional. Artículos publicados en revistas de alto impacto encontraron razones para sospechar que, por ejemplo, puede modular la acción de drogas inmunoterapéuticas, que estaría vinculada con la malnutrición, y que incluso podría estar asociada con cuadros psiquiátricos, como la depresión, el autismo y la esquizofrenia. "Por ahora lo que se vio es correlación -subraya Vázquez-. Hay que dilucidar cuál es la causa y cuál la consecuencia."

El fácil acceso al microbioma intestinal (por ejemplo, por medio de probióticos especialmente diseñados) lo vuelve un blanco especialmente atractivo, ya que se puede alterar en días.

Precisamente, la semana última se realizó en el Hospital de Clínicas de la UBA el primer trasplante de microbiota intestinal (obtenida de la materia fecal de un donante sano para restablecer la composición normal) a un paciente que padecía una infección con una bacteria patógena, Clostridium difficile.

"El trasplante permitió tratar con éxito a una persona que no respondía a los antibióticos -cuenta el doctor Carlos Waldbaum, jefe del Servicio de Endoscopía de la División Gastroenterología del hospital-. Tenía una diarrea que no podíamos controlar, y dos o tres días después ya se había repuesto."

Según explica Waldbaum, ésta fue una "prueba de concepto", pero en el futuro esperan avanzar con este enfoque en el tratamiento de otras afecciones.

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