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Efímero: por qué, con el empate, perdieron los dos en el clásico de avellaneda

Independiente y Racing se guardaron las explosiones futbolísticas para el final, aunque -cuando bajen las revoluciones del 1 a 1- se darán cuenta de que ninguno termina despegando ni cumpliendo con las expectativas que habían proyectado

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PARA LA NACION
Lunes 22 de febrero de 2016
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Las 21.05 del domingo 21 de febrero de 2016, Lisandro López ratificó que al mundo lo salva la imaginación. También a Racing, más que a nadie en este caso, el Racing del groucho marxista Sava: éstos son mis principios -el poético fútbol de las conferencias-, pero si no les gustan también tengo otros. Otros: un equipo en el que lo más arriesgado que se vio fue una gambeta de Nicolás Sánchez y una pisada de Luciano Lollo. Los jugadores y los hinchas de Independiente, mientras tanto, podrán copiar, pegar y postear esto: mereció ganar el local. Cuatro fechas después del inicio del Torneo Transición, sin embargo, Independiente volvió a perder. En el omnipotente fútbol argentino del 38-38, al equipo de Mauricio Pellegrino también le ganaron 1-1.

Obnubilado con el Brasil que ganó el Mundial de México 70, el director italiano Pier Paolo Passolini escribió un ensayo en el que sentenció que había dos corrientes de juego: un fútbol de izquierda -desprejuicioso, valiente, libertino- y uno de derecha, que fue el que intentaron Independiente y Racing ayer en Avellaneda.

Errata: el de Racing no fue derecha, fue fascista. Sólo seis partidos después del comienzo del ciclo de Facundo Sava, el equipo que iba a volar con Oscar Romero, Gustavo Bou, Diego Milito, Lisandro López y Rodrigo De Paul, se amarró al estilo que le había concedido el título con Diego Cocca. Abierto en defensa y con flashazos en ataque, ya le metieron diez goles en cuatro fechas y algunos jugadores han mirado cruzado a entrenador actual por haber quemado al juvenil Mariano Bareiro en Tucumán, ante Atlético. Racing positivo vive los días del viejo Racing: el que era candidato, cuatro fechas después, quizá no lo es más. Ayer, la única idea del campeón del certamen Transición 2014 fue detonar un pase largo y alto (atiendan el halago) a la zona de Nicolás Tagliafico, para que Oscar Romero la atacara. Diego Milito, su socio y capitán, en un momento se arrodilló y se desató los cordones de los botines. Iban 14 minutos. A un metro suyo, Jesús Méndez y Tagliafico se pasaban la pelota. Una premonición.

Hubo una pregunta que Pellegrino contestó sin que se la hicieran en la conferencia de prensa, y fue la misma que se debe haber hecho Sava: cómo seguir, cómo mejorar. Lo bueno para Independiente es que Leandro Fernández se mostró fino para tocar en su debut clásico, que Diego Vera aún se mueve bárbaro; el local se asoció bien en el medio pero le faltó aceleración, los laterales pasan al ataque con la velocidad que tiene el wifi en el estadio Libertadores de América.

Después, como insiste Riquelme, "me la dibujan con lo de volantes interiores, pero son todos 5, eh". Independiente, el candidato. Independiente, que recibía al clásico rival, jugó ayer con tres N° 5. Aunque Ortíz haya sido el arma secreta: el hombre invisible que se desprendía y llegaba vacío, por el medio. Tuvo tres. La que más cerca pasó del arco tampoco... fue al arco.

El miércoles a la noche, dos días después de la chilena del señor López, Racing debutará en la etapa de grupos de la Libertadores contra Bolívar, de local. ¿El Racing de las conferencias o el fascista Racing sin Bou? Obviamente, estas palabras se olvidarán: en Avellaneda, a los 44 minutos del segundo tiempo, gritarán los hinchas "se lo empatamos con una chilena, papá". El resto, el resto es periodismo.

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