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Federico Bruno: "Intentaré ir a los Juegos de Río en maratón"

Es el mejor atleta argentino en pista y se hace imbatible en calle; tiene el récord de 1500 metros y llevaba años soñando con ir los Juegos Olímpicos en esa distancia, pero el diablo metió la cola y el destino cambió para Bruno, quien buscará la mínima en Rottedam; un repaso sobre los males del atletismo argentino y cómo correr tras un sueño, a pesar de todo

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PARA LA NACION
Lunes 22 de febrero de 2016 • 20:09
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Efecto mariposa. En una calurosa pista del Brasil, un atleta se lesiona. A tres mil kilómetros de distancia, en Concordia, Entre Ríos, Federico Bruno recibe la noticia -y el dolor-, en el cuerpo, como si la lesión la sufriera él. Thiago Rosario, ya clasificado para los Juegos, había pactado ser la liebre -ayudarlo en carrera marcando el ritmo- del entrerriano, y buscar en Brasil, la marca olímpica en 1.500 metros. El tiempo requerido es de 3m36s. Para ubicarnos un poco en el nivel de dificultad de ese número, el año pasado, en todo el mundo pudieron bajar esa barrera sólo 50 atletas (comparativamente, la marca que piden en maratón, 2h16m00s, la lograron 604 corredores). En resumen, es muy difícil hacerlo solo, sin atletas de nivel internacional contra quien correr. Una lesión en tierra brasilera, fue el inicio de una selva de obstáculos, que se empezaron a cruzar delante de las zancadas de Bruno. Esquivando uno tras otro, llegó a un desenlace inesperado. Buscará su lugar en los Juegos de Río 2016, pero le sumará más de 40 kilómetros a su competencia: luchará por la plaza en maratón.

Bruno, en la pista de Cachi a 2300 metros sobre el nivel del mar
Bruno, en la pista de Cachi a 2300 metros sobre el nivel del mar.

Perdidas las chances de correr con Rosario, se comunica con su manager en España, necesita un torneo antes de mitad de mayo. Si bien el Comité Olímpico Internacional (COI) dio tiempo hasta el 11 de julio para clasificar, la Confederación Argentina De Atletismo (CADA) marcó el límite para el 16 de mayo. "Imposible Fede, no vas a encontrar a nadie corriendo en ese nivel en Europa antes del verano", le responden con lógica del otro lado del atlántico. Junio, julio, demasiado tarde, tiene que encontrar otra opción. Estados Unidos; la CADA le había prometido un viaje a torneos de alto nivel en el país del norte. Pero no pasó de la promesa, le cancelaron el viaje. Le dijeron que haber suspendido el viaje a Brasil, no era un buen antecedente. "¿Pero a qué iba a ir, si no tenía con quien correr?", se pregunta Bruno.

Pide menos entonces, quizás no sea mala voluntad, sólo falta de recursos. Un viaje a Salta, que ni gastos de visado genera. Pero -no alcanzó con ser el único argentino que ganó dos medallas en el último sudamericano- tampoco se lo aprueban. Se arregla solo, y consigue el dinero para viajar. El público festeja viéndolo entrenar a 2300 metros sobre el nivel del mar. Cada foto en Facebook junta cientos de Me Gusta, es una verdadera pena que no sirvan para pagar el hospedaje: sólo aceptan efectivo.

Pero por más alto que entrene, las malas noticias igual lo alcanzan. Nuevo llamado de la CADA: la marca para los Juegos sólo tendrá validez si se realiza en un torneo internacional. ¿Cuántos hay en Argentina? Uno, el Grand Prix que se realiza en Marzo. Parece una excelente cita, lástima que los 1.500 no tendrán valor Sudamericano, sino Nacional, y el año pasado, por ejemplo, el mejor extranjero no bajó lo 3m44s. Nueva solución de CADA: buscar la marca en el Campeonato Iberoamericano en Río de Janeiro. Vale recordar, hay que bajar de 3m36s, ¿Con cuánto se ganó el Campeonato anterior? 3m47,76s. Bruno seguía entrenando en Cachi, y seguía tachando países, tachando oportunidades: Brasil, España, USA, Argentina. "Me pasé dos noches enteras sin dormir", dice, quien se entrenaba para estar en los Juegos, pero no encontraba el camino a su sueño.

Después de un largo debate junto con su entrenador, José Luis Mareca, la conclusión fue la siguiente. Ya seguros de todo lo que no tenían, evaluaron lo que si tenían: muchísima distancia de pretemporada en las piernas -todas las semanas con casi 200 kilómetros-, una excelente adaptación a correr en calle "me siento cómodo a ritmos de 2m55s/km en las carreras de 10k", y lo más importante, la convicción profunda y definitiva, de querer estar en Río 2016. Entrenador y atleta coincidieron: buscarían su lugar en maratón. "¿Con mis marcas, por qué no puedo correr debajo de 2h15m?", se pregunta Bruno. Y el universo del atletismo nacional, se pregunta lo mismo.

-Por sólo poner un ejemplo, en Uruguay hoy el atletismo goza de un gran presente, gracias al orden que logró su Federación ¿Nunca dudaste en competir para un país donde el entorno ayude y vos sólo puedas pensar en correr?

-Muchas veces, si estoy a sólo un puente de distancia de Uruguay. Es en los momentos de bronca, cuando te preguntás ¿Por qué te la hacen tan difícil? Pero al final siempre bajás la cabeza y apuntás para adelante. Hay que seguir, hay que luchar.

-Luis Molina y Mariano Mastromarino con la marca pedida para Río. Miguel Bárzola y Javier Carriqueo, como serios candidatos a lograrla. Y sólo tres lugares. ¿Cómo ves a tus oponentes?

-Es muy difícil pronosticar, pero la verdad que a Molina lo veo firme con su tiempo (2h15m24s). A Javier le tengo fe, se que puede pasar cualquier cosa, pero tiene un historial imponente. No es fácil elegir sólo a tres. -aunque en esto no duda.- Pero yo me veo adentro.

-¿Dónde vas a intentar la marca?

-Sin dudas el lugar es Rotterdam. Hablé hoy con Javier, fue positiva su prueba en Sevilla, quizás le faltó con quien correr.- Fue solo desde el km 11 al 30, donde se detuvo.- Pero en Holanda vamos a estar todos.- En teoría también irían Mastromarino y Bárzola.- ¡Nos vamos a sacar chispas!

Definida la distancia, definida la carrera, en el atletismo argentino no todo es tan fácil, falta cómo llegar. "La CADA me dijo que no me puede gestionar el viaje a Rotterdam porque avisé con poca anticipación. ¡Pero se los pedí 60 días antes!", se lamenta resignado. ¿Tendrá que mirar el vaso medio lleno, tiene 60 días para ver cómo consigue la plata para cruzar el océano? El que lo vivió lo entiende: a los 22 años, se empuja un continente, y este chico sabe lo que quiere. "No me importa cómo, lo que tenga que hacer o lo que tenga que correr, yo voy a estar en Río", advierte convencido.

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