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El ocaso de los Bush, una dinastía que marcó al país

La renuncia de Jeb puso fin al sueño del clan de tener un tercer presidente

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PARA LA NACION
Martes 23 de febrero de 2016
Jeb Bush
Jeb Bush. Foto: AFP
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COLUMBIA, Carolina del Sur.- Era un centenar de personas en una pequeña sala en un hotel en el centro de Columbia, la capital de Carolina del Sur. La mayoría eran jóvenes. Tomaban cervezas con caras serias y música country de fondo. Los resultados preliminares pintaban mal. Su candidato, Jeb Bush, era el cuarto más votado en las primarias republicanas en Carolina del Sur. Se situaba muy lejos del tercero más votado y de sus sueños presidenciales. La espera se hacía cada vez más tensa. Circulaban rumores. A la hora y media del cierre de los colegios electorales, Bush irrumpió en la sala. Anunció el fin de su campaña.

Los asistentes, con lágrimas en los ojos, presenciaron in situ el ocaso de una de las dinastías políticas más importantes de Estados Unidos. Con el abandono de Jeb se enterró la posibilidad, al menos a corto plazo, de que un tercer Bush ocupe el Salón Oval.

El último en hacerlo fue George W., hermano de Jeb y que fue presidente entre 2001 y 2009. Su padre, George H. W. Bush, fue vicepresidente entre 1981 y 1989, y presidente entre 1989 y 1993. La saga política la había iniciado el abuelo de Jeb y George, Prescott, quien fue senador en los años 50 del siglo pasado.

El apellido familiar ha sido una carga demasiado pesada para Jeb. Lo escondió al inicio de su campaña, cuyo lema era simplemente Jeb. Titubeó con la alargada sombra de la guerra de Irak promovida por su hermano George, el último presidente republicano. Con el tiempo, según se hundía en las encuestas, Jeb recurrió a la familia. Defendió con vigor a su hermano. Y, en un intento ya desesperado, hizo un acto con él la semana pasada. También llevó a actos de campaña a su madre, Barbara. La ex primera dama, de 90 años, era escéptica. "Hemos tenido suficientes Bushes", dijo en abril de 2013.

Jeb era, en teoría, el más preparado para emular a su padre, que fue director de la CIA, en la Casa Blanca. De chico era el aplicado frente al travieso George. Pero su hermano se le adelantó. La llegada de George al cargo de gobernador de Texas a finales de los 90 impulsó su desembarco en la Casa Blanca. Jeb fue gobernador de Florida mientras George era presidente.

El hilo conductor de su campaña fue ensalzar su experiencia en Florida. Pero la irrupción de Donald Trump, con su retórica populista contra el establishment, alteró la ecuación. Descolocó a Bush, que dejó de ser el favorito. Se difuminó la especulación de unas elecciones dinásticas contra la demócrata Hillary Clinton, esposa del ex presidente Bill.

"Habría sido un gran presidente", dijo, aún digiriendo el abandono, Trend Phillips, un voluntario de 26 años que vino desde Florida para ayudar a la campaña.

Detrás de Bush en el podio en que anunció su retirada estaban su esposa, Columba, y su hijo, George P. "Es el 2.0", dijo sobre él. George P. ha seguido el legado político. Desde hace un año es comisionado de Tierras en el Estado de Texas. La dinastía no se da por muerta.

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