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Las reformas en la FIFA llevan el sello del Departamento de Justicia de los EE.UU.

No son pocos los que pronostican una nueva redada del FBI en Suiza antes de la elección

Miércoles 24 de febrero de 2016
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ZURICH (De un enviado especial).- El moño oscuro combina a la perfección con la camisa blanca, en la que es imposible encontrar una arruga. El silencio es total y afuera llueve. Concentrado, minutos antes del mediodía, el mozo revisa con esmero los últimos detalles en las mesas de uno de los cinco restaurantes del hotel Baur au Lac. Una frágil paz suiza a punto de quebrarse, porque ya llegaron al hotel varios muchachos de la FIFA, y muchos en Zurich coinciden en la apuesta: entre hoy y el viernes habrá una tercera redada del FBI.

A unos cuantos en la FIFA no les parecería mal. "¿Nuevas detenciones? Bueno, así quizá se convencerían algunos de aprobar la reforma de los estatutos que deben votar el viernes", dijo a LA NACION un alto responsable técnico bajo pedido de preservar su nombre. Lo mismo pidió otro funcionario del ente rector del fútbol mundial para confesarse con el Neuer Zürcher Zeitung: "Para mí está claro que el Departamento de Justicia de Estados Unidos entrará otra vez en acción, ya que el congreso del viernes votará un nuevo presidente y las reformas del organismo".

Tan convencidos están algunos que varios medios locales e internacionales decidieron apostar en los próximos días periodistas desde las cuatro de la mañana a las puertas del hotel.

Si aciertan, The New York Times perderá su privilegio de mayo y diciembre, cuando fue el único medio en dar la noticia y las fotos. En el entorno del ex presidente Joseph Blatter, el análisis es despectivo: "Típico show estadounidense. Podrían haberlos detenido en el aeropuerto, pero prefirieron hacerlo en un hotel de lujo y llamar al Times".

Show o no, el método parece ser efectivo. Tras la segunda redada, la de diciembre, el comité ejecutivo de la FIFA votó en forma unánime por reformar la organización. Ahora, en una FIFA sin jefe real y manejada con control remoto por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, la expectativa es que el viernes, en la votación de los 209 países miembros, se supere con amplitud el mínimo del 75 por ciento de los votos para sacar adelante la reforma.

"El presidente perderá poder", explicó a LA NACION una alta fuente del organismo. "Será el representante político, pero ya no firmará contratos en nombre de la FIFA." Tanto poder perderá el nuevo presidente que incluso su sueldo se hará público. El de Blatter, un misterio histórico, también será revelado en forma retroactiva.

El comité ejecutivo desaparecerá como tal y será sustituido por un consejo que coadministrará junto al secretario general y otra figura independiente. Habrá más mujeres -al menos seis- y la FIFA jura que trabajará de tal manera que mejorará la situación de semiesclavitud de los obreros que construyen las instalaciones del Mundial de Qatar 2022. Tras décadas de olvido, la fortaleza suiza descubrió los derechos humanos. Un dato seguramente incómodo para el favorito entre los candidatos, el jeque Salman Ibrahim Al-Khaliffa, en la mira de Amnistía Internacional por la represión a los disidentes en Bahrein.

La nueva estructura que se propone para la FIFA suena bien, tan bien, que difícilmente el proyecto haya surgido de sus entrañas. Las reformas tienen el sello del gobierno de Barack Obama, que movió los hilos sobre la base de la información que una docena de abogados fue aportando. Los hombres vienen entrando y saliendo de la FIFA desde junio. Se nutrieron interrogando a empleados y estudiando documentos en una "FIFA House" sin jefe ni energía ya para oponerse a nada y reportaron a sus superiores en Suiza y Estados Unidos.

Tan profundo pretende ser el cambio que si Julio Grondona viviera, podría ir olvidándose de presidir aquella poderosa Comisión de Finanzas que dirigió. En la nueva FIFA se requerirán estudios específicos sobre los temas que se manejen y no ser juez y parte. Una FIFA que, para nacer, depende de que se aprueben las reformas el viernes. El FBI lo sabe, por eso es que la entrada en calor para la votación bien podría ser una tercera redada en el Baur au Lac.

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