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El Club de Reparadores, una iniciativa para preservar los objetos antiguos y arreglar los dañados

En contra de la cultura descartable, dos amigas crearon este proyecto donde la idea es juntarse en diferentes lugares y que cada uno lleve lo que desea seguir utilizando

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PARA LA NACION
Jueves 25 de febrero de 2016 • 18:38

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Alrededor de cincuenta personas merodean por la vereda del Centro Cultural Matienzo, donde se realiza la cuarta edición del Club de Reparadores. Banderines de colores, carteles de Artículo 41 y lucecitas colgadas en la pared decoran el evento, al que siguen llegando familias.Algunos vienen por segunda o tercera vez, otros se acercan, curiosos, a preguntar qué está pasando. Tablones de madera sirven de apoyo para reparar una plancha, una minipimer, un espejo o una tostadora de 1940 que ya no funciona. Muchos vinieron en bicicleta. Otros caminando. Y otros llevaron la bici para repararle el manubrio o un pedal.

Foto: LA NACION / Aníbal Greco

El Club de Reparadores es un evento itinerante que idearon Marina Pla y Melina Scioli, dos amigas de lo sustentable y enemigas de la obsolescencia y la cultura de lo descartable. Se trata de un proyecto colectivo donde el lugar de encuentro va variando. ¿El objetivo? Que la gente se acerque a reparar objetos propios que fueron dañados o que son muy antiguos y desean seguir utilizando.Para llegar a este evento, primero crearon Artículo 41, con el objetivo de promover la sustentabilidad a través de proyectos y acciones de comunicación y participación ciudadana. El impulso para hacerlo fue el artículo 41 de la Constitución Nacional, que contempla el derecho de todos los habitantes a un ambiente sano y condena el daño ambiental. Comenzaron diseñando carteles para generar conciencia y terminaron creando este club.

La primera edición fue en Parque Lezama, el 28 de noviembre de 2015. Luego, como las creadoras del club estaban casualmente en Bariloche, hicieron la segunda edición allí. Ahora se realizará un evento independiente también en esa ciudad.

"Este es un evento voluntario e impulsado muy a pulmón", cuenta Marina, de 35 años y diseñadora gráfica, mientras anota en un cuaderno a cada persona que llega al evento. "La idea es que nos digan qué trajeron para arreglar, y que antes de irse nos avisen si pudieron repararlo o no".

No olvidarse de los repuestos

Marina agrega algo importante: "Por lo general, el 80% de los objetos que traen se pueden reparar. El tema es si se necesita algún repuesto que el dueño no pudo traer; nosotras les decimos que si saben que van a necesitar algún material extra lo traigan de su casa". Mientras tanto, una nena sella con tinta rosa unos boletos de subtepass que utilizan para promover la movida."Traje un inflador de bicicleta, dos teclas de un alargue para soldar y un turbo que es temperamental y arranca cuando quiere", dice Marta Rovere, de 71 años. Ya es la segunda vez que viene y cuenta que, en su casa, ella misma repara todo.

En el evento, los vecinos pueden arreglar las cosas ellos mismos con la ayuda de algún especialista o aficionado, o simplemente observar e intentar aprender cómo repararlo por si se vuelve a romper. "Hacemos un relevamiento de la zona para ver qué reparadores hay y los invitamos a que se sumen. La invitación es abierta para que venga todo aquel al que le divierta la movida, y también gente que tenga este oficio o que se da maña y se quiera acercar", dice Marina.A su lado, una lámina blanca con el mapa de Villa Crespo posee varios alfileres que indican dónde se puede encontrar por el barrio a algunos reparadores especialistas. La idea es que los vecinos puedan acudir a ellos si se vuelve a romper un objeto y es muy difícil repararlo en soledad.

Las dos amigas emprendedoras ya solían juntarse a enmendar su ropa algún que otro fin de semana. "Como Marina sabe de costura me ayudaba a coser mi ropa", dice Melina, de 29 años y consultora en sustentabilidad.

Monopatines, espejos y ropa

Una nena de vestido violeta y pelo colorado aguarda de la mano de su mamá que arreglen su monopatín. Las dos miran con atención al voluntario que intenta reparar cuanto antes el juguete de la niña. Al lado, Marta intenta soldar un espejo con luz, pero finalmente lo hace otro voluntario.Para el club, Pablo Giordano ya es un ícono: está presente desde la primer edición. Con anteojos, y una concentración extrema, intenta arreglar una tostadora que fue comprada hace poco y que trajeron padre e hijo, vecinos de la zona, a reparar. Pablo, que en cada edición demuestra su oficio en la materia, recibirá a cambio la alegría del dueño que se va con su objeto reparado.

Analía Fridman cuenta que, como sus padres viven por el barrio, la semana pasada ya se había dado una vuelta por el evento. "Hoy traje esta mochila que hace mucho no usaba y que no sabía exactamente cómo reparar", dice. Ella está sentada a unos metros de Florencia Dacal, quien recicla, transforma y reutiliza prendas o géneros en su marca: Dacal. Florencia es la experta que viene cada edición a dar una mano en el área de costura.

"La propuesta de eventos comunitarios para reparar colectivamente existe en otros países bajo el nombre de Repair Café o Restart Parties", explica una presentación del club. Pero si bien el espíritu es similar, estas iniciativas están solamente orientadas a la reparación de aparatos electrónicos. Por lo tanto, la idea de Melina y Marina es de las primeras en la Argentina.

"Reparar extiende la vida útil de las cosas evitando que se conviertan en residuos; en este sentido, es un acto de sustentabilidad", reza uno de los lemas del evento, que combate la cultura de lo descartable. Las dos amigas, intentarán que esta idea se instale en todo el país.

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