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Bruno Cerella: "Juego en la mejor realidad de Europa y para Armani"

El bahiense fue campeón de la Copa de Italia y jugó la final 24 horas después de una artroscopia de rodilla; su relación con el empresario

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LA NACION
Jueves 25 de febrero de 2016
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El impacto es inmediato. Apenas 24 horas después de pasar por el quirófano por una artroscopia de rodilla, jugó la final de la Copa Italia y fue campeón como capitán del equipo. Pero más allá del efecto de esta "locura linda", como dice el personaje, lo que más cautiva es la historia de Bruno Cerella, el bahiense que a los 17 años dejó la Argentina para hacer una experiencia en el Sur de Italia, pasó por todas las divisiones del básquetbol local, es una de las estrellas del equipo de Giorgio Armani y el creador de Slums Dunk Onlus, una fundación que tiene una Academia de Básquetbol en Kenya, en África.

El viernes pasado, en el juego que definía un lugar en la semifinal de la Copa Italia, Cerella, que juega en Olimpico Milano, sintió una molestia en la rodilla derecha. Rápidamente el médico del plantel, Marco Bigone, determinó que era el menisco interno y debía ser operado al día siguiente. Así fue, una resonancia confirmó la lesión y una artroscopia resolvió el problema, pero el asunto es que su equipo el domingo jugaba la final ante Scandone Avellino. "¿Qué vas a hacer mañana?", le dijo el doctor. Cerella fue contundente: "Voy a ver a los pibes porque es la final". Bigone respondió: "Cómo que vas a ir a verlos, ¿no vas a jugar?". Lo mantuvieron en secreto. Cerella, una vez que sintió que se pasó el efecto de la anestesia, comenzó a probar la rodilla. A la mañana siguiente recibió el alta, fue al club, realizó movimiento para saber cómo se sentía y contó con la aprobación del DT, Jasmin Repesa. Un par de horas después estaba levantando la Copa de Italia.

"Fue una locura linda. Cuando entré en la cancha se prendió fuego el estadio. Nadie lo creía y muchos insultaban a la sociedad, porque la acusaban de comunicar de manera falsa para distraer o para hacer más circo. Lo real es que el médico me dijo que había un período tras la operación en la que no iba a inflamarse la zona y eso me iba a permitir jugar. Y fue lo que pasó. Ahora estoy con la rehabilitación".

Foto: LA NACION

-Más allá de la lesión, es un momento muy bueno para vos.

-Juego en el mejor equipo de Italia, uno de los mejores de Europa, no sólo por la historia, sino por el momento económico y organizativo. Además, me quieren mucho aquí y es algo muy especial. Ganar esta Copa no fue una llegada, sino un punto de partida para algo mejor.

-Es especial tu carrera porque te fuiste de muy chico y sin jugar Liga Nacional.

-Es así, jugaba en el Club Pueyrredón, de Bahía Blanca. Tenía 17 años, cuando me salió la oportunidad de venir a Italia. Pasé por todas las categorías hasta llegar a la Serie A. Me enfoqué en ser un jugador de rol, polifuncional, para tener más opciones de ayudar a un equipo.

-Tu recorrido en el básquetbol fue muy intenso.

-Primero voy a Massafra, en el Sur de Italia, pero no había cupo y fui a jugar la C2 en Senise. Al año siguiente pasé a Salerno, jugué la C2 y también B2 en Potenza. Después fui a Téramo a la Serie A y estuve un año. Me mandaron a préstamo a Casalpusterlengo en la LegADue para sumar minutos y regresé a Téramo. En el penúltimo partido del campeonato, jugando contra Milano, me rompí el cruzado anterior. El día después iba a firmar con Siena por cinco años, pero se cayó esa opción y firmé en Varese. Hice la rehabilitación ahí, jugué los playoffs contra Siena y las cosas me salieron muy bien. El técnico de Siena, Luca Banchi, al año siguiente firmó en Milano y me llamó.

-¿Podrías haber imaginado así tu carrera?

-Creo mucho en el trabajo cotidiano, me gusta trabajar. Los dirigentes me cargan y me dicen que me van a multar por estar siempre tan temprano en el club para entrenarme. No porque sea un enfermo, sino que lo hago con pasión. Mi intención es ser un deportista completo y no pensar únicamente en meter la pelota dentro del aro.

-Una carrera en Italia, convocatorias a la selección. ¿Te pasa por la cabeza la Argentina?

-El año pasado hubo un pequeño contacto. Y la verdad es que tengo otras inquietudes más allá del básquetbol, como mi proyecto educativo a través del deporte en África, puntualmente en Kenya, Zambia y Uganda. Dedico buena parte de mi tiempo de verano en eso. Nunca voy a decirle no a la selección argentina por este motivo, pero hay otra parte de mi vida en la que me gusta hacer algo por los demás a través del deporte. El año pasado, cuando tuve un contacto desde la Argentina, no se dio una charla profunda. Tengo 30 y no 17 años. Es importante que se entienda que uno piensa en su carrera, porque todo el contacto fue por un email. Lejos de la polémica, simplemente cuento lo que sucedió.

-Pero con los cambios en la Confederación...

-Es verdad que esto está cambiando en la Argentina y también quizá estoy mal acostumbrado, porque juego en la mejor realidad que existe en Europa. Es impecable y es jugar, en algún punto, para Giorgio Armani. Es tener todo. No digo que tiene que ser así, porque yo sé que la Argentina tiene una realidad diferente, pero sí uno, a una cierta edad, toma decisiones.

-¿Cómo es jugar para Armani?

-Es todo casi perfecto. Tiene varias líneas dentro de su empresa, pero desde que Shevchenko (Andriy) jugó en Milan, creó la línea 7, que era el número que usaba Shevchenko. Por eso jugamos con "7 Emporio Armani". Es una de las 100 personas más ricas del mundo, que sigue siendo propietario y sigue trabajando en su empresa. Es admirable lo que hace. Tengo muy buena relación con él. Hoy tiene 81 años y es un ejemplo por seguir porque ha hecho de todo por la ciudad de Milan. Que él haya agarrado el básquetbol es maravilloso, porque tomó un club que estaba en dificultad económica y lo puso en una situación perfecta para competir a nivel europeo.

-¿Qué te impactó de semejante personaje y jugar para él?

-La verdad, su condición humana. Compartí cenas y almuerzos y es alguien muy agradable. Siempre muy atento. Recuerdo que un día, saliendo a pasear por una de sus mansiones, nos subimos a un carrito de golf, porque la casa tiene 25 hectáreas y animales de todo tipo: cebras y hasta ciervos. Me distraje mirando uno de los animales y le encajé el carrito en el medio de un lago. Me tuve que bajar y llamar a la gente que trabaja para él y pedirle que me ayuden a sacar el carro, porque Giorgio no se podía bajar de ahí. Es divertido, es una persona como cualquiera, súper simple.

-Estás bien en Italia, pero ¿te interesaría jugar en la liga de España o en los Estados Unidos?

-Estoy muy bien acá. Este equipo tiene proyectos para estar entre los mejores de Europa. Hace falta constancia en el proyecto. Barcelona o Real Madrid siempre mantienen una base de seis o siete jugadores. Lo mismo Panathinaikos u Olympiakos. Este club tiene las ganas de sumarse a esa idea y eso me motiva. Además, ya soy un poco italiano y milanés. Tengo proyectos personales. Por lo tanto, se hace más difícil pensar en una salida.

-Volviendo a la lesión, un poco loco estás, ¿no?

-Algún tornillo me falta, eso está más que claro. Lo lógico era que no jugase. Pero, ¿por qué no hacerlo si tenía ganas y me sentía bien? ¿Por qué no hacerlo si no había contraindicaciones? El doctor fue la persona perfecta, me convenció de que estaba haciendo una locura linda y sin riesgos.

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