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El lente deja ver que el cambio no será radical

Salman Al-Khaliffa y Gianni Infantino, dos candidatos respaldados por la vieja dirigencia

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LA NACION
Jueves 25 de febrero de 2016
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ZURICH.- "¿Sabés qué quieren de nosotros?". Joseph Blatter estaba encerrado en una habitación junto a Michel Platini, y el entonces presidente de la FIFA buscaba respuestas en su colega de la UEFA tras el inesperado operativo policial del que habían sido objeto. "No", atinó a decir el francés antes de que la policía volviera a ingresar en la habitación. Los separaron, querían evitar que continuaran hablando.

Aquello sucedió hace apenas tres meses, en diciembre, tras una reunión del comité ejecutivo de la FIFA. Desde entonces y hasta hoy, las cosas se precipitaron. Blatter y Platini fueron suspendidos de sus cargos -ayer se les redujo la inhabilitación de ocho a seis años- y el ente rector del fútbol mundial se lanzó a un proceso electoral que se resolverá mañana, en esta ciudad. A primera vista, el cambio es importante: hay cinco candidatos presidenciales y un proceso de reformas que debería llevar a una FIFA diferente, más transparente. Pero si se acerca el lente, el cambio está muy lejos de ser radical. El nuevo presidente será un jeque árabe o un eficiente suizo. El primero, apadrinado por Blatter. El segundo, por Platini. Sepp y Michel, ambos siguen ahí. ¿Es eso una renovación?

Salman bin Ibrahim Al-Khaliffa cree que sí: "La FIFA vino siendo manejada hasta ahora por europeos y sudamericanos. ¿Cómo es que hasta ahora tres cuartos de la población mundial no tuvo un rol importante en el manejo del fútbol? ¿No es hora ya de darle la oportunidad a un representante de Asia?".

Está claro que, a sus 50 años, el jeque sabe hacer preguntas retóricas. Más difíciles se le ponen las cosas cada vez que vuelve la acusación de haber presidido una comisión para identificar opositores, lo que terminó en unos 150 deportistas, entre ellos futbolistas, encarcelados e incluso torturados. Aquello fue en 2011, cuando la hoy ya desinflada "primavera árabe" se reprodujo en Bahréin.

"Mientras Salman no dé respuestas, no podrá ser presidente de la FIFA", enfatizó Nicholas McGeehan, experto en Medio Oriente de la organización Human Rights Watch. McGeehan tiene entre ceja y ceja al primo del rey de Bahréin: "Es un país que no tiene nada que ver con una democracia, un país en el que se tortura y se termina arbitrariamente en la cárcel con larguísimas penas. Elegirlo presidente sería la muerte institucional de la FIFA". Lo mismo piensa el profesor Mark Pieth, el primero en diseñar un paquete de reformas para la FIFA. Pieth cree que, "como representante de una autocracia, Salman no tiene las condiciones para sacar a la FIFA de su crisis".

Pero Salman, que no en vano integra la familia real de Bahréin y cuenta con el asesoramiento de un probado estratego como el húngaro Peter Hargitay, sabe contraatacar. "Discúlpeme -le dijo a un periodista del Neuer Zürcher Zeitung-. ¿No es racismo esto?".

El periodista responde que no precisamente, pero deja en claro algo que es inocultable: "Hay, en especial en Europa, una incomodidad palpable a partir del creciente desplazamiento del poder del fútbol hacia el Golfo Pérsico. Es una especie de reflejo anti-árabe: el Mundial de 2022 será en Qatar, el dueño del Paris Saint Germain es de Qatar, el del Manchester City, de los Emiratos Árabes Unidos. Hay un estadio en Londres que lleva el nombre de la aerolínea de Dubai. Lo que faltaba era tener ahora un presidente de la FIFA que sea de Bahréin".

Eso es exactamente lo que busca evitar Infantino, representante de una "vieja Europa" que sabe que, con un presidente árabe, ya nada volverá a ser igual. Lo saben también en la Conmebol. "Las potencias del fútbol tienen que estar juntas. Europa y Sudamérica tienen tradición, tenemos una forma común de hacer las cosas. Por eso votaremos a Infantino", dijo a LA NACION Alejandro Balbi, secretario general de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF).

Por suerte para la UEFA y la Conmebol, no se trata de que Infantino gane jugando al fútbol. Confeso dueño de "dos pies izquierdos", el suizo-italiano de 45 años tiene otras virtudes: tras pasar la infancia y adolescencia devorando La Gazzetta dello Sport y organizando partidos y clubes de fútbol, dirigir la FIFA era una meta para él. Le llega antes de tiempo, ese lugar era esta vez para Platini. Entre sus propuestas se destaca la de un Mundial con 40 equipos, ocho más que los 32 actuales. "Hoy sólo juegan el 15 por ciento de los países afiliados a la FIFA, mientras que en la Eurocopa participan casi el 50 por ciento", comparó Infantino, hijo de una kioskera y de un ferroviario, ambos italianos. El candidato creció en un pueblo, Brig, a 10 minutos de Visp, el de Blatter. Los dos son del cantón de Valais, donde se aprende política desde chico: hay que combinar la mentalidad de aquellos que viven en la montaña con la de los que residen en los valles, la de los alemanes y la de los franceses, la de los luteranos y la de los católicos. El que triunfa allí tiene una base sólida para aspirar a más.

Enfrentados hoy, Salman e Infantino podrían trabajar quizá juntos en breve. El jeque no descarta ofrecerle la secretaría general al que define como "un experto en fútbol europeo", toda una forma de plantearle límites. Y ambos coinciden, además, en el mucho, muchísimo dinero del que dispusieron para la campaña. Medio millón de dólares aportó la UEFA para Infantino, no se sabe cuántos gastó Salman.

Apoyado por Asia, África, parte de la Concacaf y algunos otros países, Salman parte en ventaja. Infantino se sostiene en la UEFA, la Conmebol y la expectativa de arrancar votos en las otras confederaciones. Un final ajustado, dicen los expertos, y una oportunidad para el mayor de los expertos en elecciones de la FIFA, añade "Blick": "La influencia de Blatter juega, en este tipo de definiciones ajustadas, siempre un papel. Puede ser el hacedor del nuevo rey en las sombras".

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