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Sánchez se alió con Ciudadanos y se resigna a una "derrota táctica"

Le faltan votos para ganar ahora la sesión de investidura, pero espera formar gobierno más adelante o después de nuevas elecciones

Jueves 25 de febrero de 2016
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Foto: Reuters
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MADRID.- El socialista Pedro Sánchez consumó ayer la jugada más trascendental desde que el rey Felipe VI le encomendó formar el nuevo gobierno de España, al sellar un pacto de 66 páginas con los liberales de Ciudadanos que lo expone a un fracaso casi seguro en la sesión de investidura que empieza el martes.

Entre las dos fuerzas suman 130 diputados, 46 menos que el mínimo requerido para designar al presidente. Los únicos que podrían darles el apoyo que les falta -el Partido Popular (PP) y Podemos- descartaron sumarse al acuerdo y votarán no.

Pero Sánchez, consciente de su debilidad, apuesta al mediano plazo. En su entorno empiezan a hablar de la "derrota táctica": salir fortalecido ante la opinión pública de una sesión de investidura fallida y construir la mayoría después, incluso si para eso fuera necesario repetir las elecciones.

La clave de lo que firmaron ayer Sánchez y Albert Rivera, líder de Ciudadanos, es que se trata de una alianza de gobierno "sin fecha de caducidad", como enfatizaron los dos al presentar el plan en el Congreso.

"Pase lo que pase seguirá vigente -dijo Sánchez-. Los que dicen que este acuerdo no suma no han entendido nada. Suma porque recoge lo que quiere la sociedad, porque abre una vía para terminar con el atasco político y porque ofrece la única victoria posible: la del acuerdo por encima de los intereses individuales."

Rivera comparó el éxito de esta negociación con la Transición democrática: "Como nos enseñó la generación anterior, todos tenemos que ceder. Pusimos lo que nos une por sobre lo que nos separa". Esta sintonía entre socialdemócratas y liberales descoloca al PP del presidente en funciones Mariano Rajoy, que prometió intentar la investidura en caso de que Sánchez perdiera la votación parlamentaria.

Rajoy -primero con el 29% en las elecciones del 20 de diciembre- contaba con Ciudadanos como único aliado posible para empezar a construir una mayoría. Ahora lo perdió. Tal vez para siempre. Sánchez salió segundo con el 22%. Rivera fue cuarto, con poco más del 12%.

El pacto recoge 200 propuestas de reformas en materia social, económica e institucional. Contempla cumplir los acuerdos fiscales con Europa, no subir impuestos a la clase media y alentar el empleo con mínimas modificaciones a la ley laboral. Proponen también una reforma exprés de la Constitución para atacar la corrupción y quitar privilegios a los políticos. No dice nada sobre el gigantesco problema que significa para España el independentismo en Cataluña. Apenas establece el compromiso de no permitir un referéndum de autodeterminación.

Sánchez aspira a que su "acuerdo transversal" seduzca a la opinión pública y a los poderes económicos, que temían un giro a la izquierda como el que Podemos ofrecía al PSOE.

El fracaso en la investidura no es definitivo. Sánchez puede intentarlo otra vez antes del 3 de mayo. Después de esa fecha habría que convocar a nuevas elecciones. La expectativa del PSOE es que la presión financiera y social quiebre la resistencia de Rajoy. Una abstención del PP permitiría que se formara un gobierno Sánchez-Rivera.

El pacto presentado ayer no incluye cláusulas inasumibles para el PP. En cambio, sí choca con ideas centrales de las que defiende Podemos.

Sánchez espera que antes de mayo, el PP o Podemos se rindan y le permitan ser presidente. Un factor fundamental del acuerdo es la amenaza de presentarse a los eventuales comicios en coalición con Ciudadanos, fórmula que tendría altas probabilidades de ganar con amplitud.

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